sábado, 14 de abril de 2018

El rostro oculto de Marilyn XII




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Cap. XII

"A mis admiradores y a quienes buscan la verdad".

José de Cádiz


Marilyn, era una gran amante, pero también una mujer atormentada por el sufrimiento. Conocerla física e interiormente fue un privilegio. Después de pasar la noche en mi hogar, al otro día decidimos asearlo. Se puso un short y pañoleta comportándose como una ama de casa.

Salí a comprar lo necesario para comer ese día. En lo personal solía alimentarme fuera, pero esta vez me interesaba atenderla a ella y compré una despensa bien surtida.

Percibí que atrás de Marilyn se encontraba Norma Jean, la niña huérfana, marginada y solitaria.  Ansiosa de tener el hogar que nunca tuvo.  Siendo célebre tampoco pudo conservar uno de manera permanente.  Cuando regresé estaba terminando de asear mí departamento.

Debido a la excitación de la noche anterior no tuve tiempo de ocultar una fotografía de Fabiola que adornaba un pequeño buró. Marilyn la vio y preguntó sonriente:

-¡Simpática chica! ¿Tu novia?

--Sí –-contesté titubeando.

--Me gustaría conocerla. Tal vez podamos ser buenas amigas.

Comprendí que una mujer de mundo no se iba a espantar por una relación aún vigente. La diva tenía una mentalidad gringa sin prejuicios de ninguna índole. Me agradó sobremanera su actitud.

Terminando de asear preparamos una riquísima ensalada de frutas. Marilyn no comía tortillas y acompañamos la comida con pan. Nos saciamos con buen apetito y me miró detenidamente al final. Seguramente pensando: “¿qué hago aquí comiendo con un policía?”, pero al instante recobró su sonrisa y sirvió dos vasos de agua.

Noté que su diario estaba intacto encima del buró como aguardando el momento de revelar su contenido. No resistía la tentación de leerlo ni encontraba la oportunidad.  El calor arreciaba y encendí el viejo ventilador.

Obviamente la diva anhelaba el calor de un verdadero hogar. Se comportaba serena y sin artificios. Algo teníamos en común los 2: nos gustaba leer y escribir.  Era lo que nos unía y daba sentido a nuestras vidas. 

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No pude evitar hacer comparaciones. Si la diva era un torbellino en la cama mi novia no se quedaba atrás.  No obstante, Fabiola era mucho más práctica y después de la pasión se iba rápidamente a su casa. Únicamente platicábamos un ratito cuando aseaba mi cuarto

Siempre pensé que a Fabiola sólo le interesaba el sexo. Era incapaz de entregar su corazón.  Una relación anterior la había dejado marcada y juró no volver a casarse.  A veces la invitaba a comer y se desahogaba contándome los problemas con su único hijo.  La consideraba discreta y nada celosa pero me equivoqué rotundamente. Lo pude comprobar esa tarde.

Marilyn quería leer otros poemas de mi autoría y se los mostré con gusto. Los leyó con toda calma situación que aproveché para hojear su diario. Si la diva estaba leyendo mi inspiración yo tenía derecho a conocer su vida. 

Abrí el diario con expectación.  Estaba escrito en inglés.  Había vivido 5 años en Los ángeles y lo entendía perfectamente.  Noté al instante la excelente redacción que tenía. Sabía que escribía un diario pero desconocía sus habilidades literarias.  Leí con avidez la dedicatoria y el prólogo:

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“Para todos los hombres de mi vida. De una estrella errante en busca del amor.  A mis admiradores y a quienes buscan la verdad.  Reciban este diario con un beso y una flor desde el rincón más apartado de mi alma.   M M.

Continuaba…

Escribo este diario cuando la tristeza o nostalgia me invaden. En noches de pesadumbre en que no puedo dormir. La soledad es como un fantasma que me persigue toda la vida.  A veces tan insoportable que salgo a la calle a platicar con el barrendero.

Escribo para escapar de una realidad que me asfixia y prohíbe ser feliz. Quiero dejar un testimonio a la posteridad como la celebridad que soy. No soy eterna y pretendo dejarles un pedacito de mí.

Como sabrán no tengo familia y a mi padre no lo conocí.  Mi madre tuvo que internarme en hospicios para poder trabajar. Cuando me preguntan quién es mi padre contesto: “Abraham Lincoln”, y tengo una foto de él en la pared de mi casa. Lo admiro por haber abolido la esclavitud en EE.UU.

De niña me sentí rechazada y más tarde traté de llamar la atención con los reflectores. Ansiosa de que me quisieran aunque sea un poquito.   Creo que la felicidad no está hecha para mí. El amor verdadero no lo he conocido.  Los hombres se acercan a mí por deseo o curiosidad.

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El destino me ha dado fama y fortuna pero me ha negado privilegios como la maternidad. Eso me duele pero nunca lo confieso. Ser madre es un gozo que toda mujer necesita para sentirse realizada. Cuando pude embarazarme el cine me lo impidió. En mi primer contrato con la Twenty Century Fox exigían que fuera soltera. 

Mi vida de actriz ha sido una pose permanente que oculta verdaderamente lo que soy.  He decidido quitarme la careta y abrir mi corazón.  No voy a ocultar más mis sentimientos más recónditos.  Esa Marilyn que todos conocen no soy yo. Sino un ser humano completamente diferente. 

