miércoles, 14 de junio de 2017

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN





Cap. VIII

Marilyn es golpeada en su suite 

José de Cádiz 



Aquel sueño donde vi a Marilyn rodeada de gente muerta me había dejado impactado.  Me levanté de madrugada a correr como 5 kilómetros. Hice mis ejercicios de rutina y desayuné. No había recibido instrucciones de mis superiores para abandonar la vigilancia de la actriz. La incertidumbre me atosigaba.

Tenía ganas de conversar con mis compañeros sobre nuestra actividad. Llegué al hotel y charlaban amigablemente.  Me extrañó que no hubiera grupos de estudiantes queriendo conocer a la diva. Todo estaba en paz y supuse que Marilyn ya se encontraba demasiado lejos. 

Intrigado, bajé a la recepción a preguntar. Mi vista se desvió hacia el sofá de aquel lobby donde la había conocido. Recordé sus reflexivas palabras: “Quisiera encontrar verdaderos amigos pero es casi imposible”. Había un recado que leí apresuradamente: “Joe, he decido quedarme, espérame en el restaurante del hotel. Podemos platicar a gusto y desayunar. Besos, Marilyn”.

El alma me volvió al cuerpo. Es increíble cómo pasamos de la tristeza a la felicidad en un santiamén. Como si la dicha dependiera del tiempo y no del azar. Caminé de prisa rumbo al restaurante. Me sentía como maratonista ganando una medalla olímpica. Eran las ocho A.M y había unos cuantos comensales. Me metí al baño a corregir mi apariencia. El ejercicio diario me sentaba muy bien.





Desconocía por qué se había quedado Marilyn pero tampoco me importaba. Cuando la conocí le había regalado flores y salí a la calle a comprar un ramo grande de rosas. En la mesa saqué un libro de bolsillo para disimular que estaba leyendo. En realidad sólo pensaba en ella mientras mi reloj parecía detenerse sin misericordia.

Por fin divisé a lo lejos a una rubia despampanante abriéndose paso entre los comensales como un vendaval. Una mujer                                extraordinariamente hermosa caminando en dirección a mi mesa. No pude resistir el impulso de ir a su encuentro. Expresé:

--¡Qué gusto verte!  Creí que ya no lo haría más.  Te hubiera extrañado tanto.

--Yo también.  Pero déjame caminar que traigo un hambre feroz.

Al ver las flores comentó:

--Eres muy detallista, ¿cómo sabías que me gustaban las rosas?

--Será que estoy empezando a adivinarte el pensamiento.  A una mujer espléndida le encantan las flores. Eres exuberante y supongo que muy apasionada.  Sólo que como a cualquier otro me gustaría conocerte más íntimamente.



--Te advierto que pocos hombres han sabido despertar mi pasión.  La mayoría son una nulidad en la cama.  Han pasado por mi vida sin dejar huella alguna.  ¿Acaso no lo sabías?

--Por supuesto que no.

Tomamos asiento mientras yo la escuchaba intrigado. Aquella confesión me había dejado perplejo.  Pidió la carta y eligió chuletas, sopa de verduras, jugo de naranja.  Parecía dispuesta a llenarse de energía. Pedí lo mismo y me hubiera encantado respirar su aliento, beber en su vaso, pero me contuve.

Agregó:

--Fíjate que me aterra la idea de volver a Hollywood.  Como si no perteneciera a ese mundo. He tenido sueños horribles.

--¿?

Iba a decirle que yo también los había tenido pero cambié de opinión:





--Quítate esas ideas de la cabeza.  Me has dicho que debemos enfrentarnos a la vida como sea. ¿Qué te pasa ahora?

--No puedo evitar sentirme agobiada.  Trataré de despejar cualquier superstición. Espero me ayudes a recobrar la entereza.

-Haré todo lo posible.  Esta tarde me gustaría invitarte al cine, ¿te gustaría alguna película en especial?

--Hay una cinta española llamada “Locura de amor”, que me encantaría ver.  Pero iré sin disfrazarme porque quiero ser yo misma. Con defectos y virtudes.

Continuamos charlando amigablemente. La actriz llenaba con su sonrisa aquel local.  Con su sentido del humor bromeó con los meseros quienes ya se habían enterado quién era y estaban contentos de atenderla.

