sábado, 28 de diciembre de 2013

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN III









Cap. III

"Me siento como un pedazo de carne devorado por dos leones" .


José de Cádiz




Estuvimos contemplando el espectáculo de clavadistas. En silencio como si las palabras salieran sobrando y si sólo se comunicaran nuestras almas.  Cada uno sumergidos en nuestras quimeras, explorando la riqueza de nuestro mundo interior. No supimos cuanto tiempo pasó pero nos percatamos que el público desalojaba los acantilados hasta quedar solo espacios vacíos.

Regresamos a la mesa y nos tomamos la última copa. En el bar los turistas bebían y conversaban animadamente. La música acariciaba los oídos como queriendo retenernos las notas musicales para siempre. La actriz preguntó:


--¿Hay alguna playa solitaria cerca? Me gustaría contarte algo, pero en otro lugar.  Uno donde solo haya cielo y mar.


--La hay, es una playa preciosa. A esta hora debe está casi desierta.


Salimos del restaurante. Me sorprendió ver al chofer con la limusina a las puertas mismas de la hospedería. Comprendí que vigilaban a Marilyn a distancia. No era para menos era una mujer demasiado importante y asediada. Me percaté que sus deseos eran órdenes y paseaba bajo estrictas medidas de seguridad.


Enfilamos rumbo a una bahía llamada “Pie de la cuesta”.  Playas en mar abierto donde sólo los más osados se atreven a nadar, peligrosa para quien no sabe hacerlo.  Un lugar inolvidable por sus puestas de sol.  Se puede caminar o simplemente contemplar el atardecer. Nunca hay demasiada gente y en la noche queda prácticamente desierta.


Llegamos y el chofer nos dejó solos nuevamente. La brisa del mar nos saludó bajo un cielo tachonado de estrellas.  El aire fresco extasió nuestros cuerpos juveniles y la luna brillaba intensamente.  Mar y cielo parecían comulgar en aquel horizonte silencioso. La diva exclamó:


--¡Oh, qué belleza! Cuánta quietud y placidez se respiran aquí. Se siente el aire de la libertad.  ¡V
amos a nadar!


Le advertí:


--Es mar abierto, un peligro para quien no sabe nadar.  Los tiburones están hambrientos.


--Por favor, Joe, fui campeona de natación en un colegio.


Con decisión la estrella se quitó su vestuario hasta quedar solo en minúsculo bikini. La silueta perfecta que hubiera envidiado la mismísima Venus de Milo. Se lanzó al agua. Los reflejos de su piel satinada brillaban nítidamente. Sonrisa y labios entreabiertos parecían una clara invitación a besarlos. Si alguna vez conocí la belleza perenne, fue a su lado; si contemplé de cerca a una diosa, fue con ella. Insistió:


--¡Anda vente a nadar! Así nos comerán los tiburones a los dos, Jajaja


Me quité cautelosamente mi ropa hasta quedar en mis bóxer. Temía que mis instintos se sublevaran ante la diosa. Que descubriera los estremecimientos que me provocaba su presencia. Claro que ella estaba consciente lo que sucedía en su alrededor.  Conocía las debilidades de los hombres porque era una mujer de mundo. Una mujer que a sus 36 años había vivido lo suficiente como para impresionarse por un admirador pudoroso. Salté al agua pensando que el agua fría calmaría mis instintos.






Nadamos mucho tiempo sobre las olas. Hacía mucho que no me zambullía en el mar. En efecto, la actriz nadaba como una experta. Destellos fosforescentes alumbraban nuestros cuerpos juveniles. Casi agotados salimos y nos tendimos boca arriba en la playa.


Miles de luceros nos miraban con curiosidad. El murmullo de las olas era un bálsamo relajante que invitaba a la reflexión. No existe nada más parecido al edén que contemplar las estrellas con una mujer hermosa; teniendo como fondo aquella quietud cósmica. Le expresé hondamente emocionado:

--¿Te gusta la poesía, Norma?

--¡Ay sí, me fascina! Neruda, Machado, y Sor Juana, me subyugan -me sorprendió saber que era una mujer instruida, nunca lo hubiera imaginado.

--Te voy a declamar un poema que hice especialmente para ti. Pero, dime, ¿qué me ibas a decir?

Norma Jean se sentó en la arena y se puso meditativa. Parecía cambiar de ánimo con mucha facilidad.  Después de pensarlo habló con sinceridad:

--Estos momentos me alejan de toda mi tristeza. Son una tregua en mi vida tan ajetreada.  Te voy a contar una historia que no he contado a nadie.  Ni siquiera a mi psicólogo, ni a mis amigos más íntimos. No sé quién eres pero el corazón me dice que eres un muchacho bueno.  Un fiel admirador que solo quiere acostarse conmigo. Vine a Acapulco tratando de mitigar mis penas y si por mí fuera ya no regresaba a Hollywood. Creo que la vida ya no me pertenece.

--¿Tan grave es el problema?

--Demasiado. Estoy involucrada sentimentalmente con dos hombres poderosos.

Al momento recordé que había leído algo en revistas y periódicos del espectáculo. Le pregunté expectante:

--¿Te refieres a tu romance con John F. Kennedy?

--Acertaste, pero eso fue en el pasado.  Actualmente soy la amante de su hermano Robert.  Siempre tuve esperanzas de formar un hogar y los dos me engañaron con promesas que nunca cumplieron.  Me siento humillada en lo más hondo de mi ser.

--Por favor, serénate.

