sábado, 1 de julio de 2017

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN





Cap. X

Visitando “Puerto Marqués”

José de Cádiz


Cuando Marilyn fue golpeada en su suite por 2 desconocidos tuvimos que reforzar la vigilancia. A otro día la visité esperando encontrarla abatida. Para mi sorpresa estaba frente al tocador arreglándose y pintándose con esmero. Tenía una constitución prodigiosa plena de energía. Apenas se le notaba un ligero moretón en la cara.  Con un hermoso vestido verde se delineaba pausadamente los labios. Le pregunté sorprendido:

--¡Cuánta belleza y glamour! ¿Dónde va estar el “reventón” Marilyn?

Contestó de buen humor:

--Quiero que me lleves a comer al mejor restaurante. No quiero permanecer triste en Acapulco. Vine a recrearme y eso haré justamente.  Se me antoja un coctel de camarones o un pescado a la talla. ¿Puedes sugerirme una buena opción?





--Claro, pero, ¿te sientes bien? Apenas ayer te encontrabas afligida. ¿No te duele nada?

--Absolutamente.

--Me da gusto verte tan animada.

Me miró diciendo:

--He comprendido que la vida es corta y hay que vivirla.  Aprovechar cada minuto de nuestra existencia.  No voy perder más el tiempo en lamentaciones y llantos.

--Muy buena filosofía, conozco un restaurante que te va a encantar.  Pero, antes, iré a cambiarme de ropa a casa.

Contestó bromeando:

--Pero si te ves muy guapo con ese uniforme blanco. Me encanta esa loción varonil que usas. Te prohíbo que te vayas a cambiar.

--Bueno, al menos déjame ducharme en tu baño.

--No me hagas caso, puedes hacer lo que gustes, desde niña he sido bromista.

Me fui a ponerme una ropa adecuada.  Quería parecer un turista y no un gendarme en funciones. En Acapulco hace un calor intenso y el sudor moja la ropa a cada instante. Uno de mis mayores placeres consistía en llegar a casa después del trabajo y quedarme sólo en ropa interior.  Cenar, leer un poco, y luego a dormir.  Presentía que ese día sería muy especial comiendo mariscos al lado de una mujer como Marilyn.
  
Debido al percance anterior solicitamos 5 elementos más para vigilar más eficazmente a la estrella. Ella prefería viajar en taxi en lugar de usar la limusina. Nos dirigimos a una bahía muy concurrida por sus aguas mansas: “Puerto Marqués”, el día era reposado y lleno de sol. La diva estaba ávida por conocer otros atractivos turísticos. Un sombrero de anchas alas la ayudó a pasar desapercibida.

En "Puerto Marqués" hay restaurantes al aire libre y los pescadores ofrecen mariscos frescos todo el tiempo.  Con fama de preparar exquisiteces culinarias y bebidas exóticas. Se pueden disfrutar paseos en lancha o velero. Afortunadamente nadie siguió a Marilyn en esa ocasión.





La mayoría de turistas usan sandalias, bronceador, gafas para el sol y repelente para los mosquitos.  Elegimos un restaurante donde había música viva. Estaba completamente lleno. Pedí la carta y solicité una rica “campechana”. Marilyn escuchó sorprendida el pedido y preguntó:

--¿Qué significa “campechana”, Joe?

--Es un cóctel de pulpo con camarones y otras 5 variedades de pescado.

--¿Me puede traer eso a mí también? –-pidió al camarero.

--Tiene buen gusto señora.

Estaba seguro que en su vida había probado Marilyn la “campechana”. Consciente que quería olvidarse hasta de la comida gringa.  Discretamente vi la cara de angustia que puso al probar la salsa roja conque aderezan ese platillo.  Unas cervezas frías nos sirvieron como aperitivo.

La música tocaba en un ambiente festivo. Los turistas comían y bailaban despreocupados.  Más tarde llegó un trío entonando melodías de antaño. Canciones que despertaron la nostalgia de los presentes. Norma escuchó sorprendida tratando de encontrarle sentido a las letras. Le gustaron mucho, “Piensa en mí”, y “Acapulqueña”.

