martes, 17 de febrero de 2015

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN Cap. XIII










José de Cádiz



El diario de Marilyn era un compendio de anécdotas chispeantes y reveladoras. Había necesidad de desahogarse contando pormenores de su vida.  La soledad era un impulso y un refugio al mismo tiempo.  Mucha sinceridad y ganas de confesarse con la pluma desnudando sus más secretos pensamientos. No hay doblez ni anhelo de quedar bien con nadie puesto que lo empezó a escribir cuando aún no era conocida. Cuando todavía no conquistaba la fama ni su nombre estaba ligado al escabroso mundo del cine. 

No es un diario como el de Ana Frank que escribió escondida huyendo del terror nazi. Marilyn, es una joven que se sabe víctima del infortunio y su diario le sirve de catarsis y compañía al mismo tiempo. Tienen algo en común con el de Ana Frank: la desolación y desesperanza del futuro. Parece que las almas atormentadas tienen necesidad de contar su vida para conservar la cordura y equilibrio. A medida que me adentré en sus letras no pude evitar la empatía con aquella celebridad.


Los Ángeles, Calif.

21 de febrero, 1942



"Me casé hace dos meses pero me llevé una gran decepción.   A mi marido lo reclutaron en El ejército para ir al frente de guerra en Europa.   Ni siquiera hemos disfrutado plenamente nuestra luna de miel.  Me dejó trabajando en una fábrica de paracaídas y desconozco cuando regresará Jim. Me siento tan triste sin su compañía. La incertidumbre y temor me atosigan todo el tiempo. Mis suegros viven en otro condado y no tengo con quien platicar.  Mis vecinos apenas me saludan y me miran con desconfianza.  Mañana domingo iré a misa y luego al parque a observar las palomas en el kiosco.  Los transeúntes no me mirarán curiosos porque nadie me conoce. Leeré alguna noticia interesante en el periódico y quiero tener noticias de mi esposo.  No soporto la idea que una bomba nos pueda separar.  





23 de febrero, 1942


Hoy me fui muy triste a trabajar y no tuve apetito todo el día.  Mis compañeras me invitaron a comer tratando de de reanimarme.  Nunca pensé que la vida en una fábrica fuera tan monótona.  Camino diariamente del trabajo a mi casa sin ninguna expectativa.  En los aparadores veo ropa y zapatos bonitos pero ni esperanzas de comprarlos con este sueldo.  Apenas gano lo suficiente para pagar renta, agua, y luz. Se supone que mi marido debía enviarme una pensión pero no he recibido nada. Siento ganas de buscar otro trabajo pero me detengo al pensar en Jim.  Dicen que en restaurantes se ganan muchas propinas y que los clientes son muy generosos. Pero mi marido es demasiado celoso y no sé cómo lo tomará. Mejor me quedo trabajando en la fábrica.


27 de febrero, 1942

¡Por fin me escribió mi esposo! Dice que me extraña y que no le encuentra sentido a esta guerra.  Que lo están entrenando para enviarlo al frente de batalla y que ya aprendió a usar una metralleta. ¡Dios mío! Lo que nos faltaba nada más pues él nunca había usado un arma ni de juguete. Me confiesa que en las noches los soldados se emborrachan pero él prefiere apartarse y pensar en mí.  Le gustaría desertar pero de seguro el gobierno lo buscará y acusarán de traidor.  No tiene alternativa y debe cumplir con el servicio militar obligatorio.  Le digo que tenga paciencia y que pronto volveremos a estar juntos.  En el trabajo no puedo concentrarme pensando que algo malo le pueda pasar. ¿Por qué los países entrarán en guerra? ¿Qué pelearán? No es justo que manden civiles como carne de cañón desconociendo los motivos. Deberían ir los presidentes por delante y no los ciudadanos que poco entendemos el conflicto.


3 de marzo, 1942


Trato de escribir un poema sin lograrlo. En la escuela solía escribir poesías cuando mi madre me dejaba sola en algún internado.  Una forma de escapar de la soledad y dar rienda suelta a mi imaginación.   Siempre he soñado con ser apreciada por todos y no ser un estorbo para nadie.  Nadie me quiere por no tener un hogar y tampoco tengo papá. Mi madre nunca menciona a mi padre al que me hubiera encantado conocer. En el internado cuando mis compañeras hablan de sus papás me pongo triste. No puedo escribir ahora, no me fluyen las ideas, espero hacerlo otro día. Mejor escribiré una carta a Jim para expresarle cuanto lo amo.  Los diarios hablan de un número indeterminado de muertos en Francia y Alemania. ¿Hasta cuando terminará esta maldita guerra? Hay cientos de hogares destruidos que han perdido a familiares.