 --Un día, conocí a John, y lo lamento. En una reunión se encontraba con su cuñado Peter Louford y varios amigos.  Fue muy amable conmigo.  A partir de ahí me llamaba diariamente por teléfono.  Llenaba mi casa de flores.  Debo decirte que los detalles me enternecen.

--Bueno, ¿y qué pasó después?

--Me convertí en su amante. Posteriormente se alejó de mí y sentí morir de tristeza.  Dejé el cine y me encerré en mi habitación.  Yo estaba enamoradísima y había dejado un vacío en mi alma.


--Bueno, pero no entiendo cómo fuiste a dar en brazos de su hermano.


--Entonces empezó a asediarme Bob, con regalos, joyas, y toda clase de atenciones. El conocía mi relación con su hermano y se aprovechó de mi soledad.  Me pretendió mucho tiempo. Decidí hacerle caso para estar cerca de John.

--¿No te importó involucrarte sentimentalmente con los dos?

--Debo decirte que soy inestable emocionalmente. Tengo gran necesidad de ser amada y mucho miedo a la soledad.  Por eso me he casado muchas veces.


--He leído que eres infiel por naturaleza.  Que buscas la felicidad en múltiples relaciones.


--Es cierto, lo soy. El cine me volvió promiscua.  Busco el amor todo el tiempo.


--Bueno, ¿y cómo fue tu relación con Bob?

--También me contó esas patrañas que inventan los hombres para seducirnos.  Él fue más lejos y me prometió matrimonio. Me compró una casa en Miami y me dijo que se divorciaría de su esposa. Los Kennedy piensan que son intocables.  Que pueden jugar con los sentimientos de una mujer impunemente.  Les voy a demostrar que no es así. Son tan vulnerables como cualquier otra persona.

Yo la escuchaba atento sin dar crédito a sus revelaciones.  En su rostro vi la determinación y el resentimiento.  Marilyn parecía llena de rencor en otra faceta de su personalidad.  Atrás había quedado la mujer sufrida que yo conocí en el hotel.  Se había operado en ella una metamorfosis instantánea. Agregó:


 --Después de divertirse conmigo el muy cretino también me abandonó. Ahora ya no recibe mis llamadas. Ni me visita en mi residencia. Antes lo hacía diariamente.


--¿De veras pensaste que se iba a casar contigo siendo casado? Dicen que tiene un montón de hijos con Ethel, su esposa.


--Es verdad, pero yo me aferré a esa ilusión. Los Kennedy jugaron conmigo y no les importaron mis sentimientos. Me siento como un pedazo de carne devorado por dos leones. 


--Bueno, ¿y qué piensas hacer?


--Tomar venganza. Los odio encarecidamente. Tengo un arma poderosa. 


 --Norma, odiar nos hace infelices.  ¿Por qué no tratas de olvidar todo simplemente?

--Porque no puedo. He sufrido demasiado y me he convertido en una mujer valerosa. Los hombres me tratan como un filete suculento.  Todos ven en mí a la hembra en celo, a la ninfómana.   Y lo he sido, lo reconozco, desde que entré al cine. Los Kennedy interceptan mis llamadas y me siguen a todas partes. ¿Comprendes por qué prefiero pasear con un admirador anónimo?

--Claro, no soy un peligro para nadie.

--Desconfío de las personas en mi derredor. Veo con indignación como todos se rinden ante el presidente.  Hombres y mujeres obedecen ciegamente al poder.  Ya no lo haré más, lo juro. No quiero seguir siendo una marioneta en sus manos. Me siento degradada como ser humano. 

Norma empezó a llorar sumamente consternada. En sus ojos vi la llama del sufrimiento y una gran decepción. La abracé tratando de mitigar un poco su dolor. Ella se acurrucó en mis brazos como palomita herida buscando protección.  Me percaté que tras esa chica se ocultaba un corazón ávido de comprensión. Norma sollozaba destrozada y no pude evitar sentir empatía por su sufrimiento. 

Dejé que se desahogara. Después de un rato proseguí:

--¿Por eso estabas tan triste en el hotel ayer?

--Sí, era por eso. Allá no podía confiar en ti.   Lo que te dije también es verdad.  Me siento en medio de un torbellino. 

--Oye, Marylin, ¿y llegaste a enamorarte de los dos Kennedy?

--Solo a John, tanto como ahora lo detesto.  Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él, retirarme del cine inclusive.  De Robert no llegué a enamorarme y solo llenó un vacío interior.  Las mujeres tenemos armas que los hombres jamás sospechan. Puedo terminar con sus carreras si me lo propongo.


---¿¿?? 


La miré desconcertado y agregué:

--Tú sabías que eran casados. No iba a dejar  a sus esposas fácilmente.  Creo que jugaste con fuego y terminaste en la hoguera.

--Los dos me decían cosas bonitas al principio.  Que me amaban y que yo era todo para ellos.  Visitaban mi residencia casi a diario.   Sin embargo la última vez que hablé con John me dijo categórico: "Mi esposa conoce nuestra relación y me pide el divorcio”. Expresó muy afligido que un escándalo no le convenía en ese momento.  Teníamos que dejar de vernos. Así de fácil se deshacen de cualquier romance. 

--En cierta forma tienen razón.  Deben proteger su reputación.  Tu error fue enamorarte de un hombre casado.

--Es verdad pero en el corazón no se manda. Los dos son expertos en conquistar mujeres, una afición que heredaron de su padre.  Sentí tan bonito de ser cortejada por un presidente y un ministro de justicia.  Me sedujo la idea de pasar de estrella de cine a primera dama de EE.UU.