Más tarde quiso salir a tomar el sol en Playa condesa. Se puso sus gafas y contempló el mar sentada en la arena. Al ver el oleaje azul decidió bañarse. Los dos traíamos traje de baño como si esperáramos ese momento. Era la segunda vez que veía a la rubia semidesnuda y no pude evitar inquietarme. Su sensualidad era francamente desbordante.






Salió del agua y se tendió boca arriba en la playa. Se recargó en un montículo de arena y me pidió le untara un bronceador.  Deseaba adquirir un tono de piel dorado.  El contacto físico me excitó sobremanera y disimuladamente me voltee de espaldas.  Demasiado tarde porque la rubia observó discretamente los atributos de mi entrepierna.  Sonrió con disimulo mientras desviaba su mirada hacia otro lado. Continuó con sus confidencias:






--¿Sabes? Pienso que soy una mujer complicada.  A veces quiero estar sola y encerrarme en un mutismo inexplicable. Otras tengo necesidad de ser amada con delicadeza. Ninguno de mis maridos lo comprendió y lo lamento. Frecuentemente despierto en las noches llorando. Un psicólogo me dijo que tengo heridas profundas de una niñez no resuelta. Necesito superarlas para ser feliz.

--Quizá te afectó mucho el incidente de tu infancia.

--Tal vez demasiado.

Sentados en la arena observábamos tranquilamente la bahía. A distancia pequeñísimos veleros se alejaban semejando novicias despistadas. Nos invadió una mezcla de nostálgica sensualidad. No podía quitarme de la cabeza lo que me había dicho acerca de los hombres. Obviamente era una mujer experta.  Añadió:





--Anoche recibí la llamada de un editor. Me ofrecen un millón de dólares por mi diario.  Ni siquiera se identificó el interlocutor.

--¿Por eso decidiste quedarte?

--No, también por otros motivos.

Afirmó entusiasta que su diario valía mucho dinero. A veces se mostraba tímida pero otras tan arrebatada como una amazona. Esos altibajos anímicos tenían un trasfondo psíquico. Sería inútil tratarla con psicólogos puesto que ya lo habían hecho en California. Yo no tenía ni idea cómo tratar un trauma pero me propuse ayudarla a cualquier precio.

Sin querer me había confesado  el abuso de su infancia. Ahí estaba el origen de toda su desdicha. Ese miedo y a la vez atracción fatal hacia los hombres.  Decidí comprar un libro que hablara sobre el tema. Me gustaba la psicología y era el momento de informarme más al respecto.  Visitaría bibliotecas, hablaría con especialistas.

Regresamos al hotel a medio día y dijo quería descansar. Me tomé el tiempo para ir a una librería.  Un título llamó poderosamente mi atención: “Cómo superar traumas de la infancia”, el autor era un poco complicado pero se me gravó un enunciado: “Las personas traumadas sufren mucho, necesitan superar ese trance reviviendo el impacto emocional que las postró.  Deben ser tratadas con delicadeza y mucho amor.  La libido puede ayudar”.  De manera que el sexo también era terapéutico.






2 horas más tarde regresé al hotel dispuesto a llevarla al cine. Me llevé una desagradable sorpresa. Norma yacía inconsciente en la alfombra de su suite. Supuse que se había desmayado pero un hilillo de sangre escurría por su nariz y con moretones visibles. Obviamente la habían golpeado y me alarmé sobremanera.  Abrió los ojos pesadamente y le pregunté qué había sucedido:

--Unos salvajes me golpearon.

--¿¡Por qué!? ¿Por dónde entraron?

  --Exigían les entregara mi diario.  

--¡Llamaré a un médico!

--No, por favor, se enterará la prensa y será un escándalo.  Te ruego tengas paciencia. Sólo son golpes externos.

--Pero tú necesitas un doctor, pueden ser heridas graves.

--Tú me curarás, Joe. Trae ese ese botiquín, ahí hay alcohol y medicamentos.

Evidentemente la diva estaba subestimando el incidente. Por primera vez me percaté del gran peligro en que se encontraba.  Si los sujetos obedecían órdenes eran capaces de obedecer las peores. Traté de reanimarla cuanto pude y pedí una cena para dos personas.  Ella no quiso probar alimentos:

--Norma, dime la verdad, ¿quién te golpeo y por qué?

