sábado, 1 de julio de 2017

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN





Cap. X

Visitando “Puerto Marqués”

José de Cádiz


Cuando Marilyn fue golpeada en su suite por 2 desconocidos tuvimos que reforzar la vigilancia. A otro día la visité esperando encontrarla abatida. Para mi sorpresa estaba frente al tocador arreglándose y pintándose con esmero. Tenía una constitución prodigiosa plena de energía. Apenas se le notaba un ligero moretón en la cara.  Con un hermoso vestido verde se delineaba pausadamente los labios. Le pregunté sorprendido:

--¡Cuánta belleza y glamour! ¿Dónde va estar el “reventón” Marilyn?

Contestó de buen humor:

--Quiero que me lleves a comer al mejor restaurante. No quiero permanecer triste en Acapulco. Vine a recrearme y eso haré justamente.  Se me antoja un coctel de camarones o un pescado a la talla. ¿Puedes sugerirme una buena opción?





--Claro, pero, ¿te sientes bien? Apenas ayer te encontrabas afligida. ¿No te duele nada?

--Absolutamente.

--Me da gusto verte tan animada.

Me miró diciendo:

--He comprendido que la vida es corta y hay que vivirla.  Aprovechar cada minuto de nuestra existencia.  No voy perder más el tiempo en lamentaciones y llantos.

--Muy buena filosofía, conozco un restaurante que te va a encantar.  Pero, antes, iré a cambiarme de ropa a casa.

Contestó bromeando:

--Pero si te ves muy guapo con ese uniforme blanco. Me encanta esa loción varonil que usas. Te prohíbo que te vayas a cambiar.

--Bueno, al menos déjame ducharme en tu baño.

--No me hagas caso, puedes hacer lo que gustes, desde niña he sido bromista.

Me fui a ponerme una ropa adecuada.  Quería parecer un turista y no un gendarme en funciones. En Acapulco hace un calor intenso y el sudor moja la ropa a cada instante. Uno de mis mayores placeres consistía en llegar a casa después del trabajo y quedarme sólo en ropa interior.  Cenar, leer un poco, y luego a dormir.  Presentía que ese día sería muy especial comiendo mariscos al lado de una mujer como Marilyn.
  
Debido al percance anterior solicitamos 5 elementos más para vigilar más eficazmente a la estrella. Ella prefería viajar en taxi en lugar de usar la limusina. Nos dirigimos a una bahía muy concurrida por sus aguas mansas: “Puerto Marqués”, el día era reposado y lleno de sol. La diva estaba ávida por conocer otros atractivos turísticos. Un sombrero de anchas alas la ayudó a pasar desapercibida.

En "Puerto Marqués" hay restaurantes al aire libre y los pescadores ofrecen mariscos frescos todo el tiempo.  Con fama de preparar exquisiteces culinarias y bebidas exóticas. Se pueden disfrutar paseos en lancha o velero. Afortunadamente nadie siguió a Marilyn en esa ocasión.





La mayoría de turistas usan sandalias, bronceador, gafas para el sol y repelente para los mosquitos.  Elegimos un restaurante donde había música viva. Estaba completamente lleno. Pedí la carta y solicité una rica “campechana”. Marilyn escuchó sorprendida el pedido y preguntó:

--¿Qué significa “campechana”, Joe?

--Es un cóctel de pulpo con camarones y otras 5 variedades de pescado.

--¿Me puede traer eso a mí también? –-pidió al camarero.

--Tiene buen gusto señora.

Estaba seguro que en su vida había probado Marilyn la “campechana”. Consciente que quería olvidarse hasta de la comida gringa.  Discretamente vi la cara de angustia que puso al probar la salsa roja conque aderezan ese platillo.  Unas cervezas frías nos sirvieron como aperitivo.

La música tocaba en un ambiente festivo. Los turistas comían y bailaban despreocupados.  Más tarde llegó un trío entonando melodías de antaño. Canciones que despertaron la nostalgia de los presentes. Norma escuchó sorprendida tratando de encontrarle sentido a las letras. Le gustaron mucho, “Piensa en mí”, y “Acapulqueña”.

Posteriormente nos fuimos a recorrer la bahía en un velero alquilado. Resulta emocionante manejar una nave sin timón que puede ser como la vida misma. Sentir la fuerza del aire nos proporciona una sensación de libertad.  Nunca vi a Norma tan relajada y contenta.





