lunes, 8 de septiembre de 2014

¡FRIDA YA NO QUIERE A DIEGO!


                                                   ¡Te odio cara de sapo!






José de Cádiz


Frida Khalo y Diego Rivera se casaron en 1929.  Se conocieron en la preparatoria de San Ildefonso, cuando Diego pintaba un mural. Fue un "amor a primera vista" y Diego ya era una figura internacional en el mundo de las artes. "Es como si se casaran un elefante y una paloma", dijo el padre de Frida durante su casamiento por lo civil.







Dos seres temperamentales y contradictorios, tanto que se divorciaron en 1939, y volvieron a casarse un año más tarde.  Eran el típico matrimonio mexicano, no podían vivir el uno sin el otro, pero sus pleitos eran legendarios. Artistas excéntricos, se tomaban la vida con liberalidad y los dos fueron infieles.






En 1937, llegaron a México León Trotski y Natalia Sedova, un matrimonio de exiliados comunistas que venían huyendo de la Rusia de Stalin.  Diego Rivera, hospitalario como siempre, los alojó en su hogar.  Esto desencadenó las más intensas pasiones y los ataques de celos de Frida y Diego convirtieron La casa azul de Coyoacán en un campo de batalla.






Frida, una mujer intensa que amó mucho a México, tanto o más que el propio Diego.  Lo demostró imprimiéndole un sello muy personal a su obra. Sus costumbres mexicanas lo dicen todo.   Era mexicana, "hasta las cachas", inclusive solía tomar tequila.



Los dos eran artistas comprometidos y pusieron su arte al servicio de las masas.  De manera especial al servicio de México.  Su capacidad de observación ante la injusticia los hizo formar parte del Partido Comunista Mexicano. Posteriormente, Stalin los defraudó y renunciaron al partido pero no a sus ideales.  Entonces llegó a México Leon Trotsky.




Frida Kahlo no ha muerto.  Sabrá vivir, amar, y llorar con intensidad donde quiera que se encuentre. Una luminaria que supo transformar el dolor de sus discapacidad y convertirse en leyenda.  Tal vez el mejor regalo que nos hizo: su creatividad y fortaleza ante el infortunio.




Vaya pues esta parodia como un sencillo homenaje a la memoria de la artista. Trasladémonos al año de 1939 y entremos discretamente a La Casa azul de Coyoacán a presenciar un pleito matrimonial.  Acompáñenme, pero antes prométanme que no se van a llevar nada, ¿Ok?, jeje.










1939.- Cd. de México, DF, Coyoacán.

 7:30 AM.






Diego Rivera después de tomar el desayuno con Frida se dispone a partir a trabajar a su Estudio en la colonia San Ángel:


Frida, le pregunta solícita:


--Mi amor, ¿vendrás a comer a medio día? Prepararé unas ricas tostaditas y agua de sandía.


Diego le contesta:


--No puedo, mi vida, tengo que terminar dos lienzos.  Pero te llamaré por teléfono.


--Sí, ya sé que estás pintando a Dolores Olmedo.  En realidad, es una mujer hermosa.  El sueño dorado de todos los hombres y tú no podías ser la excepción.  ¿Te has enamorado de ella?


--¡Por Dios Frida! ¡Qué cosas se te ocurren! Yo a la única mujer que amó es a ti.  Te lo he demostrado mil veces.


--Si me amaras tanto, como dices, no me dejarías sola tanto tiempo.  A veces pienso que no me amas y solo estás conmigo por conmiseración.  Bueno, ni hablar, tendré que comer con Trotsky y Natalia.  Al menos son afables y considerados conmigo.


--¡Sí, claro! Ya me di cuenta que entre tú y Trotsky ha surgido una gran amistad. Siempre están platicando juntos.  ¿Será que también te gusta?


--Pues, para ser sincera, me cae muy bien el comunista. Es simpático, culto, inteligente --expresó Frida con picardía provocando los celos de Diego--. ¡Ay si no estuviera casado con Natalia! Bien sabes que a mi siempre me han atraído los intelectuales.


--¡Sabes qué Frida! ¡Ya me hartó tu descaro! ¿Crees que no me he dado cuenta cómo te mira y como le coqueteas abiertamente?


--¡Ah vaya, vaya, contigo Diego! ¿Celoso tú? ¿Tú precisamente? El pintor putañero que se acuesta con todas sus modelos; el artista que no deja títere con cabeza. ¿Crees que no me enteré de tus amoríos con Tina Moddoti y Lola Álvarez Bravo? Y luego con la desnudista esa llamada "Kalantana".


--¡Ya, ya, Frida no empieces!  Siempre inventando cosas para hacerme la vida cansada.  Mira, mejor ponte a pintar, ¡anda! Recuerda que en tu última exposición se vendieron muy bien tus cuadros.


--No, Diego, no me cambies el tema.  A ver, dime, ¿qué tipo de amistad hay entre tú y Dolores del Río?... Siempre viene a la casa y te llama por teléfono frecuentemente.


--¡Caramba Frida! !Ya ves moros con tranchete!  Dolores está felizmente casada con Orson Wells y cuando viene a verme lo hacen juntos.  Qué diría Lolita si te oyera.  Además, por si no lo sabías, Dolores es toda una dama.


--¿Una dama? ¡Ni madres! Lo será en tu tierra porque en Hollywood se ha acostado con todos los galanes.  Nada más que es una mosca muerta la muy hipócrita. Si bien que dejó al primer marido para liarse con Cedric Gibons.


--Frida, mi amor, ¿por qué te amargas la vida? No hay amiga que me conozcas que no inventes que me acuesto con ella.  Entiéndeme, yo solo te quiero a ti, no importa lo que pase allá afuera.