--Deben ser de mi compañía cinematográfica.  Recuerda que me demandaron por incumplimiento de contrato.






--No te engañes, Marilyn. Una empresa jamás se atrevería mandarte golpear. Un amante sí. ¿Qué está sucediendo realmente?

Desvió la conversación:

--Es muy tarde y quiero descansar; debo regresar pronto a California.  Les dije que olvidé mi diario en Los ángeles pero lo guardé en la administración. ¿Te gustaría hojearlo?

--Son cosas que sólo a ti te conciernen –-dije disimulando mi curiosidad.

Norma lo solicitó por teléfono y me lo mostró. Palpé con curiosidad un libro de pastas rojas, ¿qué secretos guardaba para ser tan codiciado? Luego se puso a escribir febrilmente.  Yo salí a notificarle la situación a mis compañeros quienes juraron no haber visto entrar a nadie.  Decidimos reforzar la vigilancia para cuidarla día y noche. Si le hubiera sucedido algo más grave estaríamos todos  en la cárcel. Afortunadamente todo quedó en la más absoluta discreción de la actriz.

Me encontraba confundido con mis sentimientos. Nunca imaginé ver a Marilyn golpeada tan brutalmente. Ese diario ocultaba algo muy delicado y alguien quería desaparecer. Comprendí que la actriz no quería involucrarme en su vida sentimental. ¿Por qué tendría que regresar pronto a California?

Esa noche no dormí y una duda me atosigaba. Si mis compañeros se encontraban apostados frente a su cuarto, ¿por dónde habían entrado a golpearla? ¿Eran los mismos agentes del FBI que la seguían un día antes? No me parecía lógica toda esa maraña de acontecimientos. Algo no encajaba del todo y me propuse averiguarlo con cautela. Era mi trabajo pero lo hubiera hecho con gusto aunque no me pagaran. Pretendía alejar a la estrella de cualquier peligro. Me interesaba demasiado su vida. Demasiado.

No quería aceptarlo pero me estaba obsesionando con Marilyn. De la admiración había pasado a la idolatría y posteriormente a la pasión  más desenfrenada.  Me estaba sumergiendo en una vorágine de acontecimientos extremadamente audaces. En adelante el azar marcaría el rumbo de cada suceso.  




Fragmentos de la novela, "El rostro oculto de Marilyn", próxima a publicarse.





sábado, 3 de junio de 2017

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN





 Cap. XIII

Un diario revelador y explosivo

José de Cádiz


Marilyn no sólo resultó una gran amante sino también divertida y partidaria de la limpieza. Después de pasar la noche en mi hogar decidimos asearlo.  Salí a comprar lo necesario para comer ese día. Me interesaba atenderla a ella.

Comprendí que atrás de esa sonrisa se encontraba la niña huérfana, marginada y solitaria.  Una chica ansiosa de tener el hogar que nunca tuvo.  Siendo célebre tampoco pudo conservar sus matrimonios de manera permanente. Regresé de compras cuando terminaba de asear mí cuarto.  Una pañoleta enmarcaba perfectamente su rostro.

Debido a la excitación de la noche anterior no tuve tiempo de ocultar una fotografía de mi novia que adornaba un pequeño buró.  Marilyn la vio y preguntó sonriente:

-¡Qué chica tan simpática! ¿Tu novia?

--Sí –-contesté titubeando.

--Me gustaría conocerla. Podemos ser buenas amigas.

Comprendí que una mujer de mundo no se iba a espantar por mi noviazgo. La actriz tenía una mentalidad gringa sin prejuicios de ninguna índole. Me agradó sobremanera su actitud. Saqué los víveres de las bolsas y preparamos una rica ensalada de frutas.

Marilyn no comía tortillas y acompañamos la comida con pan. Nos saciamos con buen apetito y me miró detenidamente al final, quizá pensando: “¿Qué hago aquí comiendo con un policía?”, pero al instante recobró su sonrisa y sirvió dos vasos de agua.

Noté que su diario estaba intacto encima de la mesa como aguardando el momento de revelar su contenido. No resistía la tentación de leerlo pero no encontraba la oportunidad.  El calor arreciaba y encendí el ventilador.