--Llegaste demasiado lejos en tus pretensiones sentimentales.

--Lo sé y voy a ser sincera. Me gustaría dejar una huella en el mundo.  No quiero ser olvidada como Greta Garbo, o como Rodolfo Valentino. ¿Quién los recuerda ahora? ¡Nadie absolutamente!  Las nuevas generaciones ni los conocen.  Primero las candilejas, luego el glamour y la gloria, y posteriormente el olvido.  ¿Puedes comprenderme?

--Trataré –y le di un beso en la mejilla como se besa un niño que llora para consolarlo. Le acaricié la barbilla con extrema suavidad. A lo lejos escuchamos el canto de los gallos, ya estaba amaneciendo.

Caminamos otro rato por la playa. Dos seres tan diferentes comulgaban entre sí. Norma Jean compartiendo con un fan desconocido. El  poeta soñador y una mujer exaltada por la magia del cine.  Aquel escenario cósmico nos pertenecía. Pero la realidad se impone y alerta.

Solo el océano era testigos de aquella insólita confesión.  Nos metimos un momento al agua para quitarnos la arena. Norma, quizá deseando que el mar se tragara sus penas. Yo, que la aurora le trajera nuevas esperanzas de vida. La animé  lleno de fe:

--Pronto amanecerá.  Te hará bien conversar con las estrellas. Puedes pedir lo que quieras.  Ellos tienen vida y nos miran todo el tiempo. Pueden comprendernos y llevar un mensaje al creador.  En cuanto aparezcan los primeros rayos del sol te leeré mi poema.

--Es la primera vez que me dedican una poesía.  

-Espero te guste, la hice especialmente para ti.

Norma me abrazó como una niña traviesa. Solo pensé en brindarle fortaleza. Jamás supuse que Marilyn tuviera ese lado platónico. La vi suspirar y entrecerrar sus ojos.  Yo traté de grabarme en el alma sus facciones para siempre.




Continuará...







viernes, 20 de diciembre de 2013

ROMANCELOS




José de Cádiz


En una noche callada
la luna enamoró al mar
diciéndole que lo amaba
ya pronto voy a bajar

El mar que solo escuchaba
dudó por unos instantes
pensando si lo engañaba
se arrepentiría cuanto antes

Oye luna no me engañes
bien sé que el sol es tu amante
un astro tan generoso
y a veces tan arrogante

Es bien cierto que lo quise
que me alumbra por instantes
pero al ver que me engañó
ya no lo quiero como antes

Mira luna si me quieres
no coquetees con el viento
pues debes saber que tengo
¡Enamoradas por cientos!






Yo no te puedo engañar
soy la que contigo sueña
pero cuando sea tu dueña
te lo voy a demostrar

Tú no puedes ser mi dueña
me haces sentir oprimido
recuerda que en esta vida
los celos causan olvido

Cierto soy muy posesiva
me lo dicen tantas veces
pero tus caricias vivas
te las pagaría con creces






Luna de ensueño querida
tu coquetería te adorna
lástima que en esta vida
los celos hacen historia

Mira mar de mis amores
te amaré sin ataduras
solo quiero estar contigo
concédeme tus favores

El mar viendo que la luna
tan enamorada estaba
pensó que se entregaría
sin pedirle a cambio nada

Mi entrañable seductor
por mucho que yo te adore
me dejarás coquetear
para calmar mis ardores

Si te gusta enamorar
sólo porque eres hermosa
recuerda que las estrellas
me miran siempre deseosas






Mira mar de mis amores
yo te quiero ver contento
te prometo serte fiel
dueño de mis pensamientos
pero que no te sorprenda
con un nuevo sentimiento
tú que te vas con estrellas
yo que me voy con el viento





Está bien luna de mi alma
para amar como quisiéramos
conservémonos en calma
para evitar que nos hiéranos
regálame tu sonrisa
refleja en mi tu hermosura
que mientras dure la vida
¡yo te amaré con locura!

Vibren estrellas del cielo
¡vivan amores eternos!
Quien no conoce los celos
¡No conoce los infiernos!



EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN II

                                               
                                                






Cap. II

Marilyn anhelaba una vida normal sin sufrimientos.

José de Cádiz



A otro día llgué puntual a la cita.  Por un momento pensé en dedicarme a trabajar y olvidarme de la aventura.  Pero algo dentro de mí me obligó a apostarme frente a la suite de Marylin.  Esperé pacientemente en el pasillo, total, nadie se daría cuenta del plantón. No se escuchaba ni un ruido, nada. Temí que la diva se hubiese marchado esa misma noche. Quise bajar a la recepción a preguntar, pero me arrepentí. Después de media hora perdí toda esperanza.

Me retiraba cuando escuché que se abría el picaporte de su cuarto. Esbelta y erguida apareció aquella beldad.  Vestía jeans, votas vaqueras, y un sombrero texano que resaltaban su belleza. El pelo recogido la hacía verse como una muchacha provinciana sin grandes pretensiones. Sonrió al verme y expresó:

--Estoy puesta.  Ud. dice a dónde vamos.

Bajamos rápidamente a la recepción.  Quise detenerla para decirle que no tenía auto pero ni siquiera me preguntó.  Simplemente hizo una llamada y apareció frente al hotel una preciosa limusina. Un chofer uniformado nos abrió la puerta. En mi vida me había subido a un auto de esos pero traté de disimular: Aire acondicionado, música estereofónica, TV, y unos asientos tan mullidos que parecían bombones de azúcar.