6 de marzo, 1942


Ayer conocí en la fábrica al fotógrafo de una revista.  Mis compañeras dicen que andan haciendo un reportaje sobre esposas que trabajan.  Es una publicación muy conocida del espectáculo y se corrió la voz que mañana entrevistarán a las obreras.  No sé que cosas puedan declarar las trabajadoras si solo saben hacer paracaídas de avión.  Andan tomando fotos por todos lados y al interior de las maquinarias. Me gustaría que hablaran sobre los maridos que abandonan a sus esposas para ir a la guerra.  Este conflicto mundial solo vino a desunir nuestras familias y sin esperanzas de cambio.  Ni siquiera piden permiso al ciudadano para reclutarlo.  Jim, mi pobre Jim, qué será de mí si no regresas.


7 de marzo, 1942


Hoy el fotógrafo se dirigió a mí sonriente y me dijo: "¡Hola amiguita! ¿cómo te llamas"? Yo bajé la cabeza avergonzada y me preguntó-: ¿Te gustaría posar para una revista? Eres muy bonita y causarías sensación con esa cara preciosa que tienes.  Hasta puedes iniciar una carrera como modelo o actriz, todo puede suceder en este ambiente.  Te pagaremos muy bien y las fotos se harían en un estudio privado. ¿Qué dices?  No me contestes ahora, piénsalo bien y la próxima semana espero tu respuesta. Una chica tan linda como tú no debe trabajar en una fábrica ni cargar ese uniforme tan horrible. Le contesté que era casada y que nunca había posado para nadie. Me dijo que no había problema porque él me enseñaría   Me retiré del lugar y lo dejé hablando solo.








 10 de marzo, 1942


No sé qué hacer pues el fotógrafo sigue insistiendo en que pose para la revista. Ofreció tratarme bien y dice que me pagará mil dólares por sesión y además una suscripción gratis para la revista. La verdad tengo algunos gastos y me vendría muy bien ese dinero.  Me serviría para cubrir algunas deudas. ¡Como me gustaría comprarme unos zapatos de plataforma y ese vestido lindo el día de mi cumpleaños! El único vestido bonito que he tenido fue cuando me casé por la iglesia toda de blanco. Por primera vez me vi elegante y me miraba a cada rato en el espejo. El fotógrafo dice que el lunes quiere una respuesta.  Me parece que estoy en un dilema, ¿qué hago?. Ojalá y ya no regresé a la fábrica ese señor.  Este fin de semana no sé qué voy a hacer para evitar el aburrimiento.


12 de marzo, 1942



Las vueltas que da la vida.  Anoche no pude dormir pensando en el ofrecimiento del fotógrafo.  Tal vez no tenga nada de malo posar desnuda y muchas chicas lo hacen.  Pero soy una mujer casada y a mi marido no le gustará seguramente.  ¿Llegará esta revista a los soldados en el frente de batalla? No, no lo creo, los contendientes están demasiado ocupados peleando.  Si pudiera pedirle permiso a Jim pero es imposible estando tan lejos. Mañana tengo que darle sin falta una respuesta al fotógrafo.  Por un lado está mi marido y por el otro mi necesidad. No tengo ni idea como se posa.  Será mejor olvidarme del asunto.



15 de marzo, 1942



Hoy trabajé arduamente y me olvidé de la revista. Que bueno que el fotógrafo no vino lo cual quiere decir que ya cambió de opinión. Me siento libre de cualquier tentación. Tal vez ya se consiguió otra chica hermosa y que no tenga tantos prejuicios como yo. Al salir del trabajo nos fuimos a caminar con mi amiga Clarita y curioseamos en los centros comerciales. ¡Vi un vestido verde en un aparador que me encantó! Clarita me observaba y me dijo que yo podía tener todo lo que quisiera. Comprendí que se refería a mi negativa hacia el fotógrafo y en sus ojos había cierta recriminación.  Pero no me importa con tal de conservar el amor de Jim. Más adelante mi marido conseguirá un buen trabajo y me dará todo lo que necesite.


17 de marzo de 1942

No lo puedo creer el fotógrafo volvió a la carga y ahora ofrece pagarme dos mil dólares.  ¡Una cantidad fabulosa y me regaló el ultimo número de la revista. Que bonito diseño y en la portada hay una chica bellísima. Por un momento me entusiasmó la idea de poder verme así algún día. Hay una serie de reportajes variados sobre cine, teatro, y armas en la guerra. Fue muy amable conmigo pero le tuve que decir no por tercera ocasión. Mis compañeras me dicen que soy una tonta y que ellas en mi lugar ya habrían aceptado el ofrecimiento. Que las oportunidades se presentan una vez en la vida. Tal vez tenga razón. Al salir me fui a casa para no pensar más en el asunto.  No puedo dormir y tengo una sensación de arrepentimiento.  Creo que es demasiado tarde.