--¡No si yo no invento nada! ¡Ni me amargo la vida, fíjate! Eres tú el que me la amargas con tus infidelidades. Y por si fuera poco son ellas las que hacen públicos tus devaneos.  No sé qué te ven las mujeres con esa cara de sapo.


--Pues algo han de ver en mí.  A decir verdad mis encantos son más íntimos y naturales.  ¿Yo qué culpa tengo de gustarle a las mujeres? Talento mata carita, no lo olvides.  Imagínate, me escriben cientos de cartas solo para tener un acostón conmigo.


--¡Pero qué cínico eres! ¡Han de estar ciegas tus admiradoras hijo de tu puta madre!  ¡Bien me lo decía mi madre, no te cases con ese elefante, pero yo necia que te acepté! ¡Méndigo barrigón desvergonzado! --Frida le aventaba todo lo que encontraba, mientras Diego ni se movía.


--Por favor, ya cálmate, solo bromeaba.


--¡Si por supuesto, mentiroso de mierda!. Claro, como eres un pintor famoso y yo una pobre lisiada. Por si fuera menos me tienes todo el tiempo abandonada como escopeta vieja... Seguramente no soy la mujer de tus sueños. Ni siquiera he podido darte un hijo, snif, snif.


--Mi amor, eso no importa, de veras --expresó Diego suavizando la voz--.  Así te quiero yo, tal como eres.  Podemos adoptar un niño si quieres.  


--¡No, eso nunca! No quiero un hijo adoptado, siempre he querido tener los propios. ¡Pero ese maldito accidente de tranvía que me imposibilitó! ¡Oh Dios mío qué desdichada soy! --exclamó Frida llorando y recargando su rostro sobre un tocador.


--Pero, Frida, mi vida --se acercó Diego besando su pelo con los labios--.  Sabes bien cuánto te quiero.  Mi pensamiento siempre está junto a ti. ¿Qué debo hacer para demostrártelo? Podemos hacer un trato si quieres.


--¿A qué trato te refieres Diego? --increpó Frida levantando el rostro y mirándolo directamente a los ojos.


--Pues, verás, tú y yo somos artistas, no somos un matrimonio común.  Tú tienes tus admiradores y yo tengo las mías.  ¿Por qué no concedernos un poco de libertad? Sabiendo siempre que nos pertenecemos.


--¡Por Dios! ¿Me estás proponiendo que seamos infieles y nos hagamos de la vista gorda? ¡Sííí!, ¿eso quieres Diego? 


--No, mi reina, simplemente que vivas tu vida como mejor te parezca. Sin prejuicios ni barreras de ninguna índole. La vida es corta y debemos disfrutarla al máximo.  No seamos un obstáculo para nuestra felicidad. Podemos tener amigos, salir con ellos.  En fin, solo un poco de independencia. ¿Te parece bien?


--Pero si esa libertad que tanto te importa siempre la has disfrutado Diego. Y jamás me has pedido permiso. ¿Por qué la pides ahora?      


--De acuerdo, Frida, pero esta vez quiero hacer un pacto contigo. Necesito tu consentimiento. Ya no quiero hacerte daño.  Por favor, daría lo que fuera por darte la felicidad que mereces. Sé muy bien que tu corazón me pertenece solo a mí.


--No estés tan seguro, Diego.  Los tiempos cambian y también los sentimientos...


--No nos engañemos, Frida.  Tú y yo nacimos el uno para el otro.  Somos idénticos en naturaleza.  También un matrimonio envidiado y famoso,  ¿te das cuenta?


--¡Por supuesto! --contestó Frida con sorna.  También somos la comidilla del mundo del espectáculo.  Tus infidelidades las conoce todo el mundo. Ya hasta me dicen "la pintora cuernitos".


--Pero, a pesar de todo, el corazón no se engaña nunca.  Tú lo sabes Frida.


--Puede que tengas razón mi cielo --contestó Frida más calmada--. Creo que soy una mujer egoísta.  Una mujer enferma que no ha podido darte la felicidad que mereces.  Perdóname, yo también daría lo que fuera por verte feliz.


--¿Entonces qué, mi venadita, acepta el trato?


--Oye, pero vamos a parecer un matrimonio gringo carente de principios.  Pero está bien,  acepto el trato. A ti no te podría negar nada mi amor.  Solo te pongo una condición. 


--!La que quieras, mi reina, la que quieras! -contestó Diego bastante entusiasmado.  ¿Cuál es esa condición? 


--Quiero que cuando yo muera te cases con la mujer más hermosa que conozcas.  Podría ser María Félix, es tu gran amiga, y una mujer bellísima. Pero te ruego le sigas siento tan infiel como a mí.  ¿Lo harías por mí?


Diego, no pudo evitar la carcajada.


--Jajaja, claro que sí mi vida, pero creo que no será con ella el casorio.  No quiero terminar siendo el señor Diego de Félix. María es demasiado manipuladora. Prefiero seguir siendo Diego Rivera a secas.  ¿Me puedes sugerir una mejor opción? ¡Ah! Y que sea tan hermosa e inteligente como tú. Eso va a estar muy difícil,  ¿no te parece? --concluyó Diego besándola con pasión.  


Frida, correspondió con ardor aquel beso, sellando un pacto por toda la eternidad.


Mientras tanto, Trotsky y Natalia, quiénes vivían en una habitación contigua sin querer habían escuchado toda la discusión. Muy apenados salieron al jardín a tomar aire fresco.  El matrimonio de exiliados comunistas se empezaba a sentir incómodo ante los pleitos de esos dos temperamentales artistas.



Continuará...






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