martes, 17 de noviembre de 2015

EL DÍA QUE ME ACOSTÉ CON MARILYN










Cap. XIII

"Buscaba ternura y protección pero solo me ofrecieron sexo"


José de Cádiz




El diario de Marilyn era un compendio de anécdotas reveladoras. Había una necesidad de desahogarse contando pormenores de su vida.  La soledad era un impulso y un refugio al mismo tiempo.  Mucha sinceridad y ganas de confesarse con la pluma desnudando sus más secretos pensamientos. No hay doblez ni anhelo de quedar bien con nadie puesto que lo empezó a escribir cuando aún no era conocida. Cuando todavía no conquistaba la fama ni su nombre estaba ligado al escabroso mundo del cine. 


No es un diario como el de Ana Frank quien escribió escondida huyendo del terror nazi. Marilyn, es una joven que se sabe víctima del infortunio.  Su diario le sirve de catarsis y a la vez de compañía. Tiene algo en común con el de Ana Frank: la desolación y desesperanza de un futuro incierto. Parece que las almas atormentadas tienen necesidad de contar su vida para conservar la cordura y equilibrio. A medida que me adentré en sus confesiones no pude evitar la empatía con aquella celebridad.


Los Ángeles, Calif.

21 de febrero, 1942



"Me casé hace dos meses pero me llevé una gran decepción.   A mi marido lo reclutaron en La marina para ir al frente de guerra en Europa.   Ni siquiera hemos disfrutamos plenamente nuestra luna de miel.  Me dejó trabajando en una fábrica de paracaídas y desconozco cuando regresará Jim. Me siento tan desolada en mi hogar. La incertidumbre y temor me atosigan todo el tiempo. Mis suegros viven en otro condado y no tengo con quien platicar.  Mis vecinos apenas me saludan y me miran con desconfianza.  Mañana domingo iré a misa y luego al parque a observar las palomas en el kiosco.  Los transeúntes no me mirarán curiosos porque nadie me conoce. Leeré alguna noticia interesante en el periódico porque quiero tener noticias de mi marido.  No soporto la idea que una bomba me pueda separar de Jim.  





23 de febrero, 1942


Hoy me fui muy triste al trabajo y no tuve apetito en todo el día.  Mis compañeras me invitaron a comer y trataron de reanimarme.  Nunca pensé que la vida en una fábrica fuera tan monótona.  Camino diariamente del trabajo a mi casa sin ninguna esperanza de cambio.  En los aparadores veo ropa y calzado fino pero me es imposible comprarlos con este sueldo. Apenas gano lo suficiente para pagar renta, agua, y luz. Se suponía que mi marido debía enviarme una pensión pero no he recibido nada.  Quisiera buscar un nuevo empleo donde ganará más pero me detengo al pensar en mi marido. Dicen que en los restaurantes se ganan muchas propinas y que los clientes son muy generosos. Pero mi esposo es demasiado celoso y no sé cómo reaccionará con la idea. Mejor me quedo trabajando aquí.



27 de febrero, 1942 

¡Por fin escribió mi esposo! Dice que me extraña y que no le encuentra sentido a esta guerra.  Que lo están entrenando para enviarlo al frente de batalla. Hasta ya sabe usar una metralleta, ¡Dios mío! Era lo que que nos faltaba y él nunca ha usado un arma ni de juguete. Dice que por las noches los soldados se emborrachan pero que él prefiere apartarse y pensar en mí. Le gustaría desertar pero sabe que el gobierno lo buscará y acusarán de traidor.  No tiene alternativa y debe cumplir con el servicio militar obligatorio.  Le dije que tenga paciencia y que pronto volveremos a estar juntos.  En el trabajo no puedo concentrarme pensando en que algo malo le pueda suceder. ¿Por qué los países entrarán en guerra? La sociedad desconoce los motivos de la contienda.  No es justo que manden civiles como carne de cañón. Deberían ir los presidentes por delante y no los ciudadanos que nada entendemos del conflicto.


3 de marzo, 1942


Trato de escribir un poema sin lograrlo. En la escuela solía escribir poesías cuando mi madre me dejaba sola en algún internado.  Una forma de escapar de la soledad y dar suelta a mi imaginación.   Siempre soñé con ser aceptada y querida y no ser un estorbo para nadie.  Nadie me quería por no tener un hogar y tampoco tenía papá. Para todos en el internado era la "recogida".Mi madre nunca mencionó a mi padre al que me hubiera encantado conocer. En el hospicio cada que los niños mencionaban a sus papás me ponía triste. Este día no puedo escribir y no me fluyen las ideas, espero hacerlo mañana. Mejor escribiré le una carta a Jim para decirle cuanto lo amo.  Los diarios hablan de un número indeterminado de muertos en Italia y Alemania. ¿Hasta cuando terminará esta maldita guerra? Hay cientos de hogares destruidos porque perdieron un familiar.