 17 de marzo, 1942



Hoy iré a comprar una despensa porque mi refrigerador está vacío. Que feo es tener que trabajar sin disponer de tiempo para otras cosas.  Pasear, ir al cine, o salir de compras. Jim me escribió de nuevo y todo sigue igual por allá. Bombas, muerte, y desolación.  Dice que está hospitalizado pero que no es nada de peligro.  Tal vez no quiso alarmarme y es posible que esté mal herido. ¡Dios mío y yo sin poder ayudarlo!  Cómo gustaría trasladarme allá como pájarito para visitarlo de sorpresa. Quizá no está recibiendo la atención adecuada y hasta requiera una cirugía.  ¿Y qué tal si le amputan una pierna? ¡Dios santo!, mi marido es demasiado joven, y tiene toda la vida por delante. Me arrepiento por no haber aceptado la oferta del fotógrafo. Ahora ese dinero me serviría para muchas cosas.

  

20 de marzo, 1942



Hoy me alegré de ver al fotógrafo de nuevo en la fábrica.  Dice que el ofrecimiento sigue en pie.  Le sonreí y me preguntó que si ya había cambiado de opinión; creo que con una sonrisa le dije todo.  La última vez que hablamos fui muy cortante con él y hasta pensé que ya no regresaría. Pero expresó que necesitaban caras nuevas y que las modelos de esa revista estaban muy repetidas. Es demasiado ese dinero por una sesión de fotografías.  Sin más reparos acepté la propuesta de inmediato. La única condición que le puse fue que no estuviéramos solos. No entiendo nada de modelaje pero en la vida todo se aprende. Acordamos que la sesión sería mañana a las 6 PM en el centro de Los Ángeles. Ni siquiera sé si soy fotogénica. En fin, ya veremos.



21 de marzo, 1942



 A la salida del trabajo ya me esperaba el fotógrafo.  Me arreglé cuanto pude y dijo que me veía preciosa.  Me sonrojé sin saber qué contestar. Nos dirigimos al estudio en su auto y escuchamos música durante todo el trayecto.  Me preguntó si estaba nerviosa, le contesté que no, pero la verdad si lo estaba y mucho. Al llegar al estudio mencionó que las fotos serían al desnudo y que haríamos el trabajo con todo respeto. ¡Dios mío en la que me metí! Entonces caí en la cuenta que me tenía que quitar la ropa. Tuve ganas de salir corriendo pero él trató de serenarme y me ofreció un té. Platicó largo rato conmigo y dijo que estaba a tiempo de arrepentirme. Guardé silencio porque la verdad necesito ese dinero.  El estudio es amplio, confortable, solo estaban él y una asistente. Eso me dio seguridad porque me temblaban las piernas. Salió un momento mientras la asistente me sugirió quitarme la ropa. Obedecí sin chistar y enseguida empezó la sesión. Tomó cerca de 200 fotografías y ya estaba yo muy cansada.  Al final me dio un cheque por 2 mil dólares y me felicitó diciendo: "Te ves soñada" . ¡Nunca había tenido tanto dinero en mis manos!






23 de marzo, 1942



Me siento sucia y con sentimientos de culpa. Nunca pensé que fuera yo tan impúdica. En el internado las monjitas me enseñaron otras cosas. Lo que me avergüenza es que lo haya hecho por dinero como si fuera una p... ¡Que van a pensar mis suegros cuando salga esa revista! Ojalá y esas fotos no se publiquen nunca. Me aterra la idea que Jim se entere porque no sé cuál será su reacción.  Creo que cometí un error al aceptar posar sin tomarlo en cuenta. Hoy iré a misa y me confesaré con el padre Antelmo.  Le diré la verdad de lo sucedido. Aún no he tocado los dos mil dólares que me dieron."



Hice otra pausa y cerré el diario pensando en sus confidencias. Marilyn se había quedado profundamente dormida leyendo en un sofá.  La contemplé largo rato pensando en lo que había vivido antes de ser tan popular. Que bonita se veía aún estando dormida. Evidentemente se arrepintió de haber posado desnuda y sin saber lo qué le deparaba el futuro.  A partir de ahí su vida cambió notablemente y le aguardaban la gloria pero también el infierno. Fuertes toquidos en la puerta interrumpieron mis cavilaciones.



Continuará 






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