El sol daba de lleno en su rostro proporcionándole un bronceado fabuloso. Las mejillas sonrosadas resaltaban sus ojos celestes. La embarcación se abría paso en el océano semejando un caminante desorientado. El aire impetuoso nos bamboleaba y la actriz se aferraba con fuerza a mi espalda. Por fin logré orientar la vela.

Expresó emocionada:

--¡Esto es casi el paraíso! El recuerdo de estos paisajes será mi fortaleza. Es tan bonito sentirse libre.

--Eres tan libre como tú quieras.  A veces la esclavitud la llevamos en la mente.

--De niña soñaba con conocer el mar y nunca tuve oportunidad.  Me hubiera gustado visitar estas playas.






--Ahora ya las conoces y puedes estar satisfecha.  Yo nunca pensé en ser tu amigo y sin embargo he cumplido mi sueño. Siempre hay ilusiones que se cumplen.  Hay que mentalizarnos y no perder nunca la fe.

La bella contestó con un silencio inescrutable.  Sus ojos luminosos miraban el cielo como queriendo descifrar el infinito. La brisa fresca resultaba una caricia para el cuerpo. Comentó:

--Quisiera palpar el horizonte y ver más allá del sol.  Algún día compraré una casita en una playa como esta y volveré al anonimato.

--Por lo visto reniegas de tu fama.

--Reniego de las consecuencias.  

--¿Será que no supiste manejar la popularidad?

--Me faltaba experiencia.  Nunca pude apartar mi vida privada de los reflectores.  La fama debes saber utilizarla o te destruye.

Volvimos a “Puerto Marqués” ya muy tarde.  Mis compañeros nos vigilaban desde tierra con binoculares. Al llegar noté que intercambiaban miradas maliciosas.  Una puesta de sol nos despidió en lontananza.

La estrella pidió un taxi para ir a un exclusivo centro comercial. Ahí compró las más extravagantes prendas: Botas, pelucas, pantalones, pestañas y hasta unos bigotes postizos. Yo la miraba extrañado sin acertar a comprender gustos tan extraños. En el trayecto al hotel le pregunté:

--¿Vas a filmar alguna película?

--No. Estas prendas son para disfrazarme.  Yo me visto con los mejores modistos del mundo. 

--¿Para disfrazarte? No entiendo.

--Los hombres que entraron a golpearme seguramente se encuentran en el puerto. Tengo que aprender a cambiar de identidad cuando sea posible. De lo contrario el peligro me acechará en cada esquina.

Norma Jean era más inteligente de lo que sus fans pensaban. Oscurecía cuando regresamos al hotel y contemplamos las luces de la bahía desde la terraza de su suite.  Aún sentía los rayos del sol ardiendo en mi rostro.  La actriz tenía que hacer llamadas de larga distancia. Pedí permiso para ir a descansar a mi departamento. El teléfono repiqueteó insistente. Era Fabiola quien llamó para decirme:

--Joe, ¿estás ahí? Voy para tu casa en este momento.

--¡Hola corazón! Lamento no poder recibirte. Estoy de guardia y sólo vine a cambiarme. 

-¿Es que ya no tienes días de descanso? Antes me llamabas y no las pasábamos bomba. ¿Qué te pasa, Joe?

--Simplemente tengo exceso de trabajo. Luego te llamo, ¿sigues tomando cursos de baile?

--Sí, pero no me cambies el tema.  Prometimos hablarnos con la verdad, recuérdalo. Te dejo, si estás tan ocupado, ¡chao!

--¡Chao preciosa!

Me quedé sorprendido por el giro de la conversación. Las mujeres de alguna manera intuyen cuando alguien las engaña.  Fabiola no sabía nada de Marilyn y parecía estar al tanto de todo.  Debía contarle toda la verdad y ella sabría comprender.

Me puse una playera, jean, tenis y partí de nuevo al hotel. No sabía si la diva querría ir al cine o conocer otro balneario.  Pero había cambiado de opinión:

--No me apetece ir al cine. Me gustaría visitar el Casino Jai Alai, ¿lo conoces?

--Sí, es un lugar muy exclusivo. Lo frecuentan celebridades, políticos, y niños bien.

Marilyn era tan caprichosa y voluble como una mariposa. Me había dicho claramente que quería ver “Locura de amor”.  Respeté su decisión.