A los astros del cine nos consideran frívolos y carentes de valores. Afirman que vivimos en un mundo de oropel muy apartados de la realidad.  Hay algo de verdad aunque no del todo cierto.  Somos superficiales, hedonistas, y nos cuesta diferenciar entre ficción y realidad. Tan narcisistas que una arruga nos pone a llorar.  Representamos tantos personajes que terminamos por no saber quiénes somos.  Es el precio que pagamos por besar a tantas bocas.

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Como artistas somos sensitivos y los desengaños nos duelen más que a la mayoría.  La fama nos puede encumbrar o aniquilar. El adulterio y las drogas en Hollywood son tan comunes.  Empecé siendo modelo y tuve numerosas aventuras que me volvieron ambiciosa.  En cada relación hubo desengaños y caía en una nueva frustración. Nunca lograron llenar este gran vacío interior.  

La popularidad con frecuencia marea y hace perder la cabeza. Recibimos tantos elogios que empezamos a gravitar en las nubes.  Entonces recurrimos a los estupefacientes para aliviar estados de angustia o frustración.  En lo personal he probado todas las drogas. No soy adicta. Mi amor propio me mantiene a flote.

Mi madre confeccionaba vestidos en los estudios de cine donde trabajaba. No tener padre me produjo una sensación de orfandad toda la vida.  Tenía la impresión de ser un estorbo para quienes me trataban.  Siempre vivía pensando que nadie me quería. Me he casado en tres ocasiones para no estar sola y sentirme protegida.  Lamentablemente no encontré la felicidad con mis parejas.  Yo buscaba comprensión pero ellos buscaban sexo.

Mis debut en Holllywood multiplicó mi lista amantes.  De Elia Kazan a Marlon Brando, pasando por Frank Sinatra y James Dean.  Los contratos en el cine, para quien no lo sabe, se firman en la cama.

La vida me trajo a un set cinematográfico que me convirtió en una estrella.  Bueno, soy un simple ser humano. Pronto descubrí que la fama no trae la felicidad. Tampoco el dinero.  Un espejismo que todos los actores persiguen.

Tengo miedo a la muerte y jamás me suicidaría. Creo firmemente en Dios y en los valores de la fe.  Aún con una vida licenciosa los principios que me inculcaron las monjitas jamás los he olvidado.  Voy a misa los domingos pero de incógnito. Siempre luchando entre mis apetitos carnales y mi conciencia.

He cometido muchos errores que la vida me ha cobrado muy caro. Como haberme enamorado de un hombre casado y además primer mandatario. Tuve algunos abortos provocados al principio de mi carrera que afectaron mi matriz y quedé estéril. 

Me casé a los 16 en plena II guerra mundial. Mis tutores iban a cambiar de domicilio y no sabían qué hacer conmigo. Entonces ofrecieron mi mano a James que era mi vecino.  Un chico apuesto y osado.  Pronto lo reclutaron en La marina para ir a la guerra. Me dejó trabajando en una fábrica de paracaídas.

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Un fotógrafo me invitó a posar desnuda para una revista. Insistió tanto que me convenció ofreciéndome mucho dinero.  Enseguida conseguí un contrato de modelo.  Si hubiera sabido lo que me esperaba jamás hubiera aceptado.  Fue mi lanzamiento y mi condena.

Ocasionalmente, mi madre me llevaba a la RKO donde laboraba.  Ahí conocí a grandes luminarias del cine mundial.  Soñaba con ser tan aclamada como ellas. A las actrices las veía bellas, seductoras, glamorosas.

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Quería ser tan hermosa como Lupe Vélez, o tan misteriosa como Greta Garbo. Marlene Dietrich, me impresionó con esas piernas preciosas y un vozarrón de trueno.  A Mary Picford, la conocí en plena decadencia y dicen que fue esposa de Rodolfo Valentino.

A Greta, "la divina", la veía caminar en los pasillos tan despacito como una serpiente.  Pocas veces sonreía y era tan gélida como un copo de nieve. Cómo me fascinaba ver a Gary Cooper ponerse la corbata frente a un espejo, ¡qué elegante y guapote se veía con esos ojos azules burilados en el cielo!

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Douglas Fairbanks, me saludaba diciendo: “!hola pequeñita!”, y me regalaba dulces, globos y en mi cumpleaños una muñeca.  Me besaba y se iba rápidamente a la filmación.  Yo iba corriendo a decirle a mamá que un señor me había besado.  Ella sonreía acariciándome el pelo.

A Mae West, la recuerdo siempre provocativa en las locaciones, tenía unos senos enormes y una sonrisa pícara. Dolores del Río, tan modosita como una princesa, ¡me encantaba su vestuario!  Todos actores de primer nivel. Emocionada escuchaba el grito del director: “¡Luces, cámara, acción!”.  Y me sentaba en primera fila.

Pero todo pertenece al pasado y ya no me interesa.  Debo aprender a vivir en el presente.  Haber aceptado posar desnuda cambió mi destino.  Una chica inexperta que se dejó envolver por los reflectores. 

Es demasiado tarde para arrepentirme. Norma Jean, es una chica sensible y de gran corazón.  Amo la naturaleza y a los huérfanos. Admiro el conocimiento y el talento. Mis defectos y virtudes aquí se los voy a mostrar.  En los hospicios me aficioné a la lectura.

Me gusta leer a los clásicos: Dikens, Poe, Cervantes, Shakespeare.  La poesía me hace reflexionar.  El cine nunca me dio un papel verdaderamente valioso.  Para los productores sólo soy "la rubia tonta". Mis fans son la única familia que tengo.