Posteriormente nos fuimos a recorrer la bahía en un velero alquilado. Resulta emocionante manejar una nave sin timón que puede ser como la vida misma. Sentir la fuerza del aire nos proporciona una sensación de libertad.  Nunca vi a Norma tan relajada y contenta.





El sol daba de lleno en su rostro proporcionándole un bronceado fabuloso. Las mejillas sonrosadas resaltaban sus ojos celestes. La embarcación se abría paso en el océano semejando un caminante desorientado. El aire impetuoso nos bamboleaba y la actriz se aferraba con fuerza a mi espalda. Por fin logré orientar la vela.

Expresó emocionada:

--¡Esto es casi el paraíso! El recuerdo de estos paisajes será mi fortaleza. Es tan bonito sentirse libre.

--Eres tan libre como tú quieras.  A veces la esclavitud la llevamos en la mente.

--De niña soñaba con conocer el mar y nunca tuve oportunidad.  Me hubiera gustado visitar estas playas.






--Ahora ya las conoces y puedes estar satisfecha.  Yo nunca pensé en ser tu amigo y sin embargo he cumplido mi sueño. Siempre hay ilusiones que se cumplen.  Hay que mentalizarnos y no perder nunca la fe.

La bella contestó con un silencio inescrutable.  Sus ojos luminosos miraban el cielo como queriendo descifrar el infinito. La brisa fresca resultaba una caricia para el cuerpo. Comentó:

--Quisiera palpar el horizonte y ver más allá del sol.  Algún día compraré una casita en una playa como esta y volveré al anonimato.

--Por lo visto reniegas de tu fama.

--Reniego de las consecuencias.  

--¿Será que no supiste manejar la popularidad?

--Me faltaba experiencia.  Nunca pude apartar mi vida privada de los reflectores.  La fama debes saber utilizarla o te destruye.

Volvimos a “Puerto Marqués” ya muy tarde.  Mis compañeros nos vigilaban desde tierra con binoculares. Al llegar noté que intercambiaban miradas maliciosas.  Una puesta de sol nos despidió en lontananza.

La estrella pidió un taxi para ir a un exclusivo centro comercial. Ahí compró las más extravagantes prendas: Botas, pelucas, pantalones, pestañas y hasta unos bigotes postizos. Yo la miraba extrañado sin acertar a comprender gustos tan extraños. En el trayecto al hotel le pregunté:

--¿Vas a filmar alguna película?

--No. Estas prendas son para disfrazarme.  Yo me visto con los mejores modistos del mundo. 

--¿Para disfrazarte? No entiendo.

--Los hombres que entraron a golpearme seguramente se encuentran en el puerto. Tengo que aprender a cambiar de identidad cuando sea posible. De lo contrario el peligro me acechará en cada esquina.

Norma Jean era más inteligente de lo que sus fans pensaban. Oscurecía cuando regresamos al hotel y contemplamos las luces de la bahía desde la terraza de su suite.  Aún sentía los rayos del sol ardiendo en mi rostro.  La actriz tenía que hacer llamadas de larga distancia. Pedí permiso para ir a descansar a mi departamento. El teléfono repiqueteó insistente. Era Fabiola quien llamó para decirme:

--Joe, ¿estás ahí? Voy para tu casa en este momento.

--¡Hola corazón! Lamento no poder recibirte. Estoy de guardia y sólo vine a cambiarme. 

-¿Es que ya no tienes días de descanso? Antes me llamabas y no las pasábamos bomba. ¿Qué te pasa, Joe?

--Simplemente tengo exceso de trabajo. Luego te llamo, ¿sigues tomando cursos de baile?

--Sí, pero no me cambies el tema.  Prometimos hablarnos con la verdad, recuérdalo. Te dejo, si estás tan ocupado, ¡chao!

--¡Chao preciosa!

Me quedé sorprendido por el giro de la conversación. Las mujeres de alguna manera intuyen cuando alguien las engaña.  Fabiola no sabía nada de Marilyn y parecía estar al tanto de todo.  Debía contarle toda la verdad y ella sabría comprender.