Yo estaba francamente nervioso, pero tenía que salir avante. Expresé:

--Aún es temprano para ver a los clavadistas.  ¿Le parece si la llevo a otro sitio a tomar algo?

--No, gracias, prefiero caminar un rato y conocer la ciudad.

Le dio instrucciones a su chofer quien se detuvo.  Luego se alejó un poco y nos dejó solos caminando.

A la altura de Playa Condesa emprendimos una larga caminata por toda la Bahía. Cuando Marilyn veía un antro que le llamaba la atención nos asomábamos a fisgonear como niños traviesos. La actriz tenía un sentido del humor proverbial, bromeaba con todos. Así, le dijo a un barman:

--Disculpe, ¿me puede traer un tequila argentina?

--Perdón, señora, pero creo que no existe esa bebida.

--Bueno, entonces tráigame un wiski, y un machote, pero bien mexicanos, jajaja

Me agradó ver que la actriz ya no tenía rastros de tristeza.  Parecía una mujer completamente diferente y dispuesta a divertirse. Comentó:

--Fíjese que hace tiempo quise dar un paseo así en Río de Janeiro pero el público no me lo permitió. Me abordaron en la calle y me impidieron avanzar. Me quitaron el sombrero y hasta las zapatillas. Desde entonces opto por disfrazarme, como ahora.  ¿Qué le parece mi vestuario?

--Bonito e ingenioso. ¿Tanto la abruman sus fans?

--Demasiado, a veces reniego por ser tan conocida. Me gustaría una vida sin tantos sobresaltos. Pero tengo contrato con una compañía cinematográfica. Hago dietas y ejercicios diariamente.  Créame, casi no tengo tiempo para mí. Algún día me retiraré del cine y no volveré a trabajar.  Entonces me compraré una casita en una playa como esta.

--Supongo que se retirará de los reflectores para siempre.

--No lo sé, sueño con vivir en una granja, y que las aves me despierten diariamente. Quienes vivimos en una metrópoli añoramos la vida del campo.

--¿Y no piensa volver a casarse?

--¡Ay no francamente no!  Todos mis matrimonios han sido un fracaso. He buscado la felicidad en el amor  y no la he encontrado. Un tiempo quise ser madre y dedicarme a mis hijos.  Parece que el destino se empeña en mantenerme sola.

--Lamento que no haya logrado la maternidad.

--Tuve algunos abortos provocados al principio de mi carrera porque el cine me reclamaba.  En el contrato especifican que no podemos embarazarnos. Quise intentarlo nuevamente pero mi matriz estaba muy débil.

--Quizá la han defraudado demasiado sus matrimonios.

--Más bien creo yo he defraudado a mis ex maridos. No es nada fácil convivir con una actriz. Tenemos que besar a otros hombres, asistir a fiestas, y mil cosas más. Casi ni me veía poco con mis parejas y eso debilita cualquier relación.

Por un momento la estrella guardó silencio desviando su mirada hacia el horizonte como buscando una respuesta jamás encontrada. Suspiró como un niño que ha dejado de llorar. Se arregló el pelo que parecía una cascada de luces doradas. Me preguntó abiertamente:

--A propósito, ¿usted es casado?

--No, felizmente soltero.

--Está Ud. en plenitud de la vida

--Será que no creo en el matrimonio.  Pero tengo una relación bonita y sueño con amores imposibles.

--¿Amores imposibles? ¿Cómo cuáles?

--Como usted, por ejemplo -Marylin se sonrojó y no pudo evitar turbarse.  Recuperando el aplomo agregó:

--No me diga que nunca se ha enamorado.

--Claro que que sí y mi relación fue un desastre. Tal vez porque estaba basada en la sexualidad, tengo una vida sentimental muy pobre.

En ese momento pasó una “calandria” (carreta halada por caballos), vistosamente adornada con flores multicolores.  La actriz exclamó entusiasmada:

--¡Preciosa carreta! No pensé que aún existieran ese tipo de transportes. ¿Nos podemos subir a ella, Joe?

--Por supuesto, forman parte del servicio turístico.

Abordamos la “calandria” como dos colegiales inquietos. Yo me sentía en las nubes paseando con una mujer como Marilyn. Ella, reía divertida con todo lo que encontrábamos a nuestro paso. Como los niños vomitando fuego en los semáforos, o los adolescentes borrachos saliendo del antro.


Había en Acapulco un centro nocturno llamado "El zorro", en donde presentaban a los cantantes del momento. Esa noche en la marquesina se anunciaba el show de "Los platers", un grupo muy en boga en ese tiempo. Marilyn quiso entrar a escucharlos pensando que no sería reconocida.  Eligió una mesa lo más alejada del escenario y pidió una botella de tequila. El grupo iniciaba su espectáculo. Durante el intermedio uno de los integrantes se dirigió a su mesa y le preguntó:

--Disculpe, ¿Marilyn Monroe?

Ella contestó:

No, cariño, soy Norma Jean. Pero si te refieres a la chica que ves en la pantalla si soy ella. ¿En qué puedo servirte?

--Me gustaría invitarla a pasar al escenario, quiero dedicarle una canción.

--No, por favor, voy a levantar olas y me arruinaría la noche. Pero puedes dedicármela sin mencionarme. Gracias por tu gentileza, la escucharé con atención.