Un taxi se desplazaba velozmente por la Avenida costera. El chofer manejaba con precaución y por la ventanilla observábamos la algarabía de los turistas.  A distancia una patrulla nos vigilaba. De pronto, el taxista comentó alarmado:

--Debo advertirles que alguien nos viene siguiendo. Son tres individuos con gafas. ¿Qué hacemos?

Nos miramos confundidos un momento.  Pero la actriz recuperando el aplomo ordenó al chofer:

--Trate de evadirlos como pueda y llévenos por otra vía al “Casino Jai A lai”.

--Está bien. Lo intentaré.

El conductor maniobró hábilmente durante varios minutos. Por fin logró escabullirse por un callejón solitario y llegamos al concurrido casino. Por fuera lucía imponente y majestuoso. Autos elegantes aparcaban en el estacionamiento. Parejas y grupos descendían sonrientes.

Ahí los turistas apostaban fuerte.  En los años cincuentas y sesentas fue el centro de reunión del Jet Set internacional. Su clientela eran preferentemente actores y empresarios que venían a jugar frontón o boliche.

La “pandilla de Holywood” lo visitaban con frecuencia: John Wayne, Ava Gadner, Jonhy Westmuller, Betty Davis, Douglas Fairbanks, Orson Wells,  Gary Cooper, conformaban ese selecto grupo.  Tanto les gustaba Acapulco que compraron un hotel exclusivamente para ellos: El “Flamingos club”, que aún existe como testigo fiel de esa época esplendorosa.  Marilyn, no era la excepción en su fascinación por el puerto.

En el “Jai a lai” había ruletas y juegos diversos con pelotaris uniformados que hablaban varios idiomas. Guapas edecanes atendían a la clientela en minifalda. También lo frecuentaban luminarias del cine europeo: Silvana Mangano, Gina Lollobrígida, Brigitte Bardot, Sofía Loren, Toni Curtis quienes venían a la "Reseña Mundial de cine". Un festival que cada año se realizaba en el puerto.





Estrellas que aburridas de la farándula se venían a veranear los fines de semana. El aeropuerto internacional Juan Álvarez estaba recién inaugurado y los hoteles de 5 estrellas. En el casino solían coincidir actores mexicanos: Pedro Armendáriz, Dolores del río, Indio Fernández, María Félix, entre otros.

Los años 40s y 50s fue la llamada época de oro del cine mexicano.  Se Filmaron películas premiadas en festivales internacionales.  El puerto celebraba la “reseña mundial” con invitados especiales.  Se presentaba lo mejor de la cinematografía universal. Películas exhibidas en presencia de sus actores.  El museo “Fuerte de San Diego” era la sede por su historia y tradición.  Acapulco no contaba con grandes auditorios como ahora.

Las luminarias eran conducidas en helicóptero desde su hotel al Fuerte de San Diego. Dolores del Río, y Manolo Fábregas, las recibían elegantemente vestidos. Había pantallas gigantes en los parques cercanos para que todos disfrutaran del festival. Varias cintas estrenadas aquí se convirtieron en clásicas: “Dr. zhivago”, "Y Dios creó a la mujer", “Bella de Día”, “Los olvidados”, "Los caballeros las prefieren rubias", "El último cuplé", etc.




Llegamos al casino Jai alai pero Marilyn decidió no entrar. Tenía temor de encontrarse con los productores que la habían demandado por incumplimiento de contrato.  También porque cambiaba de opinión con facilidad.  Me pidió la llevara a conocer las playas de “Caleta”, y "Caletilla".  Estábamos precisamente enfrente de ellas.  Hacia allá nos dirigimos.



Fragmentos de la novela, "El rostro oculto de marilyn, próxima a publicarse.





miércoles, 14 de junio de 2017

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN





Cap. VIII

La actriz es golpeada en su suite 

José de Cádiz 



Aquel sueño donde vi a Marilyn rodeada de gente muerta me había dejado impactado.  Me levanté de madrugada a correr como 5 kilómetros. Hice mis ejercicios de rutina y desayuné. No había recibido instrucciones de mis superiores para abandonar la vigilancia de la actriz. La incertidumbre me atosigaba.

Tenía ganas de conversar con mis compañeros sobre nuestra actividad. Llegué al hotel y charlaban amigablemente.  Me extrañó que no hubiera grupos de estudiantes queriendo conocer a la diva. Todo estaba en paz y supuse que Marilyn ya se encontraba demasiado lejos. 