Por primera vez la diva sentía el calor de un verdadero hogar.  Se comportaba serena y sin artificios. Algo teníamos en común los 2: nos gustaba leer y escribir.  Era lo que daba sentido a nuestras vidas.

No pude evitar acordarme de Fabiola y hacer comparaciones. Si la diva era un torbellino en la cama mi novia no se quedaba atrás.  No obstante Fabiola era mucho más práctica y después de una prolongada sesión se iba rápidamente a su casa. Únicamente platicábamos un poco cuando aseaba mi departamento. 

Siempre pensé que a Fabiola sólo le interesaba el sexo pero era incapaz de entregar su corazón.  Una relación anterior la había dejado marcada y juró no volver a casarse. Cuando comíamos juntos se desahogaba contándome los problemas con su hijo.  La consideraba prudente y nada celosa pero creo que me equivoqué rotundamente.  Lo pude comprobar esa tarde.

Marilyn quería leer otros poemas de mi autoría y se los mostré con gusto.  Se puso a leerlos con toda calma situación que aproveché para tomar su diario.  Si la diva estaba leyendo mis poesías yo tenía derecho a conocer su vida.




Lo abrí con expectación. Estaba escrito en inglés y por haber vivido 10 años en California lo entendía.  Noté al instante la excelente redacción que tenía. Sabía que escribía un diario pero desconocía sus habilidades literarias.  Leí con premura la dedicatoria e inicio:

“Para todos los hombres de mi vida. De una estrella errante en busca del amor.  A mis admiradores y a quienes buscan la verdad.   Reciban este diario con un beso y una flor desde el rincón más apartado de mi alma.   M M.

Y continuaba:

Escribo este diario cuando la tristeza o nostalgia me invaden.  En noches de pesadumbre en que no puedo dormir.  La soledad es como un fantasma que me persigue toda la vida.  A veces tan insoportable que salgo a la calle a platicar con el barrendero.

Lo inicié hace años para escapar de una realidad que me prohíbe ser feliz.  Siendo célebre lo continué para dejar un testimonio a la posteridad.  Sé que no soy eterna y pretendo dejarles un pedacito de mí.




Como sabrán no tengo familia y a mi padre no lo conocí.  De niña mi  madre tuvo que internarme en orfanatos para poder trabajar.  Cuando me preguntan quién es mi padre, contesto: “Abraham Lincoln”, y tengo una foto de él en la pared de mi casa. Lo admiro por haber abolido la esclavitud en EE.UU.

Siempre me sentí rechazada y más tarde traté de llamar la atención con los reflectores ansiosa de que me quisieran aunque sea un poquito.   La felicidad no está hecha para mí y el amor verdadero no lo he conocido.  Los hombres se acercan a mí por deseo o curiosidad.

El destino me ha dado fama y fortuna pero me ha negado grandes privilegios como la maternidad. Eso me duele pero nunca lo confieso. Ser madre es un gozo que toda mujer necesita para sentirse realizada. Cuando pude embarazarme el cine me lo impidió.  En mi primer contrato con la Twenty Century Fox especificaban que no tuviera hijos. 

Mi vida de actriz ha sido una pose permanente que oculta realmente lo que soy. Por primera vez he decidido quitarme la careta y mostrar mi corazón.  No voy a ocultar más mis sentimientos porque esa Marilyn que todos conocen no soy yo. Sino un ser humano completamente diferente. 




A los astros del cine nos consideran frívolos y carentes de valores.  Afirman que vivimos en un mundo de oropel muy apartados de la realidad.  Hay algo de verdad aunque no del todo cierto.  Somos superficiales, hedonistas, y nos cuesta diferenciar entre ficción y realidad.  Tan narcisista que una arruga nos puede poner a llorar.  Representamos tantos personajes que terminamos por no saber quiénes somos. Es el precio que pagamos por besar a tantas bocas.

Como artistas somos sensitivos y los desengaños nos duelen más que a la mayoría.  La fama nos puede encumbrar o aniquilar. El adulterio y las drogas son tan comunes en Hollywood.  Las aventuras interesadas me convirtieron en una golfa.  Buscaba pronto quien llenara ese vacío interior sólo para caer en una nueva frustración.