El cantante sonrió comprendiendo su actitud y se fue a la pista nuevamente. Le dedicó la canción, "Bésame mucho", pero solo se atrevió a decir, "para una señora muy especial". Tal era la fama de Marilyn que hacía enormes esfuerzos por no ser reconocida. Pretendía encarecidamente diferenciar a la actriz de la chica soñadora que era Norma Jean.  Era como tener doble personalidad sin saber cuál era la mejor.  Eran tan diferentes la una de la otra.

--Qué bonita canción, dicen que su autora es mexicana, ¿es verdad? - me preguntó.

--Sí, se llama Consuelo Velazquez, y la han gravado en todos los idiomas.  Qué suerte tiene Ud. de ser reconocida en todas partes.

--¡Qué va! No me puedo ni bañar en la alberca del hotel porque se me quedan viendo como bicho raro.  La fama puede ser muy apetecible, para quien no la conoce, pero una vez lograda resulta un lastre.

Marilyn pidió la cuenta.  Solo se tomó una copa. El mesero se acercó y le dijo:

--La cuenta, está pagada, señora.

Supongo que alguno de sus fans la pagó y fue atendida como una reina. 
En cada antro visitado no permanecíamos más de media hora. Marilyn quería conocer la vida nocturna del puerto anhelando salir de su rutina. Era como si pretendiera olvidar el pasado y desentenderse del porvenir. Como si ya no existiera un mañana y solo contara ese momento.

Después de dos horas Marilyn pidió al conductor de la limusina nos llevara a “La quebrada”.  Había llegado la hora de ver a los clavadistas.  El show internacional que tanto fascina a turistas.

El popular acantilado se encontraba completamente lleno. Turistas curiosos,  vendedores ambulantes, parejas besándose. Nos vimos en la necesidad de pedir una mesa en el restaurante del hotel "El mirador", de lo contrario no veríamos más que siluetas. Afortunadamente, un camarero me conocía y nos asignó un sitio donde pudimos observar el espectáculo a plenitud.

Una orquesta bien acoplada amenizaba el ambiente. De pronto, escuchamos la canción "New york, New york", y Marilyn hondamente emocionada tarareó la letra. Al terminar dijo como si los recuerdos laceraran su alma:

--¿Sabes, Joe? Es la primera vez que salgo a pasear con un fan.  El público supone que los artistas solo deseamos convivir con gente encumbrada. Qué equivocados están.  Muchas veces siento la necesidad de pedirle a alguien: “invítame a salir”.  Pero tengo miedo que abusen de mi posición y me hagan daño.

No me lo dijo tantas veces, y repuse:


--Seguramente en su mundo abundan las relaciones por intereses.

--Acertaste, casi todas son así.  Llega un momento en que no distingues a tus amigos de quienes no lo son.  Hay mucha hipocresía, envidias, y ambiciones desmedidas. Eso me hace sentir vulnerable.


--Pero, aunque no lo crea, existen los amigos verdaderos.


--Sí, lo creo. Solo que no los he encontrado. ¿Te puedo pedir un favor?

--Ud. dirá.

--Llámame, Norma, esta noche quiero ser ella. No quiero ser la estrella de cine. Voy a olvidarme de mi mundo.

--De acuerdo, Norma.
 

Pedimos una botella de champaña y el camarero nos llevó entremeses: papitas doradas, trocitos de tocino, y un queso delicioso.  Me gustó encontrar en Marilyn a una mujer desinhibida, fina, y excelente conversadora. Continuamos charlando un buen rato. Tenía frente a mí a una mujer inteligente, capaz de abordar cualquier tema, por escabroso que fuera. Sensitiva y con un dejo de tristeza en su mirada.

Los acordes de la música invitaban a bailar. Aquello era un sueño que jamás pensé se cumpliera. Conocer a Norma Jean y salir con ella superaba mis expectativas. Me atreví a pedirle a mi acompañante que bailáramos.  Ella contestó, “desde luego”, y nos dirigimos a la pista. Por fin tenía en mis brazos aquella breve cintura de piel tersa.  Una belleza extraordinaria en todos los aspectos.

La orquesta nos transportó a una dimensión desconocida.  Seducido por las melodías y el tacto de sus manos recargué mi mejilla sobre la de ella quien correspondió a la caricia. Continuamos bailando todo el repertorio musical en aquel ambiente mágico: "Lanza tus penas al viento",  "Palillos chinos", "Bésame mucho", “Cajita musical”, me hicieron sentirme en el  Olimpo. Quizá fue el momento más emocionante de mi vida y ya no vuelva a repetirse.

De tanto danzar nos olvidamos de los clavadistas. Estaba a punto de terminar el espectáculo cuando regresamos a la mesa. Le dije con cierta pena:

--Perdón, me olvidé que la traje aquí a ver el show.

--No te preocupes, yo también me dejé arrullar por la música.

--Mire, aún podemos ver a los últimos clavadistas.

Nos acercamos al barandal del escenario e instintivamente Norma me tomó de la mano. El aire jugaba con su pelo y esa mirada azul le daba un porte de princesa. Sonreía como hada juguetona buscando el calor de unas manos que la arrullaran, que la protegieran del mundanal ruido, o quizá de algún lejano presentimiento.

Una pareja de fans la reconoció y se tomaron fotos con ella. Habían quebrado el encanto sin proponérselo. Accedió con gusto y les firmó autógrafos.  Luego llegaron otros expectantes y sonrientes. Descubrieron a una celebridad y aprovecharon la ocasión.  Me concreté a observar aquella escena surrealista.  La actriz comentó discretamente:


--Me gustaría ir a otro sitio.  ¿Hay alguna playa solitaria cerca?