Tengo pocos amigos, un perro, un fotógrafo, y una chica a quien le tengo mucho cariño.  En el cine hay demasiados intereses creados. Todos te miran con envidia o hipocresía.  Para los hombres soy un filete suculento que quisieran devorar.  Eso me hace sentir vulnerable.

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Creo que los estoy abrumando con mis aprehensiones. Seguramente querrán adentrarse en mi vida como en un documental.  Espero lograr un poquito de su comprensión al final. Tal vez encuentren una explicación racional a las interrogantes de mi vida porque yo no la he encontrado”. 
    
Así terminaba el prólogo. Hice una pausa y observé a Marilyn absorta leyendo mis poemas.  Tomé un vaso de agua. Eran anécdotas dispersas de buena parte de su vida y excitaban mi imaginación.  Como tantas mujeres célebres Marilyn tuvo necesidad de contar sus memorias. Tal vez presintiendo que moriría joven y que el público querría saber detalles.





miércoles, 11 de abril de 2018

El rostro oculto de Marilyn XI



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Cap. XI

El placer y sufrimiento son extremos que se tocan.

José de Cádiz


Marilyn insistió en conocer mi departamento. La llevé y escuchamos música. Le pedí que bailáramos desnudos y nuestros sentidos se dispararon. Me enervaron sus caderas blancas y tersas como alabastro. Nada hay más excitante que contemplar un par de montañas a nuestra entera disposición.
La música nos arrastró a un torbellino de caricias. Le sugerí que se recostara boca abajo. Besé y estrujé sus encantos con lascivia. Recliné mi cuerpo en el suyo y la rubia gimió de placer.  Deslicé mis manos por su cintura mordiendo ligeramente el lóbulo de sus orejas. Acaricié en círculos sus pezones bien erectos.
Sus mejillas encendidas denotaban intenso erotismo. Se volteó súbitamente y me rodeo la cintura con sus piernas. Sus manos ansiosas hurgaban cada parte de mi cuerpo. Friccionó mi pene con delicadeza como si temiera hacerle daño.  No supe cuánto tiempo transcurrió pero me sumergí en un mar de sensaciones indescriptibles. Cada molécula de nuestros cuerpos vibraba como cables de alta tensión.
La excitación y el sudor nos mojaron completamente. Me dolían los testículos y apunté mi miembro a su vulva en una penetración lenta y profunda. Marilyn arqueaba su cuerpo en cada orgasmo.  Posteriormente adoptó la posición más salvaje y primitiva. Una hembra voluptuosa con un varón insaciable.  Me propuse prolongar el placer tanto como fuera posible.
Quedamos exhaustos y completamente relajados hasta la una de la mañana.  Me dormí y desperté con una erección más violenta.  Palpé en la oscuridad el cuerpo tibio de una mujer. Recordé que tenía como huésped a una diva. Ignoraba si estaría dispuesta a continuar la sesión. No me atreví a despertarla. Tomé un baño de agua fría y me volví a dormir.

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El placer y sufrimiento son extremos que se tocan. La eterna dualidad de la cual pretendemos escapar.  Aquella madrugada viviría una de las experiencias más desconcertantes de mi vida. En lo profundo del sueño la rubia empezó a gritar:
 
--¡No, no, por favor! ¡Déjeme! ¡Se lo suplico! –se quejaba visiblemente consternada.

Me desconcerté sin saber qué hacer. Se me ocurrió despertarla y la sacudí vigorosamente.  Deseaba que mis palabras la tranquilizaran pero no fue así. Ella gritaba con más fuerza aún.

--¡No, no, por favor! ¡Déjeme, soy una niña! ¡Soy una niña!

Abrió los ojos aterrorizada como a punto de ser lanzada a un precipicio. Comprendí que se trataba de un shock y recordé su consternación pasada.  Nunca pensé que las secuelas de un trauma fueran tan terribles y estaba reviviendo su violación.  Mil ideas se agolpaban en mi mente. Expresé con serenidad tratando de parecer natural:

--Por favor, corazón, tranquilízate. Nadie te hará daño aquí.  Todo fue una pesadilla.  

Se agitó dolorosamente en la cama. 
La abracé y besé con gran ternura. Mis palabras la serenaron un poco pero continuaba llorando. Se aferraba a mi cintura temblorosa. Deslicé suavemente mis dedos en sus cabellos. 

¿Era el motivo de sus fracasos matrimoniales? ¿Un trauma que la marcó para siempre?  Lamentablemente sus parejas no entendieron su sufrimiento emocional.  Fue demasiado el daño para alojarse en su subconsciente todo el tiempo. Los seres humanos reaccionamos al dolor de diferente manera. Una niña es particularmente sensible y su psiquis se alteró diametralmente.

Había leído lo suficiente para saber  que un trauma se cura reviviendo el impacto provocado.  ¿Estaría la bella dispuesta a contarme su experiencia? Estuvimos largo rato sin hablar cobijados con las primeras luces del alba. Es tan hermoso un amanecer con la mujer deseada.

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En el lecho se comparten emociones y sentimientos.  Pero no es la fuente de la felicidad más plena.  Ésta se encuentra en una dimensión superior a los sentidos. Le pregunté con mucho tacto:

 --Norma, ¿qué sucedió aquella vez en tu infancia?

Guardó silencio y cerró los ojos apesadumbrada. Negó con la cabeza. 

--Si gustas podemos hablar otro día.  Trata de descansar. Mientras tanto prepararé el desayuno. 

--¡No por favor no te vayas! Tengo mucho miedo. Trataré de recordar todo si lo crees necesario pero no me dejes sola. En mi mente hay imágenes borrosas como en una película cortada.