La popularidad con frecuencia marea y hace perder la cabeza.  Recibimos tantos elogios que empezamos a gravitar en las nubes.  Entonces recurrimos a los estupefacientes para aliviar estados de angustia o frustración.   He probado todas las drogas y en mis inicios tuve que ejercer la prostitución para poder sobrevivir.

Mi madre confeccionaba vestidos en los estudios de cine donde trabajaba.  No tener papá me produjo una sensación de orfandad toda la vida.  Desde niña tuve la impresión de ser un estorbo para quienes me trataban.


 
Siempre vivía pensando que nadie me quería.  Me he casado varias veces para no estar sola y sentirme protegida.  Desgraciadamente no encontré la felicidad con mis parejas.  Yo buscaba comprensión pero ellos buscaban sexo.

Desde que me inicié como modelo tuve amantes.  De Elia Kazan a Marlon Brando pasando por Frank Sinatra.  Viví un tórrido romance con James Dean. Lo conocí cuando estudiábamos en el Actor Studio en Nueva York.  Todos saben que los contratos de cine se firman en la cama.

La vida me trajo a un set cinematográfico que me convirtió en una estrella.  Pronto descubrí que la fama no trae la felicidad, tampoco el dinero.  Un espejismo que todos los actores persiguen.

Temo a la muerte y jamás me suicidaría.  Creo firmemente en Dios y en los valores de la fe.   Los principios que me inculcaron las monjitas del hospicio nunca se me han olvidado.  Suelo ir a misa los domingos aunque de incógnito. 





He cometido muchos errores que la vida me ha cobrado demasiado caro.  Como haberme enamorado de un hombre casado y además presidente de USA.  Tuve algunos abortos provocados al principio de mi carrera que afectaron mi matriz y quedé estéril. 

Me casé a los 16 en plena II guerra mundial. Mis tutores iban a cambiar de domicilio y no sabían qué hacer conmigo.  Ofrecieron mi mano a James que era mi vecino. A mi marido lo reclutaron en La marina para irse a la guerra. Me dejó trabajando en una fábrica donde un fotógrafo me invitó a posar para una revista.  Me negué pero insistió tanto que me convenció. Gracias a una portada conseguí un contrato de modelo.  Le cobré amor al oficio.

De niña mi madre me llevaba a los estudios de cine donde trabajaba. Ahí conocí a grandes luminarias del cine mundial.  Soñaba con ser tan aclamada como ellas.  Las veía bellas, seductoras, glamorosas.





Deseaba ser tan hermosa como Lupe Vélez, o tan misteriosa como Greta Garbo. Marlene Dietrich, me impresionó con esas piernas preciosas y un vozarrón de trueno.  A Mary Picford la conocí en plena decadencia y dicen que fue esposa de Rodolfo Valentino.

 A Greta, "la divina", la veía caminar en los pasillos tan despacito como una serpiente. Pocas veces sonreía y era tan gélida como un copo de nieve. Cómo me fascinaba ver a Gary Cooper ponerse la corbata frente a un espejo, ¡qué elegante y guapote se veía con esos ojos azules como burilados en el cielo!

Douglas Fairbanks, me saludaba diciendo: “!Hola pequeñita!”, y me regalaba dulces, globos y en mi cumpleaños una muñeca.  Me daba un beso y se iba de prisa a la filmación.  Iba a decirle a mamá que un señor me había besado.  Ella sonreía acariciándome el pelo.

A Mae West, la recuerdo siempre tan provocativa en las locaciones.  Tenía unos senos enormes y una sonrisa pícara.  Dicen que la encarcelaron por desnudarse en una obra de teatro.  Dolores del Río, era tan modosita como una princesa y me fascinaba su vestuario.  Todos ellos actores de primera.  Me emocionaba escuchar el grito del director--: ¡Luces, cámara, acción!




Todo eso pertenece al pasado y ya no me interesa. Debo aprender a vivir en el presente.  Si hubiera sabido lo que me esperaba jamás hubiera aceptado posar desnuda.  Sin saber que la gloria y el infierno me aguardaban. Una chica inexperta que se dejó envolver por los reflectores. 

Es demasiado tarde para arrepentirme.   Norma Jean es una chica sensible y de corazón tierno.  Amo la naturaleza y a los huérfanos.  Mis defectos y virtudes aquí se los voy a mostrar.