Continuará

jueves, 12 de diciembre de 2013

EL CISNE VANIDOSO







José de Cádiz



¡Miren mortales sepan cuan hermoso soy!
mi plumaje es brillante como el oro
mis colores se funden con el sol
no se engañen y piensen que lo ignoro

La belleza es mi eterna compañera
el silencio mi fiel representante
la arrogancia la llevo a dondequiera
con estilo y un aire petulante

Pavoreal que engalanas las llanuras
te comparas conmigo en tu belleza
horroroso de pies que nunca miras
cuando lo hagas te mueres de tristeza

Sé muy bien que tus tonos esmeralda
conquistaron el afecto de los reyes
pero a mí los plebeyos hacen leyes
que coronan mi elegancia con guirnaldas

Pecesillos del lago de los cisnes
muy honrados se sienten cuando nado
las gaviotas se acercan a mirarme
y a decirme de ti me he enamorado

Un gorrión se cruzó por mi camino
me gritó ¡tan hermoso como mudo!
contesté yo no canto al muy tarugo
mi belleza la envidian los cretinos

Cuando nado me gusta contemplarme
reflejarme y extasiarme todo el tiempo
no concibo la vida sin mirarme
y el espejo me deja sin aliento

Si Narciso viviera aquí conmigo
pelearíamos el trono del más bello
Si el gran griego me escuchas lo que digo
¡Yo te reto a luchar solo por ello!

En el día del amor y la amistad
convocaron a un concurso de belleza
de jurado se encontraba la realeza
¡Me eligieron el más bello claro está!

Donde exhibo con soltura mi plumaje
surgen voces que critican mi arrogancia
pero no hay un ser humano que no admire
mi hermosura y agraciada petulancia

A una garza que trató de seducirme
yo le dije ¡tan grandota y lujuriosa!
Ella dice tu me gustas y obsesionas
¡Qué cosota tan sensual y tan sabrosa!

Los delfines me llamaron cisne frívolo
murmurando que no tengo sentimientos
en mi vida yo detesto a los carnívoros
y a la flora la defiendo todo el tiempo

Si pudiera compartir todos mis dones
y al Gran logos hacer una petición
pediría que se destierre la codicia
y entregarnos el caudal del corazón.





miércoles, 11 de diciembre de 2013

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN 1





Cap. I

Un sueño Convertido en Realidad

José de Cádiz




En 1962, un poco antes de morir, Marilyn Monroe viajó a la Cd. de México. Visitó el puerto de Acapulco y se hospedó en uno de los mejores hoteles. He ahí la oportunidad que tanto estaba esperando. Mi vida dio un vuelco de noventa grados cuando recibí una orden de mis superiores.


Debido a mi buena hoja de servicio, como policía industrial, fui elegido, junto con otros compañeros, para cuidar el cuarto de hotel de la estrella día y noche. Solía pasear con amigos y regresaban muy tarde. A veces se encerraban y solo se escuchaba música, voces, risas.  Se levantaban muy tarde.
 
Yo había visto casi todas sus películas y conocía la trayectoria de la actriz.  Era su más fiel seguidor y defensor. Soñaba con ella y tenía un póster gigantesco color rojo en mi cuarto.  Ahí donde Marilyn posó completamente desnuda mucho antes de convertirse en actriz.  El pergamino escarlata que la lanzó a la fama allá por 1944.  Pero conocerla personalmente era una fantasía que estaba más allá de mis posibilidades.

  
Supongo que todos hemos tenido sueños con alguna estrella de cine o de música.  Nunca se nos ocurre pensar que esas ilusiones se pueden convertir en realidad.  Miramos a nuestros ídolos como seres inalcanzables, más allá del bien y del mal.  No necesariamente es así y siempre existe alguna posibilidad. Después de todo son seres de carne y hueso como cualquiera de nosotros.  La única diferencia es que son populares y tienen múltiples ocupaciones.  No obstante, tienen las mismas necesidades físicas y emocionales.


El problema era que yo estaba consciente que la diva se acostaba con puros personajes del mundo de la farándula, de la política, e intelectualidad: Arthur Miller, Joe De Maggio, John F. Keneddy, y otros más que habían sido sus compañeros sentimentales.  ¿Cómo se iba a fijar en un policía de banqueta como yo?

 
Y sin embargo así fue. En un momento de crisis existencial en el cual ella hubiera preferido no haber nacido.  Si no hubiera sido por esa circunstancia jamás la hubiera tratado.  Yo estaba enterado que se había casado con un militar desconocido mucho antes de convertirse en modelo.  Luego se divorció y posteriormente contrajo matrimonio varias veces siendo ya una figura popular.


Muy conocida su infidelidad con todos los que la amaron. Se decía que no usaba ropa interior y que acostumbraba hacer el amor diariamente. Eso me intrigó bastante y alborotó mis hormonas al máximo. Una tarde la vi muy sola y atribulada en el lobby de su hotel.   La verdad nunca la había visto con ese semblante ni pensé que la tristeza tuviera cabida en una estrella.


Entonces decidí acercarme a ella para conocer sus motivos. Vestía una ropa ligera, pañoleta, y gafas blancas, seguramente quería pasar desapercibida. Pero eso no ocultaba su tristeza y desazón, algo le sucedía a mi admirada Marilyn.
 