La alenté con gran ternura:

--Dicen que el alma descansa cuando se comparten las penas.

Después de varios minutos decidió hablar:

--Tenía nueve años cuando sucedió todo.  Yo vivía con un matrimonio maduro y nunca me atreví a hablar de ello con nadie.  Ni siquiera con mi madre que vivía. Temía que no me creyeran o me consideraran loca.

 Respiró profundamente y continuó:

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El señor se mostraba cariñoso todo el tiempo. Yo lo veía como un padre y cifraba en él todo mi cariño. Su esposa era buena y me daba de comer antes de irme a la escuela.  Una noche la señora tuvo que ausentarse para visitar unos parientes en un condado de los Ángeles. Desgraciadamente, no regresó hasta otro día, situación que aprovechó su marido para….

Un nudo en la garganta cortó su voz. Parecía atravesar el túnel del tiempo como densos nubarrones. Sobrecogida de angustia prosiguió:

--Yo presentía que algo iba a ocurrir. Supliqué a la señora me llevara con ella pero se negó rotundamente afirmando que no era necesario.  Guardé silencio resignándome a mi suerte. ¡Dios mío cómo puede haber tanta crueldad en un hombre! –Marilyn sollozaba incontenible.

Dejé que se desahogara y después de unos instantes prosiguió:

--Esa noche cerré la puerta de mi cuarto pero había una ventana muy alta.  Los niños podemos presentir el peligro en cualquier situación.  En la madrugada sentí que alguien me tocaba --Marilyn se estremeció de nuevo.  

Intenté postergar su narración pero era demasiado tarde. Si querer había abierto un dique que la arrastraba despiadadamente al pasado. Su sinceridad me conmovió más:

--Cuando sentí sus manos en mis piernas grité con todas mis fuerzas. Me abrazó de la cintura por detrás inmovilizándome por completo.  Le supliqué que no lo hiciera pero se mostró más violento golpeándome sin misericordia. Comprendí que aquel hombre no era mi padre sino una bestia feroz dominada por el deseo.  Yo trataba de evitar la penetración pero él parecía excitarse más con mi resistencia: 

--¡No, no, por favor! ¡Se lo suplico! ¡Soy una niña! ¡Soy una niña! Sentí como si la zarpa de un tigre me desgarrara por dentro.

Marilyn se arrinconó en la cama cubriéndose la cara con las manos. Lloró incontenible durante más de una hora. La acaricié tratando de hacer menos dolorosa su catársis. Pude ver todo como en una pantalla del tiempo. En seguida se durmió adoptando la posición de un feto. Como remontándose al vientre materno donde nadie pudiera hacerle daño.  Donde sólo su madre la arrullara cantándole una canción de cuna.

Me levanté con gran sigilo a preparar el desayuno. Todo había resultado emocionalmente agotador. El sol se filtró por una ventana pero no me preocupaba estando con ella. Desde lo alto observé que cinco policías vigilaban el edificio. Preparé café, jugo de naranja, hot cakes. Aguardé pacientemente.

Después de 2 horas la actriz seguía dormida. Pedí a Dios despertara con un nuevo semblante.  Que terminara ahí su sufrimiento. El cielo debía brindarle toda posibilidad de ser feliz. Despertó y me saludó con una chispa de cordura y sobriedad:

--Hola, cariño, me apena mucho lo sucedido. ¿Te asusté demasiado con mis gritos?

--No, preciosa, para nada. Estoy acostumbrado a los imprevistos.

Se levantó, tomó una toalla, y se dirigió al baño. Salió de la regadera y sirvió dos cafés.  Parecía dispuesta a continuar conversando pero ahora desde otro ángulo:

--Si piensas que ya lo sabes todo de mí estás equivocado.  Posteriormente vinieron cosas más terribles.  Nunca volví a ser la misma.

 Yo la escuchaba sin parpadear:   

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--Soy una mujer insatisfecha todo el tiempo. Ni el sexo, ni el dinero, ni la fama llenan el vacío de mi alma.  Nada en la vida me hace feliz.

Sonrió amargamente y agregó:

--A partir de aquella noche tuve una gran necesidad de tocarme. Sintiéndome posteriormente muy sucia, porque mi educación católica me inculcaba otra cosa.  Terminaba llorando.

--Norma, ¿cuántas veces te has enamorado?

--Dos veces. De Arthur Miller, y John F. Kennedy.

--¿Tu primer esposo no cuenta?

--Creo que fue una ilusión pasajera. James, nunca me perdonó haber posado desnuda. Me abandonó y me vi sola y desprotegida. 

 --Afirman que fuiste el gran amor del beisbolista Joe Demaggio

--El amor no se demuestra con golpes. Era demasiado celoso y posesivo, exigía me retirara del cine.  Me pegaba frecuentemente. Un día me fui de su casa para siempre y nos divorciamos.  Pero, eso sí, ¡es un toro en la cama! Cuando estoy sola lo llamó.

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--Cuéntame tu relación con Arthur Miller.

--Me enamoré de su inteligencia y talento.  Había leído sus libros y buscaba el cariño de un padre.  Deseaba tener un hijo y me embaracé muy pronto. A los 3 meses perdí a mi bebé. Arthur me acompañó a filmar una película en Londres y allá me abandonó.

--¿Por qué?

--Bueno… tuve una aventura amorosa con un guionista.

--A ningún marido le gusta una esposa infiel.

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--No puedo controlar mis atracciones. Soy una mujer impulsiva con el sexo. Me sentía frustrada por la pérdida de mi bebé.  Lamento haber desilusionado a Arthur.