6 de marzo, 1942


Ayer conocí en mi trabajo al fotógrafo de una revista.  Mis compañeras dicen que andan haciendo reportajes sobre esposas que trabajan.  Es una publicación muy conocida de la farándula y dicen que mañana entrevistarán a las obreras.  No sé que cosas interesantes pueda decir una obrera si solo sabe ensamblar tornillos. Andan tomando fotos por todos lados y al interior de las maquinarias. Me gustaría que hablaran sobre los maridos que abandonan a sus esposas para ir a la guerra.  Esta guerra mundial solo vino a desunir nuestras familias.  Ni siquiera piden permiso al ciudadano común para reclutarlo.  Jim, mi pobre Jim, qué será de mí si no regresas.


7 de marzo, 1942


Hoy el fotógrafo se dirigió a mí sonriente y me dijo: "¡Hola señora bonita! ¿cómo te llamas"? Yo bajé la cabeza avergonzada y me preguntó-: ¿Te gustaría posar para una revista? Eres muy hermosa y causarías sensación con esa carita de ángel que tienes. Hasta puedes iniciar una carrera como modelo o actriz, en este medio todo puede suceder.  Te pagaríamos muy bien y las fotos las haríamos en un estudio privado de los Ängeles. ¿Qué dices?  No me contestes ahora, piénsalo bien y la próxima semana espero tu respuesta. Una chica tan linda como tú no debe trabajar en una fábrica ni cargar ese uniforme tan horrible. Le contesté que era casada y que nunca había posado para nadie. Me dijo que no había problema, que él me enseñaría.   Me retiré del lugar y lo dejé hablando solo.








 10 de marzo, 1942



No sé qué hacer pues el fotógrafo insiste en que pose para la revista. Ofreció tratarme con respeto y dijo que me pagaría mil dólares por una sesión; además una suscripción gratis a la revista. La verdad es mucho dinero y tengo algunos gastos que cubrir.  Me serviría para pagar deudas y hasta me sobraría para comprarme otras cosas.  Me gustaría comprarme esos zapatos lindos que vi el otro día.  Y ese vestido rojo que parece de una princesa. El único vestido bonito que he tenido fue cuando me casé por la iglesia toda de blanco. Por primera vez me vi elegante y me miraba a cada rato en el espejo. El fotógrafo dice que el lunes quiere una respuesta.  Creo que estoy en un dilema, ¿qué le diré? Ojalá y ya no regresé.  Este fin de semana no sé qué haré para evitar el aburrimiento.


12 de marzo, 1942



¡La vida da muchas vueltas!  Anoche no pude dormir pensando en el ofrecimiento del fotógrafo. Tal vez no haya nada de malo en posar para una revista porque muchas chicas lo hacen. Lamentablemente soy casada y a mi marido no le gustará seguramente.  ¿Llegará esta revista a los soldados en el frente de batalla? No, no lo creo, los soldados están demasiado ocupados peleando.  Si pudiera pedirle permiso a Jim pero es imposible estando tan lejos. Mañana tengo que darle una respuesta al fotógrafo.  Por un lado está mi marido y por el otro mi necesidad. No tengo ni idea cómo se posa.  Será mejor olvidarme del asunto.



15 de marzo, 1942



Hoy trabajé arduamente y me olvidé de mis problemas. El fotógrafo ya no vino lo cual quiere decir que cambió de opinión. Me siento libre de cualquier tentación. Seguramente consiguió otra chica más guapa y sin tantos prejuicios como yo. Al salir del trabajo me fui a caminar un rato con Clarita curioseando en las tiendas del centro. Vi un vestido verde que me encantó por su bordado. Clarita, me observaba, y me dijo que yo podía tener todos lo que yo quisiera. En su mirada había una mezcla de compasión y reproche. Comprendí que se refería a mi negativa hacia el fotógrafo.  No me importa con tal de conservar el amor de mi esposo. Más adelante tendrá un mejor trabajo y podrá comprarme todo lo que yo quiera.