--Buenas tardes, señorita Monroe –le dije en perfecto inglés-.  ¿Puedo ayudarla en algo?

 
--Ni siquiera me regresó a ver y contestó de mala gana-: Buenas tardes, ¿en dónde le firmo mi autógrafo?


--¿¿??

Me lo dijo en forma tan fría, mecánica, sin emoción, que no me gustó para nada. Insistí, motivado por su mutismo.


--Señorita Monroe, yo, bueno. Lo que pasa que tengo el deber de cuidarla y la veo muy mortificada.  Dígame, por favor, en qué puedo servirle.  Para eso estoy aquí.


Hasta entonces se dignó mirarme siquiera. Se quitó las gafas y por primera vez vi ese rostro hermoso completamente cerca.  No dudé que me encontraba ante una diosa porque sus ojos eran mucho más bellos que en la pantalla. Bajita, de manos y rostro agraciado, y un cutis blanco como de porcelana. En su mirada había una mezcla de amargura y confusión pero eso no ocultaba su hermosura.  Algo no me agradó, ¡Marilyn, estaba sufriendo mucho!

 
Su voz cristalina y musical expresó como si no fuera de este mundo:


--Gracias, pero no creo que pueda ayudarme -sus ojos húmedos denunciaban que había llorado mucho - y opté por capitalizar la situación.


--¿Se siente enferma? Si gusta puedo llamar a un doctor. O tal vez prefiera que llame a uno de sus amigos.

 
--Sucede que me siento tan desolada en mi cuarto, tan triste y sin esperanzas.  Siempre lo mismo en mis viajes por el mundo.  Todo es tan mecánico y carente de sentido.


Cómo era posible que me dijera eso la mujer más exuberante y glamorosa del cine.  La más aclamada y querida por millones.  El sueño dorado de todos los hombres.


--Pero, señora, si ayer la vi departiendo con amigos.  Parecía muy alegre y se nota que la quieren mucho.


--¿Qué me quieren? ¿Quiénes? Como se ve que no conoce el ambiente del cine. Aquí sólo se mueven intereses, es un mundo de apariencias solamente.  Me gustaría encontrar verdaderos amigos pero es prácticamente imposible.


A veces el destino nos brinda oportunidades maravillosas.  Ésta era una de ellas.


--Si no se molesta, ¿le puedo hacer una propuesta?


--Ud. Dirá.


--¿Gusta tomar un café en el restaurant del hotel? Podemos platicar a gusto ahí.


Me miró un momento de arriba abajo.  Cuando menos le inspiré confianza porque aceptó la invitación.  Se levantó nerviosa y sin decir palabra me siguió como un corderito hasta la cafetería del hotel. Me pareció una mujer completamente diferente a como yo la había visto en sus películas. Parecía un gatito inofensivo y no la vampiresa sensual y desafiante que yo admiraba tanto.


Nos sentamos en silencio en la cafetería.  Pedí un café y le extendí la carta. Ella pidió un café capuchino doble. Por primera vez sonrió y preguntó:


--¿Aquí trabaja Ud.?


--Sí, señora, soy policía industrial, y tengo la grata misión de cuidarla mientras permanezca en el puerto. Estoy para servirle en todo lo que guste y mande –esta frase procuré darle todo el énfasis posible, tal vez pudiera tomarlo como una insinuación.


--Gracias, pero mañana nos vamos.  Tengo que continuar filmando en California. La vida del cine es tan ajetreada.


Regresé a ver a todos lados para ver si nos miraban curiosos los comensales. Me sentía el más feliz de los mortales departiendo con Marilyn Monroe. Pero me desilusionó un poco ver que el disfraz de la estrella le daba resultados. Nadie la reconoció y mucho menos a mí. Ni siquiera un compañero de trabajo.  Continué:


--¿Por qué se va tan pronto? Si estamos muy a gusto con Ud. en el puerto. ¿Ya visitó todos sus atractivos?


--No todos, pero he visitado algunos.  Sus playas son el paraíso.  Ayer paseamos en paracaídas por toda la bahía y los acantilados de "La quebrada" me dicen que son de ensueño.  Me hubiera encantado conocerlos.


He ahí la oportunidad para ir más lejos.


--Por supuesto, los clavados en la noche son espectaculares. No puede irse sin verlos,  sin sentir el vértigo de las alturas...


--A todo esto, ¿cómo se llama Ud.? –preguntó sin tapujos.


--Joe, me llamó Joe.


Sonrió con añoranza y repuso:


--¡Ah, Joe! Un nombre que se repite en mi vida. Así se llamaba uno de mis ex maridos: Joe. Lo quise mucho en verdad.


Decidí avanzar más e inquirí.


--¿Pero si lo quiso mucho por qué se divorció de él?

 
--¡Ah, eso es muy difícil de contestar!  ¿Cree usted en el destino, Joe?


--No mucho, la verdad.

--Fíjese que yo tampoco creía pero hace muchos años, cuando era adolescente, una pitonisa me dijo que llegaría a ser famosa. Mencionó que me casaría varias veces y también que moriría joven. Que disfrutara la vida. ¿Se da cuenta? A veces lloro por eso me aterra tanto la muerte.


No me gustó que la plática se encaminara hacia el fatalismo y la parca y menos en aquellos momentos de tristeza de mi adorada. Así que me salí por la tangente:


--No se crea, esas son puras supercherías. Nadie puede vaticinarle a uno la muerte mi querida señora. Nadie.