--Supongo que con John Kennedy fuiste inmensamente feliz.

--Es verdad. Yo tenía línea directa a La casa blanca y lo visitaba con frecuencia. Era tierno y cariñoso todo el tiempo.  Su esposa encontró mis pantaletas en su oficina. Un detective le informó de nuestra relación.  Jaqueline Kennedy me odia encarecidamente. 

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--Es natural, le estabas quitando al marido. 

--Hoy comprendo la situación.  En aquel momento el amor me cegó.

--Ya veo que el amor es ciego y sordo. Dicen que “el corazón tiene razones que la razón desconoce”.

--Creí morir cuando John ya no contestó mis llamadas y me refugié en las drogas y el licor.  Entonces tuve una relación con un capo.

--¿Con un capo?

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--Sí, se llama Sam Giancana.  Frank Sinatra me lo presentó en Las vegas. Ese día nos tomamos unas copas y no supe más de mí.  Giancana, odia a los Kennedy y dice que John llegó a la presidencia gracias a sus contactos sindicales. Jura que lo traicionaron y que algún día se vengará.

--¡Qué barbaridad!

 --En mi diario anoto puntualmente estas anécdotas.  Lo dejaré en tu buró por si deseas conocerlas.

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Por lo visto la estrella no tenía reservas. El público sabía que escribía un diario y tenerlo a mi disposición era como tener el tesoro de Alí Babá y los cuarenta ladrones. O mejor aún,  las memorias de Adolfo Hitler y Eva Braun. Un texto que contenía revelaciones que jamás imaginé. 




martes, 10 de abril de 2018

El rostro oculto de Marilyn X


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Cap. XI

"Me encantaría bailar sin ropa contigo".

José de Cádiz


Llegamos al Casino “Jai alai” pero Marilyn decidió no entrar. Tenía temor de encontrarse con gente del cine y tener que dar explicaciones.  Obviamente tenía gustos más refinados y decidió conocer "Caleta" y “Caletilla”.

El casino estaba enfrente de esas 2 playas.  Ahí donde se inspiró Agustín Lara para componer su canción, "María Bonita", en honor a su esposa María Félix.  Riberas tradicionales de lo más concurridas. “Quien no conoce Caleta no conoce Acapulco”, reza la publicidad.

Un poco inquietos por haber tenido que cambiar los planes recorrimos a pie los balnearios. No esperábamos semejante contingencia de persecución. El motivo de todo ese revuelo era su diario.  Cada vez aumentaba más mi curiosidad y deseo de leerlo.
 
Frente a Caleta la diva expresó fascinada:

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--¡Fantástica playa! ¡Verdaderamente de ensueño! En luna llena debe ser una maravilla visitarla.

--Es muy concurrida durante el día.  De noche sólo vienen pescadores y parejas en busca de intimidad –contesté.

Descalzos caminamos sobre la finísima arena aún calientita por el sol. Exhaustos, nos sentamos en unos sillones rústicos de madera.  Nos acercamos a unos pescadores que sacaban peces de una red. Oscurecía y había pocos bañistas. La actriz reclinó su cabeza en una palmera y contempló extasiada el paisaje. El aire corría impetuoso alborotando su melena. 

El clima tropical provoca una constante voluptuosidad. Un afán de abandonarse a los placeres de cupido. Se experimentan frecuentes erecciones en un paraíso donde todo puede suceder.  Mujeres bien formadas deambulan todo el tiempo por las playas.

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Sobre la palmera la actriz cerró los ojos un momento.  Me acerqué cautelosamente contemplándola en silencio. Nunca la vi tan hermosa y seductora. No pude resistir el impulso de besarla suavemente, como los pétalos besan el rocío. Abrió los ojos y musitó:

--Me gustaría cumplir todas tus fantasías.  Por la poesía que me declamaste deben ser muchas.

--Sin duda, y sería como una bendición del cielo --afirmé.

Me recosté en la arena en una clara invitación a que ella hiciera lo mismo. Pero se negó rotundamente, argumentando:

--No, Joe. Este lugar solitario puede ser peligroso.

--Recuerda que alguien nos anda buscando. No tenemos muchas opciones.

--Prometiste llevarme a tu departamento.

--Hace un calor intenso allá. En cambio aquí el clima es realmente fabuloso.

Marilyn, me miró directamente a los ojos, y con voz firme exigió:

--Llévame, por favor, ahora o nunca.

Aquella no era una petición, era una orden. Abordamos en silencio una patrulla. Un compañero, de entre quienes la vigilaban,  nos trasladó a mi domicilio. Yo estaba tan emocionado como un novio en su noche de bodas.  Cuando me dijo: “me gustaría cumplir todas tus fantasías”, sentí un cosquilleo en mis genitales.

Llegamos a mi departamento sin contratiempos. Excitado, nervioso, trataba de encontrar la llave.  Por fin pude abrir la puerta con sigilo. Temía que algún vecino chismoso nos sorprendiera.  El compañero se retiró prudentemente dejándonos solos.

Entramos como si fuéramos a un rincón del edén.  Marilyn observaba sorprendida cada detalle. Encendí la luz y nos miramos un momento uno al otro. Pensé que preferiría regresar a la playa pero en lugar de eso exclamó:

--¡Cielos cuántos libros! ¡Y una máquina de escribir! Se respira un ambiente de creatividad.  ¿Aquí escribes tus poemas?