Admiro el conocimiento y el talento.  Me gusta leer a los clásicos: Flaubert, Neruda, Cervantes, Shakespeare.  La poesía me hace reflexionar.  El cine nunca me ha dado un papel verdaderamente valioso.  Para los productores sólo soy "la rubia tonta" , y mis fans son la única familia que tengo.

Tengo pocos amigos en este medio es difícil encontrarlos.  Un perro, un fotógrafo, y una amiga a quien le tengo mucho cariño.  En el cine hay demasiados intereses creados. Todos te miran con envidia o hipocresía.  Para los hombres soy un filete suculento que quisieran devorar.  Eso me hace sentir vulnerable.




Seguramente los estoy abrumando con mis aprehensiones y querrán adentrarse en mi vida como en una película del tiempo.  Espero un poquito de su comprensión al final.  Tal vez encuentren una explicación racional a las interrogantes de mi vida porque yo no la he encontrado”. 
    
Así terminaba la presentación. Hice una pausa y observé a Marilyn absorta leyendo mis poemas.  Tomé un vaso de agua y continué la lectura. Sus anécdotas y vivencias excitaban mi imaginación.  Eran experiencias dispersas de buena parte de su vida.  Como tantas mujeres célebres Marilyn tuvo necesidad de contar su vida. Tal vez presintiendo que moriría joven y que el público querría saber detalles.



Fragmentos de la novela, "El rostro oculto de Marilyn", próxima a publicarse.



jueves, 18 de mayo de 2017

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN





Cap. V1

Un paseo en yate bajo las estrellas

José de Cádiz


Subimos en silencio al barco y abandonamos la isla de “La roqueta”. La nave se adentró en alta mar hasta perderse como minúsculo puntito. Una mesa bien dispuesta nos aguardaba a bordo. Una cocinera negrita nos trajo toallas para ducharnos y quitarnos la arena.  Le comenté a Norma que no traía más ropa que la que llevaba puesta. Me dijo bromeando que no había problema y que podía bañarme en traje de Adán si se me antojaba. Reí para mis adentros.

Marilyn era una mujer desinhibida pero yo no tenía tanta confianza para mostrarme ante ella desnudo. El  calor del trópico y el agua resultaban deliciosos. Cuando salí del baño me llevé otra agradable sorpresa. La rubia me llevó a un clóset lleno de ropa y calzado fino para caballero. Explicó:

--Es del dueño del barco y no te preocupes, tengo permiso de tomar lo que quiera de aquí. Ponte una ropa adecuada y recuerda que la noche es larga. 

Elegí una camisa verde de lino, pantalón negro y zapatos del mismo color. Quería verme elegante en aquella cena.  Marilyn se puso un vestido rosa con un escote precioso que la hacía ver fenomenal. La vi tan deslumbrante que parecía una chica diferente a quien me contaba todas sus penas. Eran claros sus altibajos emocionales.

En la mesa había exquisitos manjares y bebidas finas. La diva parecía entusiasmada por pasar una velada llena de encanto. Encendió el modular con una música que parecía amenizada por los mismos ángeles. Pequeñas lamparitas adornaban el espacioso comedor. Sirvió dos aperitivos y me invitó a brindar:

--Hagamos de esta noche una fecha memorable. Quiero que sea la mejor de mi estancia en el puerto.  Olvidarme que soy Marilyn y presumir que soy libre; bailar, reír, tomarme unas copas.  Sentirme acariciada por un hombre con ternura. Ilusionarme con un mundo que no es mío.




Yo la escuchaba intrigado y sorprendido. Se encontraba conmigo una Diosa que podía tener el mundo a sus pies si se lo proponía.  Pero ella parecía no percatarse de ello.  Sacudí la cabeza para cerciorarme que no estaba soñando. Me costaba trabajo creer que aquella celebridad fuera tan infeliz. Pero la realidad ahí estaba con un cuerpo escultural y labios entreabiertos.

Cenamos faisán y caviar como dos colegiales hambrientos.  Luego me pidió que descorchara una botella. La obedecí como un fiel vasallo a su reina. Quería hacerla sentir dichosa aunque sea por breves momentos.  Prolongar aquella velada en lo posible. Serví dos copas y expresé:

--Deseo que este paseo sea extraordinario. Quiero verte alegre y despreocupada.  Daría lo que fuera por darte la felicidad que mereces. No sé lo que nos depare el futuro pero eres una fantasía convertida en realidad. Voy a atesorar lo que vivamos en lo más profundo de mí ser.

