jueves, 16 de octubre de 2014

¡VAMONOS A LOS SESENTAS!









José de Cádiz



Sin duda el rock and roll es un ritmo contagioso que rompió los cánones musicales de la época y cimbró los cimientos de la juventud en el mundo.  La minifalda, los festivales tipo "avandaro", el jipismo, los Beatles, ¡Brigitte Bardot y su apabullante sensualidad!  ¿Te gustaría recordarlo? ¡Nooo, mejor vamos a bailarlo!









Ciertamente, la década de los sesentas fue mágica y llena de acontecimientos que estremecieron a adultos cáducos y anquilosados.  Se rompieron récords, se impusieron modas, se conquistó la luna, se gestaron movimientos estudiantiles que sacudieron conciencias.  Tal vez lo más sobresaliente fueron la música y el baile que motivaron a la juventud a vivir sin prejuicios ni barreras de ninguna índole.  Obviamente, no todo fue miel sobre hojuelas y también tuvo su lado oscuro y decadente.  Había una necesidad espiritual mal encauzada con las drogas.  Un libertinaje sexual rebasando las fronteras de la promiscuidad y degeneración sexual. ¿Sodoma de nuevo en la tierra? Se pusieron de moda las orgías y el adulterio.







Seguramente, no hay otra década tan revolucionaria en todos sentidos.  Las mujeres se pusieron los pantalones y como respuesta los hombres se dejaron crecer las melenas. Los festivales de rock fueron motivo de reunión de multitudes juveniles ávidas de emociones fuertes. Se extendió el ansiado símbolo de: AMOR Y PAZ. Los Beatles, irrumpieron con fuerza extendiendo universalmente su música y causando revuelo entre una generación rebelde y desenfrenada. Los movimientos estudiantiles del 68, en Francia, y en México, nos hablan de la necesidad de liberarse de sistemas tiranos, represores. Gobernantes genocidas como Gustavo Díaz Ordáz, en ese tiempo presidente de México, que pasó a la historia por asesinar a multitudes en Tlatelolco. Luis Echeverría Álvarez, era secretario de gobernación, (y luego primer mandatario), ordenó al ejército masacrarlos.










Por supuesto, dentro del polo negativo de Acuario, las drogas sicodélicas cobraron auge. Una juventud ávida de estímulos internos y externos para un despertar espiritual que no les llegó envenenando su cuerpo.  Los rockeros que se suicidaron fueron numerosos, lo cual quiere decir que las drogas no proporcionan felicidad, paz, ni mucho menos el amor.

Por ese tiempo cobraron fuerza las disciplinas orientales: yoga, reiki, meditación, tantrismo, vida en el más allá, etc.  Es bien sabido que los Beatles viajaron a la India y se pusieron en manos de expertos Lamas que les mostraron un camino más trascendente y espiritual.





El mayor error de la generación de los sesentas fue olvidarse de Dios y de la palabra sagrada. Debieron haber leído La Biblia, El talmud, El Corán  y conocer más de cerca al padre eterno que les hubiera dado una respuesta más satisfactoria a su necesidad de trascendencia y evolución.  Las drogas envenenan el cuerpo porque es el templo donde mora el espíritu.   Atrofian el alma y degeneran nuestras células y neuronas. Consecuentemente, nos olvidamos del amor a Dios y al prójimo. Estancan nuestro crecimiento en AMOR que es fin supremo de toda creación.

LA FELICIDAD Y EL INFIERNO SE ENCUENTRAN DENTRO DE UNO MISMO.

¨El sosiego interior que apetecemos, está en nosotros pero no lo vemos, está en nosotros pero no lo vemos¨.

Tenemos que recuperar la fe en Dios. En principios espirituales auténticos, si deseamos un mundo más amable y armonioso.





3 comentarios:

  1. Todo lo bueno, siempre está presente. Y que mejor que tu blog lo recuerde. Un abrazo

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  2. Todo lo bueno, siempre está presente. Y que mejor que tu blog lo recuerde. Un abrazo

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  3. Gracias, y las cosas buenas de la vida son gratis.

    Un fuerte abrazo.

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