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--En efecto, aquí me alumbran las musas. Toma asiento, por favor, ¿deseas tomar una copa?

--No, gracias, me gustaría escuchar música.  Veo que tienes tienes un arsenal de discos.

Encendí mi modular con un disco de Los Beatles: "Hey Jude", "No me abandones", “Yesterday”, entre otras melodías. Quería hacerla sentir emocionada y feliz. Canciones que dispararon mis más secretas elucubraciones. Debía crear un ambiente especial para ese encuentro.  Encendí una varita de incienso con olor a canela. Apagué la luz dejando un buró prendido.  Cerré las persianas y accioné el viejo ventilador. Desconecté el teléfono.  Bebí un vaso de agua y le ofrecí un caramelo a Marilyn.  Ella lo tomó sonriente.
  
Tomados de la mano escuchamos detenidamente cada melodía.  Le dije al oído:

--Ahora ya conociste mi hogar. ¿Qué te pareció?


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--Encantador. Me gustaría tener uno así. En mi residencia de California sólo hay tristeza y desolación.




--¿Qué te falta para ser feliz, Norma?

--Todo: amor, seguridad, sosiego interior.  Hollywood te da mil dólares por un beso pero 50 centavos por tu alma.

--¿Puedo saber qué buscas en un hombre?

--Sin lugar a dudas: ternura y virilidad.

Norma Jean solía ser aguda en sus observaciones. A veces demasiado sincera. En un momento dado sugirió:

--¿Bailamos?

--Por supuesto, hace rato quería pedírtelo.

Iniciamos una danza lenta como un ritual.  Fue la culminación de un ensueño largamente acariciado. Suave y sinuosa en sus movimientos. Parecía una sacerdotisa egipcia bailando en un aposento de La gran pirámide. Ninguno se dejó llevar por el arrebato y disfrutamos intensamente cada melodía. Nuestros cuerpos eran una clara invitación a explorarnos. Un desafío más para ir más allá de nuestros sentidos. 

Después de varios minutos le hice una insólita petición:

--¿Podemos bailar sin ropa?
  
Ni siquiera me contestó. Se fue quitando sus prendas sin prisa hasta quedar en pequeñísimo bikini.  Yo la observaba extasiado sin dar crédito a lo que mis ojos veían.  Me despojé también de mi ropa quedando en un short de baño muy ajustado. Continuamos bailando estremecidos de placer. La apreté con vehemencia y ella se ciñó a mi cintura.

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En un momento dado nos quitamos la última prenda. Contemplé sus senos erguidos como capullos en flor. Su abundante vello púbico en perfecta sincronía con mis genitales. Dejé al descubierto mi masculinidad y nos miramos fijamente. Aquel preámbulo era verdaderamente una caja de sorpresas. Cambié el disco y avancé hacia la rubia con toda decisión.

Percibí una violenta sacudida al estrecharla de nuevo en mis brazos. Mi pene tan erecto como un mástil era un volcán a punto de hacer erupción.  Gotitas de lava ardiente escurrieron precoces. El cuarto se inundó de un penetrante olor a testosterona y feromonas. 


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Sumergidos en una vorágine de voluptuosidad aspiré su perfume hasta extasiarme.  Descubrí sorprendido que cada mujer tiene un olor especial. El deseo se apoderó de nuestros sentidos como dos fieras en celo.


sábado, 7 de abril de 2018

El rostro oculto de Marilyn IX



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Cap. 1X

La reseña mundial de cine

José de Cádiz



Marilyn fue golpeada en su suite por 2 desconocidos y tuvimos que reforzar la vigilancia. A otro día la visité esperando encontrarla abatida. Para mi sorpresa estaba frente al tocador arreglándose con esmero. Apenas se le notaba un ligero moretón en la cara.  Con un hermoso vestido verde se delineaba pausadamente los labios. Le pregunté sorprendido:

--¡Cuánta belleza y glamour! ¿Dónde será el “reventón” Marilyn?

Contestó de buen humor:

--Quiero que me lleves a comer al mejor restaurante. No quiero permanecer triste en Acapulco. Vine a recrearme y eso haré justamente.  Se me antoja un coctel de camarones o un pescado a la talla. ¿Puedes sugerir una buena opción?

--Claro, pero, ¿te sientes bien? Ayer te encontrabas afligida. ¿No te duele nada?

--Absolutamente.

--Me da gusto verte tan animada.

Beautiful Marilyn

Me miró sentenciando:

--He comprendido que la vida es corta y hay que vivirla.  Aprovechar cada minuto de nuestra existencia.  No voy perder más el tiempo en lamentaciones y llantos.

--Muy buena filosofía, conozco un restaurante que te va a encantar.  Pero iré a cambiarme de ropa a casa.

Contestó bromeando:

--Pero si te ves muy bien con ese uniforme blanco. Me encanta esa loción varonil que usas. Te prohíbo que te vayas a cambiar.

--Bueno, al menos déjame ducharme en tu baño.

--No me hagas caso. Puedes hacer lo que gustes, desde niña he sido muy bromista.

Me fui a ponerme una ropa adecuada.  Quería parecer un turista y no un gendarme en funciones. En Acapulco hace un calor intenso y el sudor moja la ropa a cada instante. Uno de mis mayores placeres consistía en llegar a casa después del trabajo y quedarme sólo en ropa interior.  Cenar, leer un poco, y luego a dormir.  Presentía que ese día sería muy especial comiendo mariscos al lado de una mujer como Marilyn.
  