Chocamos con delicadeza las copas.  Enseguida me pidió le declamara el poema que tanto le había gustado en la playa.  También solicitó otras poesías de mi autoría. Un recital exclusivamente para ella.  Le gustó sobremanera la siguiente:


Mujer de ensueño


Ámame, como sólo la eternidad lo sabe hacer.

Mírame, como a un niño en el regazo de su madre.

Acaríciame, como las nubes acarician el vacío.

Muéstrame, la verdad de esta vida terrenal.

Mátame, cuando te canses de mirar la eternidad.

Cántame, la sinfonía de la naturaleza.

Cuéntame, los diálogos secretos entre un duende y una mariposa.

Tócame, las más hermosas melodías con el clarín.

Motívame, a tratar de alcanzar el firmamento.

Regálame, una estrella el día de mi cumpleaños.

Invítame, una copa con nieve de volcanes o llena de iceberg.

Enséñame, que la vida despierta cuando la muerte está dormida.

Permíteme, regalarte mi esencia, estrecharte en mis brazos y colmar tu inocencia.

Ayúdame, a cruzar el puente entre lo finito e infinito.

Anhelo, conocer tus secretos cuando estás dormida, cuando guardas silencio y cuando me miras.

Concédeme, la dicha de saber  que  la felicidad se encuentra detrás de esa montaña y que el universo, ¿nos pertenece?

Prometo, amarte indefinidamente, comprender tu silencio y mirarte siempre de frente.





Norma escuchó embelesada el poema pero esta vez al final no lloró. Se paró y me besó con delicado frenesí. Yo correspondí la caricia presintiendo que se avecinaba un huracán. Recordé que tenía que ser cauto para que todo se fuera dando lentamente. No debía pensar ella que sólo me interesaba el sexo, sino también su parte interna.

Llené de nuevo las copas.  Le sugerí subiéramos a la cubierta para contemplar el mar en la semioscuridad. Viajar de noche en un yate resulta una experiencia francamente alucinante.  Hacerlo con una mujer como Marilyn era pactar con los 4 elementos.  Escuchamos en silencio el murmullo de las olas.

Hay momentos que se quedan grabados en el alma para siempre.  Es como tener un pie en el cielo y otro en la tierra.  La vida es extraordinaria y debemos disfrutarla al máximo.  Amarla, glorificarla, porque es el mejor regalo que Dios nos da.  Sólo la valoramos cuando estamos a punto de perderla.

La abracé de la cintura por detrás y estuvimos unos instantes sin hablar. Todo el universo parecía comulgar con nosotros bajo el cielo estrellado. Nunca me sentí tan extasiado en ningún lugar. Por momentos sólo se escuchaba el murmullo del viento, ¿o era el canto de las sirenas que los marinos escuchaban temerosos?  





--¿En qué piensas, Norma?

--En mi vida y en la tuya.  En lo que nos deparará el porvenir. Me hubiera gustado conocerte antes de ser actriz. Mi vida hubiera tomado otro giro. Te voy confiar algo que muy pocos saben.

--Tú dirás.

--Me casé muy joven con un chico apuesto.  Estaba enamoradísima o al menos así lo creí.  Lo hice para escapar de los orfelinatos a los que nunca me adapté. No hubo un noviazgo formal y naturalmente mi matrimonio fracasó.  Mi marido se enlistó en La marina para irse a la II guerra en Europa.  Me dejó trabajando en una fábrica de paracaídas. Ahí fui descubierta por un fotógrafo.

--¡Qué interesante!

--Cuando era adolescente soñaba con un novio que me llevara al cine y comprara chocolates, nueces.  Que saliéramos a caminar y contemplar el atardecer. He conocido infinidad de hombres pero jamás nadie me ha invitado a un parque. ¿Por qué, Joe? ¿Por qué no ven en mí a la mujer sensible?  La vida me ha negado cosas tan bellas.

--Será que no podemos tenerlo todo en la vida.  No te preocupes, yo te llevaré al cine y te compraré palomitas. Luego lloraremos juntos con alguna película. ¿Acepta mi invitación, bella princesa?

