miércoles, 5 de agosto de 2015

JAVIER DUARTE EXTERMINA A PERIODISTAS




Así, como fumigando plagas de insectos,  el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, está exterminando a periodistas que denuncian su administración fraudulenta.  Que hacen hincapié en su complicidad con el hampa. Durante su periodo 15 periodistas han sido asesinados, una cantidad impresionante que no se vio ni durante el régimen nazi.





En Veracruz, la mayoría de periodistas viven del "chayo" (embute), pero quien se niega a aceptar sobornos lo eliminan sin misericordia.  Todo parece indicar que la consigna: "o te alineas o te mueres", está más viva que nunca. Esto, aunado a que reporteros ganan poco, es campo fértil para corromper el gremio. La zozobra y angustia en que viven los comunicadores es digna del Record guinnes.







Reporteros honestos que aún quedan han denunciado hasta la saciedad que en Veracruz gobiernan los Zetas o Cártel de Sinaloa. Que al mismo gobernador, cuando era candidato, lo apoyó este grupo y que su gabinete está plagado de Zetas. Es fácil comprender que si en el puerto gobiernan los capos la prensa esté coptada y los periodistas éticos vivan amenazados y en constante peligro de muerte.








No es exagerado hablar del genocidio de comunicadores perpetrado por el gobernador Duarte y el hampa.  Siendo más claros, al estado de Veracruz lo gobiernan criminales.  Nada parece detener  las matanzas, ni las protestas de organismos mundiales como: ONU, CIDH, ONGS, CPS, Reporteros sin fronteras, Amnistía Internacional, que exigen terminantemente se investigue a los responsables.    AL gobernador le tienen sin cuidado las denuncias de la prensa internacional o las múltiples voces en todo México que piden frenar su exterminio.








Javier Duarte, sigue adelante amenazando y masacrando a periodistas. Su sed de sangre es inmensa muy similar a la de Jack el destripador o el mismo Hitler. ¿Su última victima? El fotoreportero, Rubén Espinosa,  asesinado  y torturado en su departamento del  DF, junto con la antropóloga Nadia Vera Pérez, y otras tres señoritas. Previamente, el reportero fue amenazado de muerte y salió huyendo de Veracruz para finalmente encontrar tan triste final. Las amenazas no fueron en vano.







La antropóloga Nadia Vera Pérez explicó recientemente:  “A ti te agarran como mujer para la trata, a ti como estudiante para el sicariato. Aquí el problema somos todos nosotros, que les estorbamos tanto al Gobierno como al narco; estamos ante dos frentes de represión, ilegal y la legal. Porque el narco es el que gobierna en este estado. El narco es el que está rigiendo; Los Zetas literalmente son los que tienen todo este estado manipulado, regido; aquí te cobran derecho de piso, aquí te cobran por tener un bar, te cobran por trabajar”. Una denuncia que le costó la vida a la también humanista y comunicadora egresada de la Universidad de Veracruz. Hay que resaltar que en un video responsabiliza al gobernador de lo que le pudiera pasar.   Motivo suficiente para ser llamado Duarte a declarar no solo en México sino ante jurados internacionales.





México vive el pero momento de su historia porque la criminalidad se ha apoderado del poder político.  Los grandes capos están en libertad mientras que los defensores del pueblo están presos.  El gobierno federal desarma a autodefensas pero no así a los "caballeros templarios", "viagras", "Zetas" "H3", y demás fauna nociva del país.  Hay un vacío de poder porque han desaparecido garantías individuales. Quien se atreve a denunciar ante los juzgados aparece despedazado al otro día. No queda ninguna duda que gobierno y mafiosos son la misma organización criminal.


¿ARMARSE O... MORIR?


Ante tal situación voy a sugerir algo que a los periodistas puede parecerles ¨disparatado¨, pero que no lo es. En México, ser un periodista honesto es sinónimo de muerte, y solo hay dos opciones para quienes aman su profesión: armarse o dejar el oficio. Me pregunto, ¿qué hubiera pasado si Rubén Espinosa, junto con las 4 chicas asesinadas, hubieran estado armados? ¿Se hubieran dejado matar fácilmente? 





Si Ud. lector, que me lee, ve venir a unos sicarios a darle una muerte cruel. Sabe que lo van a matar y ve con terror que sus minutos están contados. Pero tiene un último recurso para sobrevivir: una arma a la mano, como única oportunidad de salir vivo.  ¿Qué haría ante semejante situación?


Continuando con la hipótesis Ud. decide defenderse y rociar a los criminales con su ametralladora.  ¿No sería lo más lógico y sensato? ¿Se quedaría paralizado esperando pacientemente la muerte? ¡Por supuesto que no! La vida es más importante y hay que conservarla pase lo que pase.





Pienso que el instinto de supervivencia hubiera obligado a Espinosa Becerril a defenderse.  Por la sencilla razón que no era un cobarde, su trabajo lo acredita. Es lo menos que puede hacer una  persona en peligro de muerte.  La vida aún puede tener mucho que ofrecernos.  Matar sicarios no puede ser un delito ni ante Dios ni ante los hombres porque laceran a la sociedad. Porque carecen de conciencia y amor a Dios.  Es como liberar a México de una pesadilla cruel.


Ahora imaginemos que los encabezados de los diarios del 1 de agosto de 2015 hubieran sido diferentes: "Periodista mata a sicarios que iban a masacrarlo", "Fotoreportero armado se defiende", "Comunicadores toman la justicia en sus manos", "El  mundo del hampa tiembla ante reporteros valientes", etc, etc. ¿No hubiera sido mejor para todos nosotros leer estas alentadoras noticias? La  realidad es demasiado cruel para no prestarle atención. Si un periodista lo han amenazado de muerte el sentido común dice que debe armarse.


Desgraciadamente, a este extremo han llegado las cosas, la muerte acecha a los periodistas a cada minuto.  Hablo de de la necesidad de portar armas de alto poder.  Las hay de dos tipos de acuerdo a las circunstancias: Físicas o espirituales.  Un "cuerno de chivo", se consigue fácilmente, pero las espirituales ¡también!






Yo utilizaría las dos y leería la Biblia. Antes de hacer mis reportajes oraría en profundidad y le pediría al Padre, a ángeles y arcángeles, me libren de cualquier peligro. De todas maneras cargaría discretamente mi R15 por si las moscas. Estoy seguro que Dios no castiga al prójimo por defenderse de criminales. Estoy firmemente convencido que cada mexicano necesita protegerse. Estamos ante una disyuntiva cruel: vencer o morir.




Hasta Moisés, mató a un egipcio, por defender a su compatriota israelita. ¿Lo recuerdan? Nadie siente la muerte de un criminal, ni siquiera su familia, todos levantan las manos al cielo cuando perecen.


Si los Zetas andan armados para cometer atrocidades, ¿por qué no armarse el pueblo para protegerse del hampa?






                                                                                          

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