Debido a lo sucedido había 3 elementos más para vigilar más eficazmente a la actriz.  Ella prefería viajar en taxi en lugar de usar la limusina. Nos dirigimos a una bahía muy concurrida por sus aguas mansas: “Puerto Marqués”, el día era reposado y lleno de sol. La diva estaba ávida por conocer otros atractivos turísticos. Un sombrero de anchas alas la ayudó a pasar desapercibida.

Marilyn Monroe

En Puerto Marqués hay restaurantes al aire libre que ofrecen mariscos frescos todo el tiempo.  Con fama de preparar exquisiteces culinarias y bebidas exóticas. Se pueden disfrutar paseos en lancha o velero.  Afortunadamente, nadie siguió a Marilyn en esa ocasión.

Los turistas usan ropa de playa, bronceador, gafas para el sol, y repelente para los mosquitos.  Elegimos un restaurante donde había música viva. Estaba completamente lleno. Pedí la carta y elegí una rica “campechana”. Norma escuchó sorprendida el pedido y preguntó:

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--¿Qué significa “campechana”, Joe?

--Es un cóctel de pulpo con camarones y otras 5 variedades de pescado.

--¿Me puede traer eso a mí? –-pidió al camarero.

--Con mucho gusto señora.

Estaba seguro que en su vida había probado Marilyn la “campechana”. Pero ella quería olvidarse de todo hasta de la comida gringa.  Discretamente vi la cara de angustia que puso al probar la salsa roja picante conque aderezan ese platillo. Unas cervezas frías sirvieron como aperitivo.

La música amenizaba el lugar en un ambiente festivo. Los turistas comían y bailaban alegremente.  Luego llegó un trío entonando música de antaño con guitarra.  Composiciones que despertaron la nostalgia de los presentes. Norma escuchó sorprendida tratando de encontrarle sentido a las letras. Le gustaron mucho los boleros, “Piensa en mí”, y “Acapulqueña”.

Más tarde nos fuimos a recorrer la bahía en un velero alquilado. Resulta emocionante viajar en una nave sin timón que puede ser como la vida misma. Sentir la fuerza del aire nos proporciona una sensación de libertad.  Nunca vi a Marilyn tan relajada y contenta.

El sol daba de lleno en su rostro proporcionándole un bronceado fabuloso. Sus mejillas sonrosadas resaltaban sus ojos celestes. El velero se abría paso en el océano semejando un caminante desorientado. El aire impetuoso nos bamboleaba y la actriz se aferraba con fuerza a mi espalda. Por fin logré orientar la vela.

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Expresó emocionada:

--¡Esto es el paraíso! El recuerdo de estos paisajes será mi fortaleza. Es tan bonito sentirse libre.

--Eres tan libre como tú quieras.  A veces la esclavitud la llevamos en la mente.

--De niña soñaba con conocer el mar y nunca tuve oportunidad.  Me hubiera encantado conocer estas olas.

--Ahora ya los conoces y puedes estar satisfecha.  Yo nunca pensé en ser tu amigo y sin embargo he cumplido mi sueño. Siempre hay ilusiones que se cumplen.  Hay que mentalizarnos y no perder nunca la fe.

La bella contestó con un silencio inescrutable.  Sus ojos luminosos miraban el cielo como queriendo descifrar el infinito. La brisa fresca resultaba una caricia para el cuerpo. Agregó:

--Quisiera palpar el horizonte y ver más allá del sol.  Algún día me compraré una casita en un lugar como este.  Volveré al anonimato.

--Por lo visto reniegas de tu fama.

--Reniego de las consecuencias.  Antes no vivía tan angustiada.

--¿Será que no supiste manejar la popularidad?

Marilyn Monroe by Eve Arnold - "The Misfits"

--Era una chica joven e idealista.  Nunca pude apartar mi vida privada de los reflectores.  La fama debes saber utilizarla o te destruye.

Volvimos a “Puerto Marqués” cuando la tarde declinaba.  Cinco policías vigilaron nuestro velero con binoculares. Al llegar noté que intercambiaban miradas maliciosas.  Una puesta de sol nos despidió en lontananza.

La estrella pidió un taxi que la llevará a un exclusivo centro comercial. Ahí compró las más extravagantes prendas: Botas, pelucas, pantalones, maquillaje y unos bigotes postizos. Yo la miraba extrañado sin acertar a comprender gustos tan extraños. En el trayecto al hotel le pregunté:

--¿Vas a filmar alguna película?

--No, estas prendas son para disfrazarme.  Yo me visto con los mejores modistos del mundo.  Diseños que elige y paga mi agencia de publicidad.

--¿Para disfrazarte? No entiendo.

--Los hombres que entraron a golpearme aún se encuentran en el puerto. Aprenderé a cambiar de identidad, mi vocación de actriz me ayudará. De lo contrario, el peligro me acechará en cada esquina.

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Norma Jean era más inteligente de lo que todos suponían. Regresamos al hotel oscureciendo y contemplamos las luces de la bahía desde la terraza de su suite. Sentía los rayos del sol ardiendo en mi rostro.  La rubia tenía que hacer llamadas de larga distancia. Situación que aproveché para ir a mi departamento a descansar un poco.  Me recosté en un sillón y el teléfono repiqueteó insistentemente. Era Fabiola, quien llamó para decirme:

--¡Hola, corazón! Voy para tu casa en este momento.

--¡Hola, cariño! Lamento no poder recibirte. Estoy de guardia y sólo vine a cambiarme. 

-¿Ya no tienes días de descanso? Antes me llamabas y no las pasábamos bomba. ¿Qué te pasa, Joe?