Sonrió divertida y agregó:

--Quiero que después del cine me lleves a tu casa.  Conocer tu hogar y cocinarte una comida sabrosa. Leer un libro, escuchar música, asomarme a tu mundo aunque no me pertenece. Sentirme un ama de casa por breves momentos. 




--Pero, Norma, es que yo ni siquiera tengo casa. Vivo en un modesto edificio de departamentos.  Por favor no me pidas eso.

--¡Qué tonta soy!  Dijiste que tenías novia y puedo causarte inconvenientes. Perdóname, has sido tan amable conmigo.

--No, no es eso. Simplemente no quiero que te lleves una mala impresión de mi hogar.  Con Fabiola nos llevamos bien y no guardamos secretos.  Bueno, si es tu deseo te llevaré.

Contestó: 

--Eres tan comprensivo conmigo.  Vente, vamos a bailar al bar. Quiero divertirme hasta el amanecer. Pero, antes, ¡alcánzame si puedes, Jajaja!

Norma se quitó las zapatillas y corrió como niña traviesa por toda la cubierta. Yo la seguí como un lobo a su presa. Me sentía infantil jugando de esa manera pero me agradaba mucho.  Era verdad que todos llevamos un niño dentro y aquello lo confirmaba.  Sin embargo una inquietud me atosigaba, el temor que todo terminara abruptamente.  




La alcancé y de premio me dio otro beso que prometía el paraíso. Bajamos al bar y puso una música tropical sabrosa: “La bamba”, que nos motivó a bailar. La bebida estaba surtiendo efecto.  Bailamos swing, Cha cha chá, rock and roll. Tomamos con moderación y alguna tregua.  Luego cambió esos ritmos por algo más romántico: Beatles, Gleen Miller, Frank Sinatra que nos arrullaron con sus creaciones.

Los dos deseábamos prolongar esa velada tanto como fuera posible. Ninguno quería sustraerse a la magia de la noche.   No queríamos despertar de una quimera y encontrarnos con otra realidad. La felicidad es tan fugaz como el viento.  Vi tan alegre a Marilyn que pensé que ya no tendría sufrimientos.  Qué equivocado estaba con mi apreciación.




Tan abstraídos bailábamos una balada que no me percaté que Marilyn se había quedado dormida en mis brazos.  Como si inconscientemente quisiera transportarse a un lugar inexistente. Agotada por el ritmo y los movimientos sensuales de su cuerpo. Me detuve en el acto mientras el disco seguía girando como la vida misma.

¿Pretendía la rubia  evadir sus circunstancias tan quebrantadas como un vendaval? Tan dolorosas como un viacrucis.  Norma Jean era prisionera de la fama y su belleza la estigmatizaba como maldición. De otra manera no habría tenido esos tropiezos que le habían robado el sosiego. Que la habían condenado a la amargura y ostracismo.  ¿Qué más podía hacer ella para superar su situación?

La música sin ella había perdido su encanto. Sin su risa ni resplandor el salón estaba vacío.  No esperaba aquel desenlace y tomé en mis brazos a una alondra viajera que había traído a mi vida regocijo y sorpresas.  La cargué delicadamente y busqué un camarote. Lo encontré y deposité su cuerpo en la cama. Una preciosidad se encontraba a escasos centímetros de mí. Contemplé sus labios y senos tan perfectos.  La apreté ligeramente y aspiré su aliento. Su perfume era realmente enloquecedor. Un estremecimiento me recorrió de pie a cabeza.  A punto estuve  de soltar la bestia interior que todos llevamos dentro. Sacudí la cabeza y reaccioné.

La besé con gran dulzura y sonreí. Sabía lo que aquella ninfa necesitaba y entendía su sufrimiento. De ninguna manera profanaría su sueño con mis arrebatos. Le quité sus zapatillas para que durmiera a gusto. Acomodé su cuerpo de tal manera que no sintiera la mínima molestia. Me acurruqué a su lado e hice un esfuerzo por evitar cualquier tentación.




Con el aire frío de la noche no pude evitar el impulso de abrazarla. Al contacto de aquella piel de terciopelo mi pene se enderezó furioso.  Sólo se escuchaba el golpeteo de las olas contra el casco del barco.



Fragmentos de la novela, "El rostro oculto de Marilyn", próxima a publicarse.