 
Sabía que no era sincero porque siempre he creído en la fuerza del destino y la voluntad del eterno.  Pero tuve que ser cauto dadas las circunstancias de aquella mujercita desvalida.


Un niño de los que venden flores en los cafés se acercó y ofreció un ramillete de frescas rosas. Marilyn exclamó emocionada:


--¡Oh, qué hermosas!


--¿Le gustan? –en seguida compré al muchacho todas las flores. Fui a la administración y pedí que las colocaran en un recipiente bonito. Yo pagaría todo.


Continuamos platicando mientras la diva acariciaba discretamente los pétalos de una rosa. Parecía haber mejorado un poco su semblante.   ¿Y si Marylin estaba enferma o era esquizoide?


Yo quería saber más de ella, todo lo que se pudiera.  Tal vez ya no habría otra oportunidad. Siempre he sido muy curioso y su vida me interesaba sobre manera.


--No puedo creer que se siente tan sola y que no tenga a nadie en el mundo.


--Aunque no lo crea, es así.  Las estrellas del espectáculo nos sentimos solas. No tenemos un hogar fijo y vivimos mucho tiempo en aviones, hoteles,  y diferentes ciudades.  Tal vez ignore que yo no tengo familia. Mi madre murió hace muchos años y a mi padre no lo conocí. Lo único que tengo es el cariño del público.


--Pero eso es bastante, supongo.


--No se crea, el público es tan desmemoriado.  Ahora me aplauden y mañana me olvidan sin misericordia.  Sólo podemos compartir con nuestros admiradores de lejos; de cerca me ahorcarían y me sacarían los ojos. Son tan efusivos mis admiradores.

 
No pude evitar la carcajada mientras Marilyn me miraba confundida y temerosa de mi desfachatez. Le pregunté en broma:


--¿Y por qué habrían de sacarle los ojos sus fans?


--Ud. no tiene idea lo que es la fama, salir a la calle y que me reconozcan. No me dejan en paz ni un momento, me abrazan, me besan y se llevan hasta mis zapatos. Todo es bastante abrumador.


--Es el precio de la fama, como dicen por ahí.


--Pues sí, pero qué precio tan alto, ¿no le parece?  Perder la tranquilidad y el sosiego.


--Oiga, Marylin, ¿y Ud. buscó siempre la notoriedad?


--Fíjese que no, yo trabajaba en una fábrica y un fotógrafo insistió en tomarme una foto para una revista. La imagen dio la vuelta al mundo y terminé haciéndome muy popular.


--Efectivamente, es un pergamino precioso.   Lo tengo en casa y es espectacular. ¿Me lo podría autografiar? Si me permite se lo puedo traer mañana.


--Por supuesto, Ud. ha sido muy amable conmigo.  Nada más dígame a quién se lo dedico.


--Pues a mí y si no es mucha molestia con unas letras grandes que digan: "Con todo cariño para Joe".  ¿Podría ser de esa manera? Me encantaría esa dedicatoria.


--Claro que sí, y espero que lo traiga. También podemos tomarnos fotos para que las presuma a sus amigos.


--Me parece fantástico.  Aquí estaré puntual.


Aquello era más de que lo siempre había imaginado.  La actriz me estaba agradeciendo mis atenciones, por lo que hice una última propuesta:


--Oiga, y si desear conocer "La quebrada", me gustaría invitarla hoy mismo. Soy buen anfitrión se lo aseguro.


--Tengo algunos asuntos que atender, pero mañana podemos salir.  Acepto su invitación por ser mi última noche en el puerto.  Quiero disfrutarla en grande. olvidarme que soy Marilyn Monroe.


--¿De verdad saldría a pasear conmigo? Me haría tan dichoso.  ¿A qué hora paso por Ud? Le recuerdo que estoy resguardándola en su hotel las 24 horas.

 
--¿Le parece bien a las ocho PM?


--Es una hora excelente.


Marilyn se levantó de la mesa y concluyó:


--Ahora con su permiso me retiro.  Tengo algunas llamadas que hacer.  Gracias por  todo. Fue un placer.


Con sus manos graciosas tomó una rosa y se la llevó.  Había recuperado su porte y aplomo.  Su andar cadencioso llamaba la atención.  Sus caderas juncales y bien proporcionadas mareaban al verlas. Me quedé observándola durante todo el trayecto con una mirada atónita. ¿Una cita con Marilyn Monroe?... ¡Dios quién me lo podía creer!



Lo que la diva no supuso es que no sería su última noche en el puerto sino una semana de esparcimiento y aventuras.  La vida de Marilyn era una ruleta de la suerte llena de altibajos sentimentales. Pocas veces tenía la oportunidad de relajarse. Anhelaba vivir sin itinerario en contacto directo con la naturaleza.  El hombre supone pero Dios dispone.
Tuve buen cuidado de no contarle a nadie lo sucedido.  ¿Y si todo era un sueño? ¿Y que tal si ni se acordaba de la cita con un desconocido? Estuve nervioso durante toda la noche.  ¿Qué ropa debía llevar puesta? ¿A dónde más la invitaría? ¡Por Dios ni siquiera tenía auto! La diva seguramente no aceptaría viajar en taxi conmigo. Por un momento me arrepentí  de invitar a pasear a "La quebrada" a la mujer más sensual del séptimo arte.


Continuará…






     

 


 

   

    

Rumberas del cine mexicano

¡Guau! José de Cádiz El cine mexicano tuvo su gloria y esplendor en los años 40s y 50s.  La llamada época de oro era una i...