--Simplemente tengo exceso de trabajo. Luego te llamo, ¿sigues tomando cursos de baile?

--Sí, pero no me cambies el tema.  Recuerda que prometimos hablarnos con la verdad.  Si estás tan ocupado, hasta pronto,  ¡chao!

--¡Chao, preciosa!

Me quedé sorprendido por el giro de la conversación. Las mujeres de alguna manera intuyen cuando alguien les miente.  Fabiola no sabía nada de Marilyn y parecía estar al tanto de todo.  Debía contarle la verdad.  Ella sabría comprender.

Me puse una playera, jean, tenis, y partí de nuevo al hotel. No sabía si la rubia aceptaría ir al cine o preferiría otro sitio.  Había cambiado de opinión:

--No quiero ir al cine. Me gustaría visitar el Casino Jai Alai. ¿Lo conoces?

--Sí, es un lugar muy exclusivo. Lo frecuentan niños ricos, celebridades y políticos.


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Marilyn era tan caprichosa y voluble como una mariposa. Me había dicho claramente que quería ver “Locura de amor”. Respeté su decisión.  Finalmente yo estaba ahí para complacerla.

Nuestro taxi se desplazaba velozmente por la Avenida costera. El chofer manejaba con precaución en una tarde lánguida y fresca. Por la ventanilla observábamos la algarabía de los turistas.  De pronto, el conductor nos comentó alarmado:

--Debo advertirles que alguien nos viene siguiendo. Son tres individuos con gafas, ¿qué hacemos?

Nos miramos confundidos un momento.  Pero la actriz recuperando el aplomo ordenó al chofer:

--Trate de evadirlos como pueda y llévenos por otra vía al “Casino Jai A lai”.

--De acuerdo. Lo intentaré.

El taxista maniobró hábilmente durante varios minutos. Por fin logró escabullirse por un callejón solitario y llegamos al exclusivo lugar. Por fuera lucía imponente y majestuoso. Autos elegantes aparcaban en el estacionamiento. Parejas bien vestidas descendían sonrientes.


Un club donde los turistas apostaban fuerte.  En los años 50s y 60s fue el centro de reunión del Jet Set internacional. Su clientela eran preferentemente celebridades y magnates que venían a jugar frontón o boliche.


La “pandilla de Holywood” lo visitaba frecuentemente.  Un selecto grupo conformado por: John Wayne, Ava Gadner, Jonhy Westmuller, Betty Davis, Douglas Fairbanks, Orson Wells,  Gary Cooper, entre otros. Tanto les gustaba Acapulco que compraron un hotel exclusivamente para ellos: “Flamingos club”, que aún existe como testigo fiel de esa época rutilante.  Marilyn, no era la excepción en su fascinación por el puerto.

En el “Jai a lai” había ruletas y juegos diversos con pelotaris uniformados que hablaban varios idiomas. Guapas edecanes atendían a la clientela en minifalda. Era común encontrar a luminarias del cine internacional: Silvana Mangano, Gina Lollobrígida, Brigitte Bardot, Sofía Loren, que venían anualmente a la "Reseña Mundial de cine". Un festival que atraía a miles de turistas.

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Famosos, que aburridos de la farándula, se venían a veranear los fines de semana. El aeropuerto internacional Juan Álvarez estaba recién inaugurado y los hoteles de 5 estrellas. En el casino también coincidían actores del cine nacional: Pedro Armendáriz, Dolores del río, Indio Fernández, Jorge Negrete, y tantos más.

Los años 40s y 50s fue la época de oro del cine mexicano.  Películas premiadas en festivales internacionales.  Acapulco celebraba cada año la “reseña mundial” con invitados especiales.  Se presentaba lo mejor de la cinematografía universal. Las cintas eran exhibidas en presencia de sus actores.  El museo “Fuerte de San Diego” era la sede por su historia y tradición.  El puerto no contaba con grandes auditorios como ahora.

Al festival llegaban productores, guionistas, prensa y público en general queriendo conocer a sus actores favoritos.  “El paraíso de América” se perfilaba como centro turístico de talla internacional.  Los barrios históricos conservaban su encanto natural. La Quebrada, Caleta, y Caletilla, eran lugares obligados para todo visitante.

Las luminarias eran conducidas en helicóptero al Fuerte de San Diego y provocaban revuelo. Dolores del Río, y Manolo Fábregas, los recibían elegantemente vestidos. Había pantallas gigantes en los parques para que el pueblo disfrutara del festival. Varias cintas estrenadas aquí se convirtieron en clásicas: “Dr. zhivago”, "Y Dios creó a la mujer", “Bella de Día”, "Los olvidados", “Rebelde sin causa”, “El último cuplé”, "Los caballeros las prefieren rubias", etc.

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Acapulco fue y sigue siendo escenario natural del mundo del espectáculo. El cine y la Tv han hecho del puerto una mina de oro.  Sus playas ejercen un magnetismo hipnótico sobre quienes las conocen. Los turistas se enamoran del balneario.

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Llegamos al casino Jai alai pero Marilyn decidió no entrar. Cambiaba de opinión con facilidad. Alguien le comentó que se encontraban presentes quienes la habían demandado por incumplimiento de contrato.  Pidió mejor la llevara a conocer las playas de “Caleta”, y “Caletilla”.  Estábamos precisamente en el lugar indicado. Se encontraban enfrente del club. Hacia allá nos dirigimos.





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Cap. XII " A mis admiradores y a quienes buscan la verdad ". José de Cádiz Marilyn, era una gran amante,...