sábado, 22 de agosto de 2015

SABIDURÍA SALOMÓNICA





Los hombres de nuestro tiempo buscan conocer las cosas para dominarlas con la técnica y hacerlas productivas.  Pero ser sabios es mucho más.  Tiene que ver con la generosidad y con la observación desinteresada de la vida, los seres y los objetos.  Cada elemento de la creación tiene mucho que enseñarnos sobre nosotros...y sobre Dios.

Los sabios de Israel buscaron el secreto del universo, las leyes ocultas que rigen el orden del cosmos y del comportamiento humano a partir de la creación de Dios. Todos los seres, por tanto, son huellas que sirven para descubrir el plan del creador; pero, para lograrlo, se necesita observar atentamente la vida. 





La sabiduría no se limita a proporcionar un conocimiento abstracto, también debe ayudar a vivir moralmente mejor.  Quien camina por las sendas justas es sabio y alcanza la plenitud; quien discurre por caminos del pecado es necio y se pierde a causa de sus propias opciones.

Los sabios terminan desposándose con la sabiduría.  Esta es su meta. Cuando el creyente vive según el temor de Dios obtiene la sabiduría y, con ella, la felicidad.





El libro de los proverbios constituye una colección de refranes y sentencias que han surgido en diferentes ambientes y épocas.  Los proverbios fueron reunidos para orientar la vida práctica de los israelitas.  En estos retazos de experiencia y observación de la realidad se buscó la brevedad y el ritmo para que pudieran ser fácilmente memorizados.  La sabiduría, así, llegaba al pueblo en refranes que reflejaban su experiencia de vida.


Proverbios de salomón, hijo de David, y rey de Israel.







¨El principio de la sabiduría es el temor del señor; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.

Escucha, hijo mio, la instrucción de tu padre, no olvides la enseñanza de tu madre, pues serán como diadema en tu cabeza, collar en tu garganta.

Hijo mío, si tratan de atraerte los pecadores, no consientas.

Tal vez te digan: Ven con nosotros, preparemos emboscadas mortales, acechemos sin motivo al inocente; no los tragaremos vivos como el abismo; enteros, como los que bajan a la tumba; conseguiremos toda clase de riqueza, llenaremos nuestra casa con el botín; comparte tu suerte con nosotros, haremos una bolsa común.





Pero tú, hijo mío, no sigas su camino; aparta tu pie de su senda, porque sus pies corren hacia el mal y tienen prisa por derramar sangre.

Pues de nada sirve tender redes a la vista de las aves.  Sus emboscadas resultaran mortales para ellos mismos, atentarán contra sus propias vidas.

Así terminan los avaros: muertos por su propia codicia¨.


  
 


   Capítulos extraídos de Proverbios 1, Biblia.



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