Intrigado, bajé a la recepción a preguntar. Mi vista se desvió hacia el sofá de aquel lobby donde la había conocido. Recordé sus reflexivas palabras: “Quisiera encontrar verdaderos amigos pero es casi imposible”. Había un recado que leí apresuradamente: “Joe, he decido quedarme, espérame en el restaurante del hotel. Podemos platicar a gusto y desayunar. Besos, Marilyn”.

El alma me volvió al cuerpo. Es increíble cómo pasamos de la tristeza a la felicidad en un santiamén. Como si la dicha dependiera del tiempo y no del azar. Caminé de prisa rumbo al restaurante. Me sentía como maratonista ganando una medalla olímpica. Eran las ocho A.M y había unos cuantos comensales. Me metí al baño a corregir mi apariencia. El ejercicio diario me sentaba muy bien.





Desconocía por qué se había quedado Marilyn pero tampoco me importaba. Cuando la conocí le había regalado flores y salí a la calle a comprar un ramo grande de rosas. En la mesa saqué un libro de bolsillo para disimular que estaba leyendo. En realidad sólo pensaba en ella mientras mi reloj parecía detenerse sin misericordia.

Por fin divisé a lo lejos a una rubia despampanante abriéndose paso entre los comensales como un vendaval. Una mujer                                extraordinariamente bella caminando en dirección a mi mesa. No pude resistir el impulso de ir a su encuentro. Expresé:

--¡Qué gusto verte!  Creí que ya no lo haría más.  Te hubiera extrañado tanto.

--Yo también.  Pero déjame caminar que traigo un hambre feroz.

Al ver las flores comentó:

--Eres muy detallista, ¿cómo sabías que me gustaban las rosas?

--Será que estoy empezando a adivinarte el pensamiento.  A una mujer espléndida le encantan las flores. Eres exuberante y supongo que muy apasionada.  Sólo que como a cualquier otro me gustaría conocerte más íntimamente.



--Te advierto que pocos hombres han sabido despertar mi pasión.  La mayoría son una nulidad en la cama.  Han pasado por mi vida sin dejar huella alguna.  ¿Acaso no lo sabías?

--Por supuesto que no.

Tomamos asiento mientras la escuchaba intrigado. Aquella confesión me había dejado perplejo.  Pidió la carta y eligió chuletas, sopa de verduras, jugo de naranja.  Parecía dispuesta a llenarse de energía. Pedí lo mismo y me hubiera encantado respirar su aliento, beber en su vaso, pero me contuve.

Agregó:

--Fíjate que me aterra la idea de volver a Hollywood.  Como si no perteneciera a ese mundo. He tenido sueños horribles.

--¿?

Iba a decirle que yo también los había tenido pero cambié de opinión:





--Quítate esas ideas de la cabeza.  Me has dicho que debemos enfrentarnos a la vida como sea. ¿Qué te pasa ahora?

--No puedo evitar sentirme agobiada.  Trataré de despejar cualquier superstición. Espero me ayudes a recobrar la entereza.

-Haré todo lo posible.  Esta tarde me gustaría invitarte al cine, ¿te gustaría alguna película en especial?

--Hay una cinta española llamada “Locura de amor”, que me encantaría ver.  Pero iré sin disfrazarme porque quiero ser yo misma. Con defectos y virtudes.

Continuamos charlando amigablemente. La actriz llenaba con su sonrisa aquel local.  Con su sentido del humor bromeó con los meseros quienes ya se habían enterado quién era y estaban contentos de atenderla.

Más tarde quiso salir a tomar el sol en Playa condesa. Se puso sus gafas y contempló el mar recostada en la arena. Al ver el oleaje azul decidió bañarse. Los dos traíamos traje de baño como si esperáramos ese momento. Era la segunda vez que veía a la rubia semidesnuda y no pude evitar inquietarme. Su sensualidad era francamente desbordante.






Salió del agua y se tendió boca arriba en la playa. Se recargó en un montículo de arena y me pidió le untara un bronceador.  Deseaba adquirir un tono de piel dorado.  El contacto físico me excitó sobremanera y disimuladamente me voltee de espaldas.  Demasiado tarde porque la rubia observó discretamente los atributos de mi entrepierna.  Sonrió con disimulo mientras desviaba su mirada hacia otro lado. Continuó con sus confidencias:






--¿Sabes? Pienso que soy una mujer complicada.  A veces quiero estar sola y encerrarme en un mutismo inexplicable. Otras tengo necesidad de ser amada con delicadeza. Ninguno de mis maridos lo comprendió y lo lamento. Frecuentemente despierto en las noches llorando. Un psicólogo me dijo que tengo heridas profundas de mi niñez no resueltas. Necesito superarlas para ser feliz.

--Quizá te afectó mucho el incidente de tu infancia.

--Tal vez demasiado.

Sentados en la arena observábamos tranquilamente la bahía. A distancia pequeñísimos veleros se alejaban semejando novicias despistadas. Nos invadió una mezcla de nostálgica sensualidad. No podía quitarme de la cabeza lo que me había dicho acerca de los hombres. Obviamente era una mujer experta.  Añadió:





--Anoche recibí la llamada de un editor. Me ofrecen un millón de dólares por mi diario.  Ni siquiera se identificó el interlocutor.

--¿Por eso decidiste quedarte?

--No, también por otros motivos.

Afirmó entusiasmada que su diario valía mucho dinero. A veces era tímida pero otras tan arrebatada como una amazona. Esos altibajos anímicos tenían un trasfondo psíquico. Sería inútil tratarla con psicólogos puesto que ya lo habían hecho en California. Yo no tenía ni idea cómo tratar un trauma pero me propuse ayudarla a cualquier precio.

Sin querer me había confesado  el abuso de su infancia. Ahí estaba el origen de toda su desdicha. Ese miedo y a la vez atracción fatal hacia los hombres.  Decidí comprar un libro que hablara sobre el tema. Me gustaba la psicología y era el momento de informarme más al respecto.  Visitaría bibliotecas, hablaría con especialistas.

Regresamos al hotel a medio día y dijo quería descansar. Me tomé el tiempo para ir a una librería.  Un título llamó poderosamente mi atención: “Cómo superar traumas de la infancia”, el autor era un poco complicado pero se me gravó un enunciado: “Las personas traumadas sufren mucho, necesitan superar ese trance reviviendo el impacto emocional que las postró.  Deben ser tratadas con delicadeza y mucho amor.  La libido puede ayudar”.  De manera que el sexo también era terapéutico.






2 horas más tarde regresé al hotel dispuesto a llevarla al cine. Me llevé una desagradable sorpresa. Norma yacía inconsciente en la alfombra de su suite. Supuse que se había desmayado pero un hilillo de sangre escurría por su nariz y con moretones visibles. Obviamente la habían golpeado y me alarmé demasiado.  Abrió los ojos pesadamente y le pregunté qué había sucedido:

--Unos salvajes me golpearon.

--¿¡Por qué!? ¿Por dónde entraron?

  --Exigían les entregara mi diario.  

--¡Llamaré a un médico!

--No, por favor, se enterará la prensa y será un escándalo.  Te ruego tengas paciencia. Sólo son golpes externos.

--Pero tú necesitas un doctor, pueden ser heridas graves.

--Tú me curarás, Joe. Trae ese ese botiquín, ahí hay alcohol y medicamentos.

Evidentemente la diva estaba subestimando el incidente. Por primera vez me percaté del gran peligro en que se encontraba.  Si los sujetos obedecían órdenes eran capaces de obedecer las peores. Traté de reanimarla cuanto pude y pedí una cena para dos personas.  Ella no quiso probar alimentos:

--Norma, dime la verdad, ¿quién te golpeo y por qué?

--Deben ser de mi compañía cinematográfica.  Recuerda que me demandaron por incumplimiento de contrato.






--No te engañes, Marilyn. Una empresa jamás se atrevería mandarte golpear. Un amante sí. ¿Qué está sucediendo realmente?

Desvió la conversación:

--Es muy tarde y quiero descansar; debo regresar pronto a California.  Les dije que olvidé mi diario en Los ángeles pero lo guardé en la administración. ¿Te gustaría hojearlo?

--Son cosas que sólo a ti te conciernen –-dije, disimulando mi curiosidad.

Norma lo solicitó por teléfono y me lo mostró. Palpé con expectación un cuaderno de pastas rojas, ¿qué secretos guardaba para ser tan codiciado? Luego se puso a escribir febrilmente.  Yo salí a notificarle la situación a mis compañeros quienes juraron no haber visto entrar a nadie.  Decidimos reforzar la vigilancia para cuidarla día y noche. Si le hubiera sucedido algo más grave estaríamos todos  en la cárcel. Afortunadamente todo quedó en la más absoluta discreción de la actriz.

Me encontraba confundido con mis sentimientos. Nunca imaginé ver a Marilyn golpeada tan brutalmente. Ese diario ocultaba algo muy delicado y alguien quería desaparecer. Comprendí que la actriz no quería involucrarme en su vida sentimental. ¿Por qué tendría que regresar pronto a California?

Esa noche no dormí y una duda me abrumaba. Si mis compañeros se encontraban apostados frente a su cuarto, ¿por dónde habían entrado a golpearla? ¿Eran los mismos agentes del FBI que la seguían un día antes? No me parecía lógica toda esa maraña de acontecimientos. Algo no encajaba del todo y me propuse averiguarlo con cautela. Era mi trabajo pero lo hubiera hecho con gusto aunque no me pagaran. Pretendía alejar a la estrella de cualquier peligro. Me interesaba demasiado su vida. Demasiado.

No quería aceptarlo pero me estaba obsesionando con Marilyn. De la admiración había pasado a la idolatría y posteriormente a la pasión  más arrebatada.  Me estaba sumergiendo en una vorágine de acontecimientos extremadamente audaces. En adelante el azar marcaría el rumbo de cada suceso.  




Fragmentos de la novela, "El rostro oculto de Marilyn", próxima a publicarse.





sábado, 3 de junio de 2017

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN





 Cap. XIII

Un diario revelador y explosivo

José de Cádiz


Marilyn no sólo resultó una gran amante sino también divertida y partidaria de la limpieza. Después de pasar la noche en mi hogar decidimos asearlo.  Salí a comprar lo necesario para comer ese día. Me interesaba atenderla a ella.

Comprendí que atrás de esa sonrisa se encontraba la niña huérfana, marginada y solitaria.  Una chica ansiosa de tener el hogar que nunca tuvo.  Siendo célebre tampoco pudo conservar sus matrimonios de manera permanente. Regresé de compras cuando terminaba de asear mí cuarto.  Una pañoleta enmarcaba perfectamente su rostro.

Debido a la excitación de la noche anterior no tuve tiempo de ocultar una fotografía de mi novia que adornaba un pequeño buró.  Marilyn la vio y preguntó sonriente:

-¡Qué chica tan simpática! ¿Tu novia?

--Sí –-contesté titubeando.

--Me gustaría conocerla. Podemos ser buenas amigas.

Comprendí que una mujer de mundo no se iba a espantar por mi noviazgo. La actriz tenía una mentalidad gringa sin prejuicios de ninguna índole. Me agradó sobremanera su actitud. Saqué los víveres de las bolsas y preparamos una rica ensalada de frutas.

Marilyn no comía tortillas y acompañamos la comida con pan. Nos saciamos con buen apetito y me miró detenidamente al final, quizá pensando: “¿Qué hago aquí comiendo con un policía?”, pero al instante recobró su sonrisa y sirvió dos vasos de agua.

Noté que su diario estaba intacto encima de la mesa como aguardando el momento de revelar su contenido. No resistía la tentación de leerlo pero no encontraba la oportunidad.  El calor arreciaba y encendí el ventilador.




Por primera vez la diva sentía el calor de un verdadero hogar.  Se comportaba serena y sin artificios. Algo teníamos en común los 2: nos gustaba leer y escribir.  Era lo que daba sentido a nuestras vidas.

No pude evitar acordarme de Fabiola y hacer comparaciones. Si la diva era un torbellino en la cama mi novia no se quedaba atrás.  No obstante Fabiola era mucho más práctica y después de una prolongada sesión se iba rápidamente a su casa. Únicamente platicábamos un poco cuando aseaba mi departamento. 

Siempre pensé que a Fabiola sólo le interesaba el sexo pero era incapaz de entregar su corazón.  Una relación anterior la había dejado marcada y juró no volver a casarse. Cuando comíamos juntos se desahogaba contándome los problemas con su hijo.  La consideraba prudente y nada celosa pero creo que me equivoqué rotundamente.  Lo pude comprobar esa tarde.

Marilyn quería leer otros poemas de mi autoría y se los mostré con gusto.  Se puso a leerlos con toda calma situación que aproveché para tomar su diario.  Si la diva estaba leyendo mis poesías yo tenía derecho a conocer su vida.




Lo abrí con expectación. Estaba escrito en inglés y por haber vivido 10 años en California lo entendía.  Noté al instante la excelente redacción que tenía. Sabía que escribía un diario pero desconocía sus habilidades literarias.  Leí con premura la dedicatoria e inicio:

“Para todos los hombres de mi vida. De una estrella errante en busca del amor.  A mis admiradores y a quienes buscan la verdad.   Reciban este diario con un beso y una flor desde el rincón más apartado de mi alma.   M M.

Y continuaba:

Escribo este diario cuando la tristeza o nostalgia me invaden.  En noches de pesadumbre en que no puedo dormir.  La soledad es como un fantasma que me persigue toda la vida.  A veces tan insoportable que salgo a la calle a platicar con el barrendero.

Lo inicié hace años para escapar de una realidad que me prohíbe ser feliz.  Siendo célebre lo continué para dejar un testimonio a la posteridad.  Sé que no soy eterna y pretendo dejarles un pedacito de mí.




Como sabrán no tengo familia y a mi padre no lo conocí.  De niña mi  madre tuvo que internarme en orfanatos para poder trabajar.  Cuando me preguntan quién es mi padre, contesto: “Abraham Lincoln”, y tengo una foto de él en la pared de mi casa. Lo admiro por haber abolido la esclavitud en EE.UU.

Siempre me sentí rechazada y más tarde traté de llamar la atención con los reflectores ansiosa de que me quisieran aunque sea un poquito.   La felicidad no está hecha para mí y el amor verdadero no lo he conocido.  Los hombres se acercan a mí por deseo o curiosidad.

El destino me ha dado fama y fortuna pero me ha negado grandes privilegios como la maternidad. Eso me duele pero nunca lo confieso. Ser madre es un gozo que toda mujer necesita para sentirse realizada. Cuando pude embarazarme el cine me lo impidió.  En mi primer contrato con la Twenty Century Fox especificaban que no tuviera hijos. 

Mi vida de actriz ha sido una pose permanente que oculta realmente lo que soy. Por primera vez he decidido quitarme la careta y mostrar mi corazón.  No voy a ocultar más mis sentimientos porque esa Marilyn que todos conocen no soy yo. Sino un ser humano completamente diferente. 




A los astros del cine nos consideran frívolos y carentes de valores.  Afirman que vivimos en un mundo de oropel muy apartados de la realidad.  Hay algo de verdad aunque no del todo cierto.  Somos superficiales, hedonistas, y nos cuesta diferenciar entre ficción y realidad.  Tan narcisista que una arruga nos puede poner a llorar.  Representamos tantos personajes que terminamos por no saber quiénes somos. Es el precio que pagamos por besar a tantas bocas.

Como artistas somos sensitivos y los desengaños nos duelen más que a la mayoría.  La fama nos puede encumbrar o aniquilar. El adulterio y las drogas son tan comunes en Hollywood.  Las aventuras interesadas me convirtieron en una golfa.  Buscaba pronto quien llenara ese vacío interior sólo para caer en una nueva frustración.

La popularidad con frecuencia marea y hace perder la cabeza.  Recibimos tantos elogios que empezamos a gravitar en las nubes.  Entonces recurrimos a los estupefacientes para aliviar estados de angustia o frustración.   He probado todas las drogas y en mis inicios tuve que ejercer la prostitución para poder sobrevivir.

Mi madre confeccionaba vestidos en los estudios de cine donde trabajaba.  No tener papá me produjo una sensación de orfandad toda la vida.  Desde niña tuve la impresión de ser un estorbo para quienes me trataban.


 
Siempre vivía pensando que nadie me quería.  Me he casado varias veces para no estar sola y sentirme protegida.  Desgraciadamente no encontré la felicidad con mis parejas.  Yo buscaba comprensión pero ellos buscaban sexo.

Desde que me inicié como modelo tuve amantes.  De Elia Kazan a Marlon Brando pasando por Frank Sinatra.  Viví un tórrido romance con James Dean. Lo conocí cuando estudiábamos en el Actor Studio en Nueva York.  Todos saben que los contratos de cine se firman en la cama.

La vida me trajo a un set cinematográfico que me convirtió en una estrella.  Pronto descubrí que la fama no trae la felicidad, tampoco el dinero.  Un espejismo que todos los actores persiguen.

Temo a la muerte y jamás me suicidaría.  Creo firmemente en Dios y en los valores de la fe.   Los principios que me inculcaron las monjitas del hospicio nunca se me han olvidado.  Suelo ir a misa los domingos aunque de incógnito. 





He cometido muchos errores que la vida me ha cobrado demasiado caro.  Como haberme enamorado de un hombre casado y además presidente de USA.  Tuve algunos abortos provocados al principio de mi carrera que afectaron mi matriz y quedé estéril. 

Me casé a los 16 en plena II guerra mundial. Mis tutores iban a cambiar de domicilio y no sabían qué hacer conmigo.  Ofrecieron mi mano a James que era mi vecino. A mi marido lo reclutaron en La marina para irse a la guerra. Me dejó trabajando en una fábrica donde un fotógrafo me invitó a posar para una revista.  Me negué pero insistió tanto que me convenció. Gracias a una portada conseguí un contrato de modelo.  Le cobré amor al oficio.

De niña mi madre me llevaba a los estudios de cine donde trabajaba. Ahí conocí a grandes luminarias del cine mundial.  Soñaba con ser tan aclamada como ellas.  Las veía bellas, seductoras, glamorosas.





Deseaba ser tan hermosa como Lupe Vélez, o tan misteriosa como Greta Garbo. Marlene Dietrich, me impresionó con esas piernas preciosas y un vozarrón de trueno.  A Mary Picford la conocí en plena decadencia y dicen que fue esposa de Rodolfo Valentino.

 A Greta, "la divina", la veía caminar en los pasillos tan despacito como una serpiente. Pocas veces sonreía y era tan gélida como un copo de nieve. Cómo me fascinaba ver a Gary Cooper ponerse la corbata frente a un espejo, ¡qué elegante y guapote se veía con esos ojos azules como burilados en el cielo!

Douglas Fairbanks, me saludaba diciendo: “!Hola pequeñita!”, y me regalaba dulces, globos y en mi cumpleaños una muñeca.  Me daba un beso y se iba de prisa a la filmación.  Iba a decirle a mamá que un señor me había besado.  Ella sonreía acariciándome el pelo.

A Mae West, la recuerdo siempre tan provocativa en las locaciones.  Tenía unos senos enormes y una sonrisa pícara.  Dicen que la encarcelaron por desnudarse en una obra de teatro.  Dolores del Río, era tan modosita como una princesa y me fascinaba su vestuario.  Todos ellos actores de primera.  Me emocionaba escuchar el grito del director--: ¡Luces, cámara, acción!




Todo eso pertenece al pasado y ya no me interesa. Debo aprender a vivir en el presente.  Si hubiera sabido lo que me esperaba jamás hubiera aceptado posar desnuda.  Sin saber que la gloria y el infierno me aguardaban. Una chica inexperta que se dejó envolver por los reflectores. 

Es demasiado tarde para arrepentirme.   Norma Jean es una chica sensible y de corazón tierno.  Amo la naturaleza y a los huérfanos.  Mis defectos y virtudes aquí se los voy a mostrar.



Admiro el conocimiento y el talento.  Me gusta leer a los clásicos: Flaubert, Neruda, Cervantes, Shakespeare.  La poesía me hace reflexionar.  El cine nunca me ha dado un papel verdaderamente valioso.  Para los productores sólo soy "la rubia tonta" , y mis fans son la única familia que tengo.

Tengo pocos amigos en este medio es difícil encontrarlos.  Un perro, un fotógrafo, y una amiga a quien le tengo mucho cariño.  En el cine hay demasiados intereses creados. Todos te miran con envidia o hipocresía.  Para los hombres soy un filete suculento que quisieran devorar.  Eso me hace sentir vulnerable.




Seguramente los estoy abrumando con mis aprehensiones y querrán adentrarse en mi vida como en una película del tiempo.  Espero un poquito de su comprensión al final.  Tal vez encuentren una explicación racional a las interrogantes de mi vida porque yo no la he encontrado”. 
    
Así terminaba la presentación. Hice una pausa y observé a Marilyn absorta leyendo mis poemas.  Tomé un vaso de agua y continué la lectura. Sus anécdotas y vivencias excitaban mi imaginación.  Eran experiencias dispersas de buena parte de su vida.  Como tantas mujeres célebres Marilyn tuvo necesidad de contar su vida. Tal vez presintiendo que moriría joven y que el público querría saber detalles.



Fragmentos de la novela, "El rostro oculto de Marilyn", próxima a publicarse.