17 de marzo de 1942


¡No lo puedo creer!, el fotógrafo volvió a la carga y ahora ofrece pagarme dos mil dólares por una sesión de fotos. Una cantidad fabulosa y hasta me regaló el ultimo número de la revista. Qué bonito diseño y portada porque viene una chica realmente preciosa. Por un momento me entusiasmó la idea de poder verme así algún día. La revista trae una serie de reportajes sobre cine, música, e industrias de guerra. Fue muy amable conmigo pero le tuve que decir no nuevamente. Mis compañeras dicen que soy una tonta porque ellas en mi lugar ya habrían aceptado. Dicen que las oportunidades se presentan una sola vez en la vida y tal vez tengan razón. Al salir de la fábrica me fui rápidamente a casa para no pensar más en el asunto.








 17 de marzo, 1942


Hoy iré a comprar una despensa bien surtida porque mi refrigerador está vacío. Que feo es tener que trabajar sin tener tiempo para otras cosas.  Sin poder ir al cine o salir de compras. Jim, volvió a escribirme y dice que todo sigue igual por allá. Que solo hay bombas, muerte y desolación. Que está hospitalizado pero que no es nada de peligro. Tal vez no quiso alarmarme y hasta es posible que esté mal herido. ¡Dios mío! Y yo sin poder hacer nada. Cómo me gustaría poder volar como un pajarito para visitarlo de sorpresa. Quizá no está recibiendo la atención adecuada y requiera una cirugía.  ¿Y qué tal si le amputan una pierna? ¡Oh no por Dios! Mi marido es demasiado joven y tiene toda una vida por delante. Me arrepiento de no haber aceptado el ofrecimiento del fotógrafo. Ese dinero me podría servir ahora.

  

20 de marzo, 1942



Me alegré de ver nuevamente al fotógrafo en la fábrica muy sonriente. Me dijo que el ofrecimiento sigue en pie.  Me preguntó si ya había cambiado de opinión y creo que con una sonrisa le dije todo.  La última vez fui muy cortante con él y pensé que ya no regresaría. Expresó convencido que necesitaban caras nuevas porque las modelos de la revista ya estaban muy repetidas. Es demasiado dinero el que me ofrece por unas fotos, ¿eso ganarán las modelos?.  De todas maneras acepté la propuesta de inmediato. No entiendo nada del oficio pero en la vida todo se aprende. Acordamos que la sesión sería mañana a las 6 PM en un estudio privado de Los Ángeles. Le pedí que por favor lo acompañara su esposa. Tampoco sé si soy fotogénica. En fin, ya veremos.



21 de marzo, 1942



A la salida del trabajo nos fuimos directamente al estudio.  Le puse como condición que no estuviéramos solos. Me arreglé un poco y me dijo: "te ves preciosa".  Me sonrojé y no supe qué contestarle. Nos trasladamos en su auto y escuchamos música durante el trayecto.  Me preguntó si estaba nerviosa y le contesté que no pero la verdad si lo estaba y mucho. ¡Pero al llegar me dijo que las fotos serían sin ropa!  Y que haríamos el trabajo con todo respeto. ¡Dios santo hasta entonces caí en la cuenta que me tenía que desnudar! Tuve ganas de salir corriendo pero él trató de serenarme ofreciéndome un té. Expresó: "aún estás a tiempo de arrepentirte". Guardé silencio porque la verdad necesitaba ese dinero.  El estudio es confortable y solo estaban él, su esposa,  y una asistente. Eso me dio seguridad pero me temblaban las piernas. El matrimonio salió un momento mientras la chica me ordenó quitarme la ropa. Obedecí sin chistar y enseguida empezó la sesión. Tomó cerca de 200 fotos con las poses más atrevidas.  Luego me dio un cheque por 2 mil dólares. Nunca había tenido tanto dinero en mis manos.




23 de marzo, 1942


Me siento sucia y con sentimientos de culpa. Nunca pensé que fuera yo tan impúdica. En el internado las monjitas me enseñaron otros principios. Ojalá y esas fotos no se publiquen nunca. Me aterra la idea que Jim se pueda enterar y no sé cuál será su reacción.  Ahora que si mis suegros se enteran me tomarán por una golfa. Creo que cometí un error al aceptar posar sin tomar en cuenta a mi esposo. El domingo iré a misa y me confesaré con el padre Antony.  Le diré la verdad de lo que sucedió. No le ocultaré nada y él podrá aconsejarme. Aún no he tocado los dos mil dólares que me dieron".



Me detuve brevemente en la lectura.  Cerré el diario un momento pensando en las peripecias de Norma Jean. Quien se había quedado profundamente dormida en el sofá de mi casa.  La contemplé un momento pensando en todo lo que había vivido. Que bonita se veía aún estando dormida. Parece que se había arrepentido de posar desnuda. Lo cierto es que su vida cambió para siempre a partir de ahí.



Continuará 


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