Me puse una playera, jean, tenis y partí de nuevo al hotel. No sabía si la diva querría ir al cine o conocer otro balneario.  Pero había cambiado de opinión:

--No me apetece ir al cine. Me gustaría visitar el Casino Jai Alai, ¿lo conoces?

--Sí, es un lugar muy exclusivo. Lo frecuentan celebridades, políticos, y niños bien.

Marilyn era tan caprichosa y voluble como una mariposa. Me había dicho claramente que quería ver “Locura de amor”.  Respeté su decisión.

Un taxi se desplazaba velozmente por la Avenida costera. El chofer manejaba con precaución y por la ventanilla observábamos la algarabía de los turistas.  A distancia una patrulla nos vigilaba. De pronto, el taxista comentó alarmado:

--Debo advertirles que alguien nos viene siguiendo. Son tres individuos con gafas. ¿Qué hacemos?

Nos miramos confundidos un momento.  Pero la actriz recuperando el aplomo ordenó al chofer:

--Trate de evadirlos como pueda y llévenos por otra vía al “Casino Jai A lai”.

--Está bien. Lo intentaré.

El conductor maniobró hábilmente durante varios minutos. Por fin logró escabullirse por un callejón solitario y llegamos al concurrido casino. Por fuera lucía imponente y majestuoso. Autos elegantes aparcaban en el estacionamiento. Parejas y grupos descendían sonrientes.

Ahí los turistas apostaban fuerte.  En los años cincuentas y sesentas fue el centro de reunión del Jet Set internacional. Su clientela eran preferentemente actores y empresarios que venían a jugar frontón o boliche.

La “pandilla de Holywood” lo visitaban con frecuencia: John Wayne, Ava Gadner, Jonhy Westmuller, Betty Davis, Douglas Fairbanks, Orson Wells,  Gary Cooper, conformaban ese selecto grupo.  Tanto les gustaba Acapulco que compraron un hotel exclusivamente para ellos: El “Flamingos club”, que aún existe como testigo fiel de esa época esplendorosa.  Marilyn, no era la excepción en su fascinación por el puerto.

En el “Jai a lai” había ruletas y juegos diversos con pelotaris uniformados que hablaban varios idiomas. Guapas edecanes atendían a la clientela en minifalda. También lo frecuentaban luminarias del cine europeo: Silvana Mangano, Gina Lollobrígida, Brigitte Bardot, Sofía Loren, Toni Curtis quienes venían a la "Reseña Mundial de cine". Un festival que cada año se realizaba en el puerto.





Estrellas que aburridas de la farándula se venían a veranear los fines de semana. El aeropuerto internacional Juan Álvarez estaba recién inaugurado y los hoteles de 5 estrellas. En el casino solían coincidir actores mexicanos: Pedro Armendáriz, Dolores del río, Indio Fernández, María Félix, entre otros.

Los años 40s y 50s fue la llamada época de oro del cine mexicano.  Se Filmaron películas premiadas en festivales internacionales.  El puerto celebraba la “reseña mundial” con invitados especiales.  Se presentaba lo mejor de la cinematografía universal. Películas exhibidas en presencia de sus actores.  El museo “Fuerte de San Diego” era la sede por su historia y tradición.  Acapulco no contaba con grandes auditorios como ahora.

Las luminarias eran conducidas en helicóptero desde su hotel al Fuerte de San Diego. Dolores del Río, y Manolo Fábregas, las recibían elegantemente vestidos. Había pantallas gigantes en los parques cercanos para que todos disfrutaran del festival. Varias cintas estrenadas aquí se convirtieron en clásicas: “Dr. zhivago”, "Y Dios creó a la mujer", “Bella de Día”, “Los olvidados”, "Los caballeros las prefieren rubias", "El último cuplé", etc.




Llegamos al casino Jai alai pero Marilyn decidió no entrar. Tenía temor de encontrarse con los productores que la habían demandado por incumplimiento de contrato.  También porque cambiaba de opinión con facilidad.  Me pidió la llevara a conocer las playas de “Caleta”, y "Caletilla".  Estábamos precisamente enfrente de ellas.  Hacia allá nos dirigimos.



Fragmentos de la novela, "El rostro oculto de marilyn, próxima